Hasta ahora, nuestro paÃs ha sido inmune a la ola de derecha ultra que ha contagiado al resto del continente. Sin embargo, si las cosas siguen como van, yo no descartarÃa que, para los comicios de 2030, los mexicanos sucumbamos también, sobre todo si para ese entonces la Casa Blanca sigue en manos de algún heredero del movimiento MAGA. En México, al igual que en otras latitudes, un candidato de derecha radical encontrarÃa una ruta fácil a la presidencia explotando el hartazgo ciudadano con la crisis de violencia e inseguridad. Ese candidato no tendrÃa que inventar el hilo negro, le bastarÃa con recurrir a la promesa de mano dura que ya ha dado resultados en las urnas de paÃses como El Salvador, Colombia o Perú: una combinación rudimentaria de desdén por los derechos humanos y populismo penal.
Hay tres tipos de acciones que el gobierno de Claudia Sheinbaum podrÃa impulsar para vacunar a México contra este escenario: ya lo está aplicando: actuar con decisión para poner fin a la impunidad de la que gozaron por años las organizaciones criminales más importantes. Más allá de la estridencia de las declaraciones de Trump, se debe continuar con la colaboración y aprovechar siempre que sea posible la inteligencia que puedan aportar nuestros vecinos.
Para vacunar a México contra el populismo al estilo Bukele, el gobierno también tendrÃa que sacrificar a los peces gordos que han optado por colaborar con el crimen organizado desde un cargo de elección popular. Esta es la parte más dolorosa de la receta.
El último refuerzo de la vacuna, el más importante, en mi opinión, serÃa dar resultados contundentes en el combate al cobro de piso. La polÃtica de la presidenta y del secretario Omar GarcÃa Harfuch es una mejora innegable respecto a la negligencia cómplice del sexenio de AMLO.
Sin embargo, no deja de ser una apuesta gradualista. Consiste esencialmente en minar poco a poco las capacidades de los carteles más violentos por medio de operativos contra blancos estratégicos. Hasta ahora el resultado ha sido de apaciguamiento. Sin embargo, la mayorÃa de los mexicanos siguen sin sentir una mejorÃa palpable.
En México hacemos frente a varios fenómenos crÃticos. Por supuesto, el gobierno de Claudia Sheinbaum debe perseverar en las tareas de fortalecimiento institucional que son necesarias para construir la paz en el largo plazo. Concentrar recursos en combatir el cobro de cuota es la mejor apuesta para lograrlo. El cobro de cutra le paga millones de hogares y de empresas.
En otro contexto mientras la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) insiste en mantener una estrategia basada en bloqueos, plantones, chantajes y presión polÃtica. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) fijó una postura que marca una diferencia de fondo sobre el futuro de la educación pública en México.
En un pronunciamiento dirigido al Gobierno de la República, a los trabajadores de la educación y al pueblo de México, el SNTE rechazó de manera categórica "cualquier forma de radicalismo, violencia, provocación, chantaje o extorsión", al tiempo que reivindicó el diálogo como la única vÃa para resolver las diferencias entre el magisterio y las autoridades.
No se trata de una declaración menor. Durante años la CNTE ha convertido al chantaje en su principal espacio de negociación. Los costos de esa estrategia los pagaron millones de ciudadanos, miles de comerciantes y sobre todo los estudiantes que dejaron de recibir clases. El mensaje del SNTE apunta justamente en sentido contrario.
La organización encabezada por Alfonso Cepeda Salas sostiene que la defensa de los derechos laborales del magisterio puede realizarse sin afectar el derecho superior de niñas, niños y jóvenes a recibir educación.
La escuela, afirma el sindicato, sigue siendo el espacio donde verdaderamente se construye el futuro del paÃs.
Y tienen razón. Ninguna nación alcanza mayores niveles de desarrollo cerrando escuelas. Ninguna economÃa mejora cuando los alumnos permanecen semanas sin clases. Ningún proyecto de paÃs puede consolidarse si millones de estudiantes acumulan rezagos educativos provocados por conflictos polÃticos ajenos a las aulas.
México necesita maestros enseñando, no maestros bloqueando.
La verdadera transformación comienza frente al pizarrón, no en el chantaje. Se construye en cada salón de clases donde un niño aprende a leer, donde un adolescente descubre la ciencia o donde un joven encuentra herramientas para aspirar a una mejor calidad de vida.
Ahà nace la igualdad de oportunidades.
Esa visión coloca nuevamente a la educación como polÃtica de Estado y no como moneda de cambio en negociaciones polÃticas.
El contraste con la CNTE resulta inevitable. Mientras una organización reivindica el diálogo institucional, la otra continúa apostando por la confrontación.
