El papa León XVI pidió una regulación sólida de la inteligencia artificial y que sus desarrolladores trabajen por el bien común en lugar de por el lucro, en un amplio manifiesto sobre cómo salvaguardar a la humanidad mientras la tecnologÃa impacta en todo, desde el trabajo hasta la guerra.
"Magnifica Humanitas" (Humanidad Magnifica), la primera encÃclica de León, habÃa sido esperada con entusiasmo desde que el primer papa nacido en Estados Unidos anunció, dÃas después de su elección, que consideraba que la IA era el mayor desafÃo que enfrenta hoy la humanidad.
En el texto, León denunció la "cultura del poder" que impulsa la carrera por la IA, especialmente en el desarrollo de métodos cada vez más sofisticados de guerra a distancia. Declaró que "no es permisible" confiar decisiones irreversibles y letales a sistemas de IA, lo que cubre otro punto de fricción entre el papa estadounidense y el gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha trabajado de manera agresiva para desregular el desarrollo de la IA.
"Hay que desarmar la IA para apartarla de lógicas que la convierten en un instrumento de dominación, exclusión y muerte" dijo el papa en el Vaticano durante una presentación especial de la encÃclica, uno de los documentos doctrinales de mayor rango que puede emitir un papa.
Expertos de la industria tecnológica, del ámbito académico y de la moral católica señalaron que el documento probablemente se convertirá en un referente en el debate sobre la IA, un punto de referencia tanto para responsables de polÃticas públicas como para investigadores y ciudadanos.
"Esto se presenta a que las personas que están a la vanguardia de estas herramientas y pueden ver las cosas increÃbles que son capaces de hacer se planteen preguntas sobre su propio ¿qué significa ser humano?" Comentó Taylor Black, ejecutivo de IA en Microsoft y director del instituto de IA de la Catholic University of America. El acto en el Vaticano también induyó declaraciones del cofundador de Anthropic.
Y, sin embargo, en su texto, León arremetió repetidamente contra la concentración de poder y datos en manos de tan pocas personas en el sector privado como un peligro especialmente para los niños y los más vulnerables, y pidió una regulación externa de su trabajo.
"No basta invocar genéricamente la ética; se necesitan marcos jurÃdicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una polÃtica que no renuncia a su tarea. No servirÃa De nada una IA más moral, si está moral es decidida por unos pocos". Los incitó a seguir pautas éticas y espirituales para tomar la decisión de trabajar no por su propio lucro o poder, sino por el mejoramiento de la humanidad.
"Necesitamos que más del mundo, comunidades religiosas, sociedad civil, académicos, gobiernos, hagan lo que Su Santidad ha hecho aquÃ, tomarse esto en serio, mirar de cerca y empujar los acontecimientos en una mejor dirección".
"Necesitamos crÃticos informados que les digan a los laboratorios cuando estamos fallando. Necesitