Vencer la gravedad terrestre fue el tema esencial. Para salir del planeta, el hombre tuvo que inventar máquinas y combustibles, instalar centros de navegación, adiestrar legiones de nuevos especialistas y descubrir muchos datos de la relación de la tierra con el resto del espacio. Llegar a otros lugares fue tan solo una consecuencia del lanzamiento de la nave.
Sólo la madurez de la vida me convenció de que lo más importante no es a dónde llegar, sino de dónde salir como persona, como sociedad, como gobierno, cómo nación y como especie. Es una gran victoria salir de nuestra prisión gravitacional.
Desde luego, mi generación no alcanzó a llegar a nuestra imaginaria Luna. Pero nos aplicamos durante buena parte de nuestra vida y logramos salir de nuestra propia Tierra. Quizás nunca lleguemos a donde queremos llegar, pero lo verdaderamente importante es que habremos salido de donde estábamos.
En muchas partes del mundo se lograron vencer las fuerzas que nos retenían. Cayeron el Apartheid, el Muro de Berlín y la Muralla China.
Finalizó la guerra vietnamita. Avanzó la equidad de género. Y mil cosas más. En México, adquirimos más libertad y más democracia. Los gobiernos empezaron a alternarse. Y mil cosas más. Aún nos retienen la pobreza, la inseguridad, la corrupción, la desigualdad y mil cosas más. Por eso lamento que no hemos llegado, pero por eso me congratulo de que ya salimos.
Es cierto que el recuerdo que más me emociona es el del alunizaje del Águila. Pero el recuerdo que más me ilusiona es el de Saturno V. Ahora, con Artemis II, la aventura no sólo consiste en salir, sino también en llegar y, de paso, regresar. Queremos convertir a la Luna en una base de lanzamiento para una aventura sideral, hasta ahora infinita porque no se le ha puesto límite.
Pero también es cierto que las nuevas generaciones quieren salir. Ya no solo del mundo prohibitivo, sino del mundo pervertido. Queremos salir de la mala política. Porque sentimos que hemos salido de la dictadura, pero no hemos llegado a la democracia. Que hemos salido de la tiranía, pero no hemos llegado a la libertad. Que hemos salido de la crápula, pero no hemos llegado a la justicia.
Ya lo he dicho y lo repito. El mundo político no está bien. Quizá por eso, hoy, los jóvenes no quieren ser políticos. No tienen a quién admirar ni a quién imitar ni a quién respetar.
Pero casi ninguno quiere invertir el esfuerzo de toda su vida para ser diputado, senador, gobernador o presidente. Los jóvenes ya no quieren llegar a nuestro Congreso de la Unión ni al Capitolio de su país ni al Parlamento de su nación. No quieren combatir a los criminales ni remediar a los pobres ni sanear las pudriciones.
Hoy en día, Artemis II nos invita a soñar lo que en mis tiempos el Apolo II nos invitó a imaginar. Que hay que romper las fuerzas que nos retienen. Que hay que trazar las rutas que nos convienen. Y que hay que viajar hacia los destinos que nos remedien.
En otro orden de ideas hay escritores que construyen mundos con la arquitectura precisa de la razón. Julio Cortázar, en cambio, prefiere abrir grietas por donde se filtre lo imposible. Sus palabras, especialmente aquellas nacidas en la intimidad de los afectos, no se conforman con nombrar la realidad; busca, más bien, crear una zona de encuentro donde el lenguaje se vuelve insuficiente y, paradójicamente, indispensable. Lejos de concebir el mundo como un orden estático y predecible, lo entendió como una materia maleable, que podría ser agrietada por la mirada atenta, el lenguaje poético y la complicidad del elector.
Cuatro citas, extraídas de su universo narrativo y epístola, forman un recorrido circular que va del anhelo al encuentro, de la mirada al desborde, y del silencio al abrazo que todo lo dice. Juntas trazan una cartografía del alma cortazariana: un territorio donde amar es, ante todo, un acto de fe en la complicidad que trasciende las palabras. "Si me ves por alguno de tus pensamientos, abrázame que te extraño". Aquí Cortázar reconoce que el verdadero encuentro no siempre ocurre en el espacio físico, sino en esa dimensión interior donde los pensamientos son moradas compartidas. Una súplica que funciona como un puente entre la ausencia y la presencia.
La frase instaura un código secreto entre dos almas: la posibilidad de habitar los pensamientos del otro, de ser visto allí, en la intimidad de la memoria o la imaginación. Desde el inicio, el autor nos coloca en un plano donde la distancia no se mide en kilómetros, sino en la capacidad de seguir siendo habitante de la subjetividad ajena.
Cortázar propone que el verdadero conocimiento del mundo no nace de la búsqueda racional y metódica, sino de una disposición existencial abierta. Aquí, el azar no es ciego; es un "azar convergente" como el que permite que las líneas de un dibujo infantil formen una figura coherente cuando se las contempla con la disposición adecuada. Esta mirada es la que transforma la realidad opaca en una realidad permeable, lista para hacer "rehecha".
Hay una paradoja final: Cortázar no renuncia a las palabras. Las usa, las esculpe, las convierte en estas citas precisas para decir precisamente que las palabras no alcanzan. Ese es el gesto supremo del escritor: construir con lenguaje un monumento a los límites del lenguaje, hacer que la frase "las palabras nunca alcanzan" alcance, ella misma, a tocar el misterio. En un mundo que a menudo nos impone roles pasivos de consumidores. Cortázar no lega la rebeldía de ser juzgadores activos: caminantes que saben hacia dónde van, aunque no conozcan el destino, y lectores que, a leer, están en el acto mismo de la mirada, creando su propia realidad.
Pirro de Espino phone monarca que combatió a Roma en el siglo III a.n.e. en las batallas de Heraclea (280 a.n.e.) y Ásculo (279a.n.e.) derrotó a los romanos, pero con tantas bajas en su ejército que, según su cuenta declaró: "Otra Victoria como esta y volveré solo a Epiro". Actualmente, la expresión "victoria pírrica" se utiliza para designar un triunfo obtenido con tanto daño para el vencedor, que más bien equivale a una derrota.
En otro contexto yo creo que puede mejorar la política de todo el mundo, si miramos los retratos de otros, para que los conozcamos y los descifremos, o así vemos el espejo de nosotros, para que nos reconozcamos y nos aceptemos. Que los gobernados elijamos bien y que los elegidos gobiernen bien. Que todos lo hagamos con seriedad, con responsabilidad, con realidad, con sinceridad y con racionalidad.
Me entusiasma que Artemis II sea un éxito de la humanidad y no solo de Estados Unidos. Las criaturas de Prometeo son superiores a sus adversidades. Nunca dudaré de nuestro destino científico y de nuestro destino humanístico. Newton, Leibniz y Kepler nos llevaron a la Luna. Montesquieu, Madison y Hamilton nos llevaron al Estado moderno. ¡Ah caray! Son 300 años y nos siguen ayudando.
Se me dirá que soy un ingenuo. Pero la historia y la vida me han demostrado que hay tiempos en que la política ha sido generosa y se da a manos llenas, pero hay tiempos en los que esta caña y regatea. Veamos algunos retratos que nos pueden decir cómo son los otros. Entiendo que Cuba es una equivocación. Entiendo que Afganistán es un atraso. Entiendo que no entiendo lo que es Venezuela.
Cuba me parece una equivocación, pero no por el comunismo, al que no comparto ideológicamente, pero tampoco clasificó como un error. Creo que el comunismo chino ha sido acertado hasta ahora y que el comunismo soviético fue la mejor solución posrevolucionaria.
Pero creo que el proyecto cubano ha sido un yerro. Primero, porque fue tardío. Quiero a Cuba y me duele su tardanza histórica. Llegó tarde a la independencia. Llego tarde al comunismo. Y llegará tarde al neocapitalismo. Han culpado al embargo estadounidense. Pero tampoco comercian con Rusia ni con China ni con Alemania ni con Francia ni con México. No venden porque no producen. No compran porque no venden. Los europeos casi no se interesan en invertirles. Y los rusos creo que ya se cansaron de regalarles. En cambio, Afganistán no está equivocado, sino que está atrasado. Cuba se perdió en el camino. Afganistán se perdió en el tiempo. No porque el islamismo sea un atraso. Hay países islámicos avanzados que están insertos en la vida y en la comunidad europea, tal como Turquía. Pero el algano no es un atavismo teológico sino anacrónico.
Está atorado no por su creencia, si no por su videncia. Su visión del Estado y la humanidad está mil años por detrás de nuestra visión del mundo.
Por eso digo que hay comunismo en bruto y comunismo en fino. Que hay islamismo en fresco y hay islamismo en rancio. Que hay capitalismo, que hay liberalismo y que hay socialismo en bárbaro Y que los hay en civilizado.
Es cierto que no todo va bien, pero todo va mal. Por eso urge componer la política. Cuando ella va bien, todas nuestras crisis pueden tener solución. Solo falta que despertemos y que nos miremos. Y que nosotros no somos el cordero, sino que nosotros somos el tigre. |
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