LA CORRUPCIÓN en México sigue siendo uno de los desafíos más profundos del País, afectando su legitimidad institucional, la economía y el bienestar cotidiano de sus ciudadanos. Los datos y escándalos más recientes de este año, entre otros el suscitado en el Instituto Nacional Electoral donde se acusa a la ex consejera presidenta Guadalupe Taddei Zavala de presunta corrupción, conflicto de interés, colusión y triangulación de recursos públicos, reflejan un repunte en la percepción pública de ese problema. Las dinámicas de corrupción han mostrado un deterioro alarmante, de tal suerte que, el costo promedio de la corrupción –de acuerdo al Instituto Mexicano para la Competitividad-, alcanzó los 5 mil 432 pesos por persona afectada, lo que representa un incremento del 15 por ciento respecto a mediciones anteriores y el nivel más alto registrado en una década. INEGI reporta que las víctimas directas de la corrupción sumaron 6.9 millones de personas, con un costo total para la población de casi 25 mil millones de pesos, principalmente, mediante sobornos. En pocas palabras, cuatro de cada cinco mexicanos (84 por ciento) consideran que la corrupción es frecuente o muy frecuente en su estado, revirtiendo la tendencia a la baja que se había observado en años previos. Michoacán, Baja California y la Ciudad de México presentan los niveles de percepción más altos (89 por ciento), mientras que Querétaro registra el menor nivel (67 por ciento). Tan grave resulta el problema, que este mes, la máxima autoridad del Instituto Nacional Electoral dimitió el lunes tras revelarse un esquema irregular de contrataciones millonarias con proveedores de papelería electoral vinculados familiar o sentimentalmente a la funcionaria, lo que provocó una investigación formal por parte de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Pero el tema no para ahí: investigaciones han señalado tramas de desvío de recursos e irregularidades financieras en la infraestructura y compra de insumos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), agravando el problema del desabasto de medicamentos, además de la persistencia del contrabando de combustibles (siendo funcionarios los principales actores), denunciándose redes de tomas clandestinas y corrupción en licitaciones de infraestructura hidráulica inoperante.
PERO LA corrupción no es nueva. Diversas instancias de transparencia registran, al menos, nueve ex presidentes de México que eran pobres, según la historia, y terminaron millonarios, asegurando el futuro o porvenir de los suyos, en tanto se les considera héroes o próceres. Y es que, a lo largo de la historia del País, el poder político ha funcionado frecuentemente como un vehículo para la acumulación desmedida de riqueza, transformando a individuos de orígenes sumamente humildes en miembros de una élite millonaria. Aunque la narrativa popular suele enfocarse en los nueve presidentes más emblemáticos que pasaron de la pobreza a la opulencia, una investigación exhaustiva revela que al menos doce mandatarios encajan perfectamente en este perfil. Como fuera, desde pastores y obreros hasta huérfanos desamparados, esos personajes utilizaron la silla presidencial, el influyentismo y las concesiones estatales para forjar imperios económicos, traicionando en muchos casos los ideales de justicia social que juraron defender.
EL PRIMER sitio lo ocupa Benito Juárez García, nacido en San Pablo Guelatao, Oaxaca. Quedó huérfano a los tres años y trabajó como pastor de ovejas, hablando únicamente zapoteco hasta su adolescencia. Tras migrar a la ciudad, fue cobijado por un encuadernador y logró estudiar leyes. En su etapa adulta, escaló en la política hasta la presidencia. Aunque la historia oficial lo retrata austero, a su muerte dejó una herencia millonaria en propiedades y fincas que contrastaba radicalmente con su origen indígena, según registros del Archivo General de la Nación (AGN); "Juárez: el rostro de piedra" de Eduardo Antonio Parra. Otro fue su paisano y alumno, Porfirio Díaz Mori, originario de Oaxaca, y quien perdió a su padre a los tres años, lo que obligó a su madre a administrar un modesto mesón. Durante su juventud, trabajó como carpintero y zapatero para sostener a su familia. Al ingresar a la milicia y posteriormente tomar el poder, instauró una dictadura de más de tres décadas. Se rodeó de la élite económica, acumuló acciones en empresas ferroviarias y vivió en la opulencia hasta su exilio en París, donde mantuvo un estilo de vida aristocrático, esto de acuerdo a la Universidad Iberoamericana; "Porfirio Díaz: Su vida y su tiempo" de Carlos Tello Díaz. Otro es el usurpador José Victoriano Huerta Márquez, de ascendencia indígena, ya que nació en una familia marginada en Colotlán, Jalisco. Su infancia estuvo marcada por la carencia, logrando ingresar al Colegio Militar gracias a su habilidad para las matemáticas y el apoyo de un general. Como adulto, su carrera militar lo llevó a usurpar la presidencia que detentaba Francisco I Madero. Durante su breve y sangriento mandato, desvió fondos públicos y recibió sobornos de empresas petroleras extranjeras, amasando una fortuna que le permitió huir al extranjero con cuentas bancarias repletas, según el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM); "La Revolución Mexicana" de Alan Knight.
