Con su discurso en el Zócalo capitalino la presidenta cerró su periplo por territorio nacional informando sobre los resultados de su gobierno empleando un discurso cuyo tema central fue su rechazo al injerencismo y la defensa de nuestra soberanía, la alusión hacia el gobierno estadounidense fue clara, excepto para quienes no quieran entenderlo. Así acontece porque Trump y buena parte de su gabinete, incluyendo a su embajador en México, insisten en que el gobierno mexicano debe desbaratar las redes de complicidad de políticos con vínculos con la delincuencia organizada que, aseguran, controlan buena parte del territorio nacional. La diferencia entre ambos discursos radica en su enfoque: la retórica de allá expresa la línea de un programa de gobierno para ser ejecutado, en cambio, la narrativa mexicana se limita a conseguir el aplauso del militante afín, lo que se asemeja obuses de calibre pesado prestos para ser disparados contra balas de salva.
Pero, mientras todo eso queda en la expectativa de lo que pudiera suceder, en este país la convivencia nacional, acaso con resignación permanece asediada por la violencia. “¿Cómo pueden haber normalizado la violencia en su país? fue la angustiada interrogante de la hermana de Claudia Tacoronte, la estudiante española asesinada en Morelos hace 15 días. La tragedia se actualizó este domingo con la muerte violenta de Christian Shamed, de 17 años, y Gael, también de 17 años, estudiantes de la Preparatoria Número 2 de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Seis estudiantes de esa institución han sido asesinados y uno permanece desaparecido durante el año en curso, por la presión internacional el caso de Claudia Tacoronte se resolvió en tres días capturando al asesino, de los otros casos nada se sabe. Lamentablemente, este tétrico escenario se repite en otras regiones del país, un México donde la vida ha perdido valor y ser asesinado es solo estadística porque nadie está exento de sufrir violencia extrema. Ante esta realidad el discurso oficial que habla de soberanía pierde sustento y contenido, poco o nada significa para quienes buscan a sus desaparecidos, sepultan a seres queridos o pagan extorsión. He allí el dilema. |
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