Con suma frecuencia escuchamos decir que “la Historia, cansada de crear se repite”, un aforismo bastante útil para identificar acontecimientos cuya semblanza los equipara, aunque con la esencial diferencia del tiempo, personajes y circunstancias. No es nuestro propósito ahondar sobre tan importante tema, pero dos acontecimientos nos sitúan en el caso, uno en el presente, el otro en tiempos del presidente Cárdenas. Rafael Marín Mollinedo es un personaje muy cercano al afecto personal y político del expresidente López Obrador, con quien ha desarrollado fructuosa trayectoria política y patrimonial, actualmente está bajo el escrutinio público por el tema del huachicol fiscal porque se desempeñó como director de Aduanas en el gobierno encabezado por AMLO. Con todo el respaldo de López Obrador Marín Mollinedo operaba para convertirse en candidato de MORENA al gobierno de Quintana Roo, el único escollo para alcanzar esa meta era muy significativo: no tenía la venia presidencial. Esa circunstancia fue muro infranqueable porque en las encuestas al estilo de MORENA no fue favorecido por la opinión ciudadana de aquella entidad. De esa manera su deseo se frustró, al no contar con el voto de quien ahora gobierna en México, cuyo dedito señaló a favor de otro precandidato. Con toda su experiencia a cuestas, el vecino de Palenque habrá entendido el mensaje, aunque no sabemos lo que le haya dicho a Marín Mollinedo para consolarlo.
Ese acontecido nos retrotrae a junio de 1935, cuando el presidente Cárdenas solicitó la renuncia a miembros de su gabinete integrado por no pocos de quienes tenían el sello de Calles, entre ellos el secretario de Gobernación, Juan de Dios Bojorquez. Para la fecha de referencia la relación entre el presidente Cardenas y Calles se estaba deteriorando en extremo. Juan de Dios Bojorquez, muy cercano a Calles, tenía amplia trayectoria política (había sido diputado constituyente en 1917), con ánimo revanchista incitó a Calles a oponerse reciamente a Cárdenas, pero el otrora Jefe Máximo, reconociendo la autoridad presidencial le expresó: “No, Juan de Dios, esto no tiene remedio, porque situaciones como la que tenemos, no se prenden con alfileres. Desgraciadamente el presidente Cardenas me ha me ha interpretado mal y como ya tomó él sus decisiones, no está en mis manos cambiar nada de lo que él ha dispuesto”. Después, el 10 de abril de 1936 sobrevino el exilio decretado para Calles, a quien hicieron compañía Morones, Luis L León y Melchor Ortega. Sobre esa decisión, el presidente Cárdenas declaró: “Los que pasan por la primera magistratura del país no deben aspirar a representar mayor autoridad política que el que tiene constitucionalmente la responsabilidad presidencial”. Más o menos, es algo parecido al “quien ya bailó, que se siente”. |
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