Mientras una privilegia la construcción de acuerdos, la otra mantiene la lógica del conflicto permanente. No significa desconocer que existen demandas legÃtimas del magisterio. Las hay y deben atenderse. Salarios, prestaciones, condiciones laborales, infraestructura escolar y fortalecimiento del sistema educativo requieren soluciones de largo plazo.
Por ello resulta relevante que el sindicato magisterial más numeroso de América Latina haya decidido enviar un mensaje claro: la educación debe estar por encima de la confrontación.
En otro orden de ideas le comentó feliz, la chiquilina acudÃa a clases de ballet. Una princesita bien educada, debe bailar a la perfección. Ahà soñaba con la Blanca Nieves, La Bella Durmiente y otras colegas. Daba vueltas y sentÃa elevarse por encima de sus compañeras. Era sensacional y se creÃa la perfección misma. Hasta que la maestra la despertaba con un fuerte regaño. ¡Sigue los pasos! ¡No inventes, ese gran écarté no viene en la rutina!
La pobre ratoncita, se escondÃa en un rincón, nadie la volteaba a ver. Hasta que un dÃa, el dÃa más radiante de su vida, él la miró con atención. La ratoncita perdió la cordura y cayó rendida a sus pies. Él, el más poderoso ratón, no la tomaba muy en serio, pero la mantenÃa cercana. Necesitaba una incondicional y le cantaba, "tú, mi sombra has sido tú". Ella brincaba de emoción.
La princesita crecÃa y seguÃa soñando. Ahora, además de seguir paso a paso el baile, se probaba los vestidos más soberanos y pueblerinos. Pero, no habÃa remedio. Por más afanes, su cuerpo no los hacÃa lucir. La maestra le decÃa que por más que se preocupara en ese menester, lucir radiante era una tarea inútil e infructuosa.
La ratoncita espiaba a su jefe ratón. Se aprendió de memoria sus pegajosas frases y sus resabidos dichos. Manoteaba como él, caminaba como él, hasta en ocasiones, se sentÃa él. Los otros ratones la miraban con burla, la choteaban, la ridiculizaban. Su vida era un tormento. Sus pocos momentos de alegrÃa intensa, eran cuando él la aplaudÃa o la ponÃa como ejemplo de una secuaz confiable. Entonces, no podÃa ni dormir de tanta euforia.
Un dÃa, la llevaron de visita a un castillo. No podÃa creer tanto lujo, tanto derroche, tanto buen gusto. Entonces sus sueños ya tenÃan coreografÃa, escenografÃa y música celestial. SeguÃa con sus clases de ballet y con su indignada maestra, quien por más que hacÃa para correrla o para que mejorara, la princesa era muy necia y ahà seguÃa, con su cara de seriedad y su carácter resistente a cualquier atisbo de corrección.
Empujada por su mentor, la ratoncita ganó sitio de honor. QuerÃa haber alcanzado la felicidad y se disponÃa a atragantarse con ella. Pero, ¡oh! sorpresa. Del otro lado del canal habitual un súper poderoso gato vivaracho, coqueto, presumido, que al verla, decidió inventar un nuevo juego. La ratoncita no conocÃa las reglas, pero la sospechaba. Le habÃan narrado las crónicas del Imperio, cuando organizaban suntuosos bailes en el Alcázar del Castillo. La emperatriz, en brazos de su Maximiliano, inaugura la pista bailando cuadrillas. La princesa querÃa restablecer esa costumbre. Dos preguntas la atormentaban: una, ¿en vez de cuadrillas, bailarÃa reggaetón? Otra ¿serÃa delito usar ese monumento, Patrimonio Nacional, para cenar y bailar?
Mientras el gato se alisaba los bigotes, la ratoncita diseñó su estrategia. Lo tratarÃa con cortesÃa y amabilidad. El gato, ligeramente sorprendido, le gruñó y le siguió la broma. ¡Qué bonita te ves! dijo. Y la ratoncita, linda y gentil, le agradeció el cumplido. Un dÃa, la amenazó con comerse a sus amigos, despacito y fritos en aceite. De rodillas y con la voz más dulce y temblorosa de su repertorio le pidió que, por favor, no lo hiciera. El descendiente de tigre feroz, ronroneó y la arrinconó. En esos dÃas, le darÃa respuesta.
La ratoncita pidió consejo al jefe ratón. Al gato le dijo: Estimado y temible señor gato, eres el ser más bueno, justo y recto del planeta. Él tiró un manotazo y la vio con ira. Nunca habÃa querido ser bueno. Furioso, mandó a otros gatos a decirle que se tragarÃa a sus amigos, uno por uno. Ni caso les hizo y se dijo, él me aprecia. El gato reÃa. Decidió que se comerÃa sus amigos y luego, verÃa qué hacer con ella. Para colmo, ni MedellÃn pudo esfumar a Rocha, solo el primero. ¿Lo cambalacheará por la paz de YSQ? ¿Y si ni asÃ? |
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