Antaño, durante los tiempos de la “dictadura perfecta” una visita presidencial al interior de la república levantaba expectativas porque se suponía que en su mensaje daría “color” acerca de quien era “el tapado” a algún cargo de elección popular, o llegaba a inaugurar una obra de gran calado, o en todo caso haría anuncios sobre una obra importante en proyecto. No eran frecuentes las visitas presidenciales a provincia, no como ahora en tiempos de la cuartat que las visitas presidenciales a algún lugar de provincia tienen periodicidad hebdomadaria. López Obrador comenzó con ese formato, lo hacía cada semana, ahora sabemos que no eran para nada que señalara progresos en la infraestructura social o física del país. aunque s servían para mantener viva su comunicación con sus adeptos. Es cierto que salía a revisar el avance de las obras del Tren Maya, de la refinería en Dos Bocas y del Tren del Istmo, tres obras que aún ahora requieren dinero público para seguir funcionando porque no reportan ganancia alguna. Entonces ¿para qué tanta gira?
Al igual que AMLO la presidenta Sheinbaum realiza giras temáticas, López Obrador visitó hospitales, refinerías y hasta seis vecesa Badiraguato. Ahora, la presidenta inició una gira para conocer directamente la realidad de los hospitales del país. Ella ha asegurado que existe un abasto de medicinas del 90 por ciento, seguramente eso le han informado, pero, ¿Qué ocurrirá si en sus visitas descubre que las quejas manifestadas por personal médico y administrativo del IMSS-Bienestar y ahora también del IMSS e ISSSTE resultan ciertas? ¿Despedirá al funcionario que le pasó información errónea? Pero, ¿no bastaría con que comisionara a personal de su absoluta confianza para comprobar el desabasto? Finalmente, una visita presidencial a vuelo de pájaro como suele calificarse a las visitas relámpagos, no cubre las exigencias de una genuina inspección y porque la información, en el caso de la presidenta, es posible obtenerla por decenas de conductos. Entonces ¿para qué las visitas? La respuesta a ese cuestionamiento puede venir de diferentes vertientes, cada cual con sus respectivas cargas de filias y de fobias, pero lo cierto es que una visita presidencial de ahora ya no levanta la expectativa de antaño. Aunque debe reconocerse que el pueblo bueno y sabio casi siempre se conforma con un saludo y hasta con una selfie. |
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