UNO MAS es Álvaro Obregón Salido, quien quedó huérfano de padre a temprana edad en Sonora, viéndose obligado a trabajar como mecánico, tornero y agricultor en condiciones precarias. Su astucia militar lo llevó a la presidencia tras la Revolución. Ya en el poder, monopolizó el comercio del garbanzo y utilizó prestanombres para adquirir vastas extensiones de tierra. Pasó de ser un ranchero endeudado a uno de los hombres más ricos de México, consolidando un imperio agroindustrial intocable. Fuentes: Fideicomiso Archivos Plutarco Elías Calles y Fernando Torreblanca (FAPECFT); "Álvaro Obregón: Fuego y cenizas de la Revolución" de Pedro Salmerón. Se paisano Plutarco Elías Calles fue hijo natural no reconocido por su padre, creció en la pobreza en Guaymas, Sonora. Trabajó como cantinero, maestro de escuela y administrador de un molino que terminó en quiebra. Al unirse a la Revolución y alcanzar la presidencia, se convirtió en el Jefe Máximo. Aprovechó su posición para adquirir haciendas, ingenios azucareros y empresas, transformándose en un magnate que controlaba la economía nacional desde las sombras de su mansión en Cuernavaca. Fuentes: Archivo FAPECFT; "Biografía del poder" de Enrique Krauze. También Miguel Alemán Valdés, cuyo padre murió en la Revolución, dejando a su familia en la ruina financiera. Tuvo que trabajar arduamente para costear sus estudios de derecho. Como el primer presidente civil de la era moderna, institucionalizó el capitalismo de cuates. Se hizo inmensamente rico otorgando contratos de infraestructura, desarrollando Acapulco y adquiriendo medios de comunicación. Terminó su vida como uno de los multimillonarios más prominentes a nivel global, de acuerdo al Archivo General de la Nación (AGN); "El empresario político" del Instituto de Investigaciones Históricas UNAM. De igual manera, Abelardo L. Rodríguez que nació en una familia de escasos recursos en Sonora y en su juventud emigró a Estados Unidos, donde trabajó como barrendero, beisbolista y ayudante de ferretería. Su incursión en la Revolución lo acercó al grupo sonorense. Como presidente interino y político, aprovechó la prohibición en EU. para abrir casinos, hoteles y bancos en la frontera. Al final de su vida, era considerado el hombre más rico de México, dueño de un conglomerado empresarial gigantesco. Fuentes: Centro de Estudios de Historia de México (CEHM); "Los millonarios de la Revolución" de Francisco Cruz, y finalmente, Luis Echeverría Álvarez que, aunque provenía de una familia de clase media baja, sus primeros años estuvieron marcados por la estrechez económica. Escaló en el sistema priista hasta llegar a la presidencia, donde promovió un discurso populista y de izquierda. Sin embargo, en la práctica, acumuló una fortuna colosal. Se convirtió en terrateniente, dueño de empresas inmobiliarias y desarrollos turísticos en Quintana Roo, dejando un legado de riqueza familiar incalculable, de acuerdo al Registro Público de la Propiedad; "La herencia" de Jorge Castañeda. En fin, el poder castiga a los pobres haciéndolos ricos, nomás ´pa que vean que se siente. OPINA carjesus30@hotmail.com
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