En realidad, el doctor Ramos Alor no es culpable del grave deterioro del Sector Salud veracruzano, aunque es parte del problema, la patética circunstancia de ese sector deviene de abandonos ancestrales, de la demagogia y simulación de autoridades gubernamentales que se aprovechan de la enajenación y pasividad ciudadanas para mentir sobre supuestas acciones a favor de tan importante sector. Cuitláhuac abandonó al Sector Salud durante su aciaga administración, Ramos Alos solo le hizo segunda, y ahora en el actual gobierno repite la misma tonada, no puede hacer más, es la única que se sabe, y permanecerá en la representación del IMSS-Bienestar hasta que ya no puedan sostenerlo, en un vergonzoso privilegio de la amistad sobre el bienestar de la población. La ultima palabra la tiene el director general del IMSS-Bienestar después de haber recorrido algunos hospitales veracruzanos adscritos al órgano bajo su encargo. De su evaluación, y de algo más, dependerá la permanencia o salida de Ramos Alor de su actual encomienda.
Pero esta comprobado que los compromisos políticos están por encima de la transparencia en el servicio público y de la vocación de servicio, Ramos Alor es testimonio vivo, también Eric Domínguez, a quien el Congreso local votó para ser el nuevo titular del Orfis. En cualquier país de democracia madura el exalcalde de Papantla difícilmente se hubiera convertido en el fiscalizador de la Cuenta Pública veracruzana, habida cuenta de las observaciones formuladas por la Auditoría Superior de la Federación a la Cuenta Pública 2024 del ayuntamiento que presidió en Papantla. Irregularidades en la adjudicación de obras, falta de comprobación en adquisiciones, obras carreteras adjudicadas a empresas participantes con vínculos legales entre sí, deficiente manejo de rendimientos financieros, etc. Si López Obrador siguiera militando en la oposición, sin lugar a duda calificaría lo aquí descrito como la “mafia del poder”. |
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