El fenómeno político conocido como “Chapulineo” configura un tema interesante para quienes se aplican al análisis político porque en su dinámica abarca cuestiones relativas a las circunstancias, al pragmatismo político, a la conveniencia personal y al interés partidista. Habrá quienes demonizan a actores políticos que saltan de un partido a otro, y en caso extremo los califican de “traidores”, lo cual es producto de la pasión, ajena a una mejor y más apropiada categorización. Es por todos conocido que para regular su existencia y acción todo partido político está obligado por ley a diseñar un marco normativo con estatutos, plataforma de acción y declaración de principios, en esto último radica el posicionamiento ideológico de su marco de acción y el de sus afiliados, cuestión hipotética porque en realidad la mayoría lo ignora y porque en política las circunstancias imponen sus condiciones. Aunque debe reconocerse que un político genuinamente ideologizado difícilmente saltaría de un partido de “izquierda” a uno de la “derecha”, rara avis.
Sin embargo, son múltiples los casos de transfuguismo partidista en el contexto político mexicano, lo hemos observado desde hace décadas. Políticos que han saltado de un partido a otro, unos porque se perciben ajenos a las acciones de sus dirigencias partidistas, otros porque no se sienten escuchados o atendidos por sus cupulas partidistas, o más prosaico, porque no alcanzaron la candidatura que buscaban. En ese tamiz encontramos una extraordinaria legión de políticos trasplantados de un partido a otro en una emigración donde la ideología nada ha tenido que ver. De la rica cantera del Partido Revolucionario Institucional (PRI) salieron Cuauhtémoc Cardenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martímez, entre otros, para fundar el Partido de la Revolución Democrática (PRD), más tarde se incorporaron López Obrador, Monreal, y muchos priistas más. Del PRI han seguido emigrando políticos, ahora hacia MORENA y partidos adláteres, Murat, Eruviel Ávila, etc. En nuestra entidad, los casos más recientes son los de Miguel Ángel Yunes Linares quien hace años pasó del PRI al PAN y de este partido a MORENA. Héctor Yunes salió del PRI para fundar su partido Antipopulista, la lista es bastante larga. ¿Quién pudiera calificar de deleznable esa práctica cuando en política las circunstancias, las conveniencias y el pragmatismo son ingredientes infaltables en la practica política? En realidad, nada nuevo hay bajo el sol porque ese costumbrismo es añejo a través de los siglos. |
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