Decía en líneas anteriores la nueva derecha o ultraderecha que ahora se viene posicionando como alternativa política, en muchos lugares del mundo tiene ya el poder político, podemos decir que tiene dos antecedentes que apenas datan de hace diez años, por un lado en Reino Unido cuando impulsaron y ganaron el BREXIT, es decir salirse de la Unión Europea y la primer llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, ambos en 2016.
Comencemos por el principio, ¿de dónde proviene el término ese de "la derecha"? Nació en 1789 cuando se instaló la Asamblea Nacional Constituyente de Francia, cuando los partidarios del Rey Luis XVI, que defendían sin duda alguna a la monarquía y el orden tradicional viendo desde los que pedían la Asamblea se sentaban a su derecha.
De manera tradicional hasta antes de esto se identificaba en la teoría que la derecha tenía como características esenciales: la desigualdad como una forma "natural" de la sociedad, y dentro de esta lógica piensa que las jerarquías sociales que se dan, así como las diferencias en la posición social son obra del mérito personal o surgen de condiciones inherentes a la condición humana.
Sin duda, los antecedentes de la derecha son más antiguos, pero hemos querido señalar más particularmente lo que ahora se denomina "ultraderecha" y no aquellos movimientos o partidos conservadores que provienen desde el siglo XIX.
En Europa la nueva ultraderecha tiene como características principales su nativismo, acompañados de su profundo rechazo a la inmigración y en términos religiosos de manera marcada a la población migrante que practica la religión musulmana, haciendo con esto un rechazo a las sociedades multiculturales, son también contrarios al poder supranacional de la Unión Europea y reivindican el nacionalismo.
En América Latina, en los últimos años la ultraderecha viene desplazando a los tradicionales partidos conservadores o de derecha a secas que existieron desde el siglo XIX, y lo primero que les reprocha es su fracaso frente al populismo de izquierda.
En México, más allá de la derecha tradicional posrevolucionaria, donde el PAN ha sido sin duda el partido que más la ha representado y algunas organizaciones patronales como COPARMEX, también han existido organizaciones que aunque sin una presencia nacional han sido catalogadas como de ultraderecha como el llamado Yunque, que fue fundado en la década de los 50s en Puebla.
Ahora existe una búsqueda de amalgamar estos antecedentes de la ultraderecha mexicana con el conservadurismo de la derecha institucional y tradicional y aprovechar el contexto global para ver si pueden convertirse en una alternativa al régimen. Sin embargo, es claro que para la democracia ambas posturas no son una alternativa y que los derechos que acompañen a un régimen democrático se ven amenazados por ambos frentes.
¿Por qué la Presidenta se vio en la necesidad de incluir en la ceremonia del 15 de septiembre, "Viva la Democracia"? Me gusta la explicación que da el científico cognitivo, George Lakoff, en su clásico No pienses en un elefante: los políticos mienten cuando se saben débiles. Cuando reconocen que no pueden salir al balcón y gritar lo que verdaderamente quieren. Según la Encuesta Nacional de Cultura Cívica (ENCUCI) del Inegi, una abrumadora mayoría de ciudadanos y ciudadanas, 65.2% considera que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno.
Y hay una razón para ello: desde sexto de primaria en adelante, el artículo tercero constitucional con su definición generosa de la democracia como un "sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo", se encuentra cincelado en el imaginario mexicano casi con tanta intensidad como el Sufragio efectivo, no reelección.
Me refiero a la referencia moral, al marco mental, aunque en la práctica ese ciudadano que se sabe de memoria el artículo tercero, bote Por quién se presente como demócrata aunque no lo sea. Por tanto, hay que mentir y alabar la democracia aunque crea tanto en ella como Lenin en su famoso ¿Qué hacer? Cuando desarrolló la tesis del centralismo democrático, que de democrático tenía tanto como pelos en su calva.
En otro contexto hoy quiero detenerme en el INE una institución cuya principal tarea es organizar elecciones y garantizar certeza no puede darse el lujo de generar dudas entre los ciudadanos. La autonomía no se proclama; se demuestra con hechos. Y en las últimas semanas hemos visto decisiones de la mayoría de los consejeros y consejeras que, por lo menos, generan inquietud sobre su imparcialidad.
"Autoridades electorales deben ser árbitros, no censores" esto dijo Kenia López del INE.
Ya habíamos visto un primer episodio. El INE pretendió implementar una metodología para "monitorear" expresiones que podían incluir sarcasmo, ironía o formas indirectas de descalificación. ¿Quién determinaría que era sarcasmo signo? ¿Quién interpretaría la ironía? ¿Con qué criterios?
El riesgo era evidente dejar en manos de una interpretación subjetiva aquello que ciudadanos, periodistas o medios podían expresar. El Tribunal Electoral terminó echando abajo esa parte de la metodología.
El INE debe ser árbitro, no censor: debe garantizar condiciones equitativas, no convertirse en intérprete de nuestras expresiones.
Pero ahora parece un nuevo motivo de preocupación: las llamadas "boletas planchadas".
Lo que mal empieza, mal acaba. La frase popular pareciera advertir que la elección de 2027 será una de las más complicadas para el INE no solo por el contexto de violencia que envuelve a la política nacional, sino también porque las tareas fundamentales como árbitro del proceso comicial son severamente cuestionadas, así como sus atribuciones.
Se suma a estos problemas la aprobación de un acuerdo sobre las llamadas "boletas planchadas", es decir, validar aquellas que aparecen sin doblez alguno en las urnas durante los cómputos y de las reglas que abren la puerta para que los servidores de la nación puedan registrarse como observadores electorales.
El INE ya no es un árbitro ciudadano asegura Clara Jusidman, exdirectora general de Registro Nacional de Electores de 1996 a 1997 y una de las primeras personas que defendieron la ciudadanización del órgano electoral. El INE además, arranca dividido en este proceso electoral. A la vista se observa que los consejeros electorales Arturo Castillo y Martín Faz se oponen a avalar lo que el bloque mayoritario ha aprobado o permitido, como son las campañas anticipadas.
El horizonte para el INE es borrascoso y son muy altas las probabilidades de que las elecciones de 2027 terminarán severamente impugnadas por los partidos de oposición, pues lo que mal empieza mal acaba. Debemos ser ciudadanos libres, críticos, informados, porque una sociedad democrática no se fortalece cuando todos pensamos igual, sino cuando existen condiciones para disentir, cuestionar y hasta incomodar.
Para finalizar hay una idea que, a primera vista, parece difícil de discutir, cuánto más hace una universidad por la sociedad, mayor es su compromiso con ella. Bajo esa lógica, una institución verdaderamente responsable tendría que estar presente en cada problema, responder cada necesidad y ampliar constantemente sus ámbitos de actuación. Sin embargo, quizás convenga de tenernos ante esa conclusión. Servir más no necesariamente significa ser más cosas. A veces significa comprender mejor que podemos aportar y hacerlo bien.
Una universidad sirve formando personas capaces de comprender la realidad y actuar responsablemente en ella. Sirve investigando problemas cuya solución quizás no sea inmediata. Sirve reuniendo disculpas que normalmente trabajan separadas. Sirve abriendo espacios para la conversación y el pensamiento crítico. Incluso puede servir cuando incómoda. Porque servir no significa confirmar siempre aquello que el entorno quiere escuchar. Su autonomía no debería alejarnos de la sociedad: debería permitirnos servirla mejor. Esto exige también humanidad. Porque servir no es hacerlo de todo. |
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