Hay conceptos que no se deben olvidar, asà como se llegó a aprender en un salón de clases y se logró reafirmar en lo cotidiano, pues no podrÃan ahorrar más de una complicación y, en su caso, nos permitirÃan entender la relevancia de nuestras palabras y nuestros actos.
Ya desde hace varios siglos, cuando Aristóteles comenzaba a trazar mucho de lo que hoy consideramos básico en la conformación de nuestro pensamiento en un texto dedicado a su hijo, se consideraba a la prudencia como una de las virtudes más elementales para el ser humano. Tal vez llegarÃa a ser recomendable la Ética a Nicómaco como un texto que bien podrÃan leer (aunque sea como capsulitas) quienes forman parte del Poder Legislativo cuando no desean poner atención en las disertaciones de las sesiones claro, bajo el supuesto de que asistan a su compromiso laboral, en lugar de conversar o ver con acucio determinado sus dispositivos electrónicos (vaya paradoja, pues mientras se pondera la prohibición de los teléfonos inteligentes en el nivel básico, en las cámaras es uno de los mejores recursos para no escuchar a sus semejantes).
Ahora que se ha puesto en la mesa del debate acerca de los resultados de la prueba PISA aunque este tema sà que es relevante, por supuesto, en la que se expresan los malos resultados en el rubro de la comprensión lectora entre las y los jóvenes de nuestro paÃs, te habrÃa preguntarse cuáles serÃan los resultados si esos mismos reactivos se aplicarán a los adultos que no hemos dejado de señalar las deficiencias de las y los adolescentes; supongo que los resultados no serÃan nada alentadores porque, si ese segmento de la población tuviera una clara conciencia de la importancia que reviste el conocimiento matemático o el acto de leer en todo el proceso educativo, tal vez los resultados hoy serÃan distintos. Y no solo en el ámbito pedagógico, inclusive en lo que se refiere a la exigencia de los derechos, el cumplimiento de las obligaciones como ciudadanos y, por supuesto, de la legalidad y la democracia misma.
No faltará quién plantee que este tipo de conclusiones son tan simplistas en efecto, tan ligeras como los vientos de un huracán, al compararse con otro tipo de problemáticas que determinan nuestro presente; sin embargo no olvidemos ni perdamos de vista que la educación, en todos sus rostros, se ha considerado como el cimiento de toda civilización a lo largo de la historia. Ya cada uno y una de nosotros argumentará sus posturas con respecto a este tema. Lo que no deja de ser una suerte de alerta es que nos encontramos, por enésima ocasión, en un callejón en el que necesitamos buscar las cuarteaduras de una pared para hallar la posible salida. Claro; porque quienes han levantado el muro han sido, a lo largo de las últimas décadas, los que no dejan de observar al sector educativo como una poderosa ficha en el tablero de sus pretensiones polÃticas, de sus corruptelas e influyentismo, de su fanatismo y su paraÃso electoral.
Y, sin embargo, la libertad de expresión se vuelve a sostener con hilos muy delgados cuando se comprenden temas que incomodan al poder en turno. Quizás serÃa bueno leer detenidamente lo que ha implicado ganar este derecho a lo largo de los años en nuestro paÃs y la paradoja, que también es un retrato de nuestra sociedad.
SÃ, hay mucho trabajo por delante para consolidar el pensamiento crÃtico.
En otro orden de ideas el enojo que permea al mundo no comenzó ayer. Empezó a emerger hace unas tres o cuatro décadas, cuando los efectos de la globalización le dieron forma. La riqueza y el poder se concentraron y la información y el saber se distribuyeron, es decir una desigualdad más ancha y más visible hizo que las masas se indignaran ante los excesos de las élites. Reducir ese problema a la manifestación de un defecto humano, la evidencia, es ignorar la realidad social.
Mientras una mayorÃa no puede satisfacer sus necesidades básicas y una minorÃa incinere cantidades descomunales de dinero en la hoguera de las vanidades habrá razones para la indignación.
Nadie puede negar que los representantes polÃticos y el gran capital sean ayuntados y que las masas se han quedado sin representación. De ese amasiato nació la crisis de la democracia representativa, que no es otra cosa que el abandono de los desposeÃdos. Y no se trata solo de sociedades irritadas por injusticias económicas.
Cambiando de tema y de tono hay muchos para quienes la libertad y la soberanÃa son tan solo una fiesta y un discurso. ¡Pobrecitos! Es una manera de ser. Veo la actualidad, leo las noticias, oigo discursos, sopeso la realidad, imagino el futuro, adivino el destino y no puedo hacer otra cosa que preocuparme, asustarme, enojarme, desanimarme o desesperarme.
Pero también somos muchos para los que la libertad y la soberanÃa son una conquista y una misión. ¡Afortunados! Es otra manera de ser. Por eso, cuando repaso nuestra historia no puedo más que enorgullecerme y felicitarme por pertenecer a este pueblo casi siempre victorioso.
Porque no olvidemos que la victoria ha sido una constante casi siempre presente en los 200 años mexicanos. Es cierto que sufrimos una sola derrota, que nos costó la mitad del territorio. Pero hay muchas victorias que pueden alentar nuestro espÃritu y sedar nuestro dolor.
Yo, casi a diario, me veo sometido a ese ejercicio de recuerdos.
Y es que, me duele la invasión extranjera, la secesión de Texas y la pérdida de California. Pero, como dijo Vicky Baum, "si tienes alteza, perdona y, si no la tienes, olvida".
En ese instante se va el dolor y mi mano se convierte en puño, se separa del pecho y se sacude con energÃa en actitud de triunfo.
Si, porque hicimos la Reforma y vencimos. Nos gobernaba un bufón y lo vencimos. Los derrotados pidieron ayuda extranjera y provocaron una intervención. Pero la vencimos. Nos trajeron un monigote real, pero también lo vencimos. Después hubo que restaurar a la República y reunir a unos mexicanos con los otros. ParecÃa imposible, pero vencimos. El paÃs se reunificó, los conservadores fueron desplegados y los extranjeros quedaron advertidos.
Somos vencedores. Asà lo pienso en los tiempos que prosiguen en mi recorrido por la vida y viene a mà memoria que hicimos la Independencia con Hidalgo, con Morelos, con Allende, con Guerrero y con muchos más. Redactamos Apatzingán. Nos federalizamos en el 24. Proclamamos Ayutla. Excluimos a Santa Anna. Hicimos la Reforma. Expedimos la Carta Liberal del 57. Sufrimos la guerra de Tres Años. Vivimos la epopeya de Juárez.
Más tarde, repelimos la intervención. Cancelamos a Maximiliano. Restauramos la República. Repudiamos al tuxtepecazo. Abominamos de la dictadura seguimos a madero. Nos fuimos a la Revolución. Rescatamos el liberalismo. Proclamamos Guadalupe. Remitimos a Huerta. Y promulgamos la Carta Revolucionaria de 1917.
Después de tantas victorias, hoy me reanima la historia. Pero hoy también volvemos a escuchar tambores de guerra. Tengo la impresión de que otra vez nos volveremos a jugar México. Pero ¿el futuro estarÃa tan lleno de Victoria y de Gloria como lo ha estado la historia? Hoy me inquieta si México será de los que se aliarán con la valentÃa, con la lealtad, con la lucidez y con la alteza o de aquellos que se acompadrarán con la raterÃa, con el atropello, con la bufonerÃa y con la traición.
Las seguridades de mi confianza hacen que mi puño se convierta en mano, pero las vacilaciones de mi desconfianza hacen que mi mano se convierta en garra.
Y es que México es como mi piel. Todo lo que le pasa a México me duele a mÃ. Pero creo en un destino infalible para los mexicanos y confÃo en que, desde siempre y para siempre, en las dos acepciones, que ¡Viva México!
Y para terminar el papa León XIV va a Francia, donde 75% de la población se dice católica, pero parroquias van a la baja. El recorrido abarcará ParÃs, Londres y Metz. El papa agustino llegará el 25 de septiembre a ParÃs, su quinto viaje internacional en año y medio de pontificado. Serán 15 discursos, de los cuales el pontÃfice pronunciará trece en francés, haciendo honor a su origen galo, y solo dos en inglés.
Matteo Bruni, portavoz de la Sala de Prensa del Vaticano, fue el encargado de trazar el mapa de lo que viene.
El viernes 25, Prevost será el primer papa en entrar en la restaurada catedral de Notre Dame. |
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