“Es un tren del pueblo de México”, dijo la presidenta Sheinbaum en la inauguración del Tren que comunicará Buenavista con el aeropuerto Felipe Ángeles. “… Construir infraestructura de primer orden, significa infraestructura innovadora, trenes, aeropuertos, operar aerolíneas, significa que el pueblo de México tenga acceso al agua potable…”. Estaba eufórica, llena de contento al ver concluida una obra iniciada a mediados del gobierno predecesor. Aunque está por verse si esta reluciente obra no resulta otra carga para el erario mexicano, porque hasta ahora ni el AIFA, ni Mexicana de Aviación, mucho menos el Tren Maya pueden subsistir sin el aliento presupuestal del gobierno federal. Es otra empresa a cuyo cargo estará “el pueblo de México”, como lo está Pemex, la única empresa petrolera en el mundo que funciona con números rojos y requiere del financiamiento gubernamental.
Nadie en su sano juicio apostaría porque este Tren al AIFA fracase en su objetivo de transportar rápido, seguro y eficientemente a miles de pasajeros, como está planeado, pero, semejante al cuento de la burra arisca, no hay muchos elementos para nutrirse de optimismo, menos aun cuando se anuncia que el administrador será el gobierno, porque el mal fario apunta hacia la ineficiencia, peor tantito si quienes operen son reclutados bajo la ecuación cuatroteista del 10 por ciento de conocimiento y 90 por ciento de lealtad. Sin embargo, el festejo es válido porque la costosa obra está diseñada para darle vida al AIFA y de paso servir como medio de transporte a miles de usuarios. Si se permite, un primer deseo consistiría en que tenga capacidad para generar los recursos necesarios para su funcionamiento y no haya necesidad para que en el próximo presupuesto del gobierno federal se destine una partida para que esta “infraestructura innovadora” siga operando. |
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