Que México llame la atención mundial debiera ser motivo de mucho orgullo para los mexicanos, nuestra historia, nuestra diversidad cultural, nuestros atractivos turísticos, nuestra gastronomía, nuestra ubicación geográfica, etc., son difíciles de encontrar conjuntados en algún otro país, México los tiene. Pero, lamentablemente, en la actualidad México atrae los reflectores por motivos nada gratos. En la Asamblea General de la ONU el presidente estadounidense Donald Trump nos ubicó como “el epicentro de la violencia de los cárteles”, y ahora la Conferencia del Episcopado Mexicano hizo entrega al Papa León XIV del libro “Un nombre, mil voces” cuyo dramático contenido consiste en la narrativa, fotografías y nombre de los miles de desaparecidos en México. ¿Quién intentaría negar o ignorar que las noticias más destacadas sobre nuestro país se refieren a la violencia, los homicidios, las masacres, las desapariciones, el feminicidio, la extorsión que día a día suceden en nuestro contexto social? Ha quedado atrás la festiva alusión presidencial que mostraba a México como el “país más democrático del mundo” porque elegía a sus jueces y magistrados, también la pretensión de hacer creer un México donde la gente es feliz, porque la realidad choca frontalmente con esa retórica.
Frente a esa lacerante realidad cabe preguntar: ¿hacia dónde va México? Porque la vida en una sociedad sana no es compatible cuando se convive con esas patologías sociales. Es tan grave lo que aqueja a la sociedad mexicana que ya hemos normalizado la corrupción y la impunidad adoptándolas como un mal necesario en nuestra convivencia cotidiana. La violencia va por similar camino, y peor aún, antaño era impensable una asociación de autoridades con la delincuencia, ahora es una realidad objetiva observar cómo los agentes de la violencia circulan con amplia libertad por los pasillos del poder confundidos con quienes juraron respetar la constitución y hacer cumplir las leyes. Ya es manifiesto el deterioro de nuestro tejido social, la percepción acerca de autoridades coludidas con la delincuencia genera en el ciudadano sensación de impotencia, de elevada vulnerabilidad e indefensión. Es en ese contexto que un sector bastante grueso de la población mexicana está pendiente de noticias procedentes del exterior que revelan las complicidades, y está a la espera de que nuestro gobierno actúe en consonancia en la lucha contra políticos vinculados con la delincuencia. El horizonte mexicano no parece ser muy halagüeño. |
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