El secretario de Estado estadunidense, Marco Rubio, declaró ante el senado de su país: “no permitiremos que un cártel se haga pasar por un gobierno en nuestro hemisferio”, y enfatizó que el combate a los cárteles de la droga “no es opcional”. Al tiempo de señalar que EU puede ser “el mejor amigo o el peor enemigo”. Para demostrar que no blofean, el secretario de seguridad de aquel país refiriéndose a México, dijo; “aún creen en su soberanía y debemos respetar eso”. Dichas admoniciones pudieran tener destinatario específico, sin embargo aquí cabe repetir: “el que tenga oídos para oír, que oiga”. Por lo pronto, el gobierno mexicano, la bancada legislativa de MORENA, ya aprobó su iniciativa de ley para insertar en el marco normativo la figura de “injerencia extranjera” en materia electoral, una nueva causal de anulación de elecciones, algo parecido a curarse en salud.
Es notable que en la ciudadanía mexicana crece como la marea la percepción acerca de los vínculos de ciertos mandos políticos con la delincuencia organizada, Desde allende el Bravo son frecuentes las filtraciones de información muy precisa sobre ese particular y sincronizadamente restan credibilidad al discurso oficialista cuando opone argumentos sobre el gastado recurso de la soberanía o exigiendo pruebas que están a la vista del concierto internacional. No conocemos el desenlace de esa trama, pero nada augura que los de allá están jugando porque es notable la configuración de un asunto de Estado. La coyuntura presidencial no es de lecho de rosas, colocada entre la presión estadunidense y los duros de su movimiento. ¿Se estará pensando en la conveniencia de los mexicanos? Porque en la balanza parece pesar más la lucha por permanecer en el poder. Así las cosas. |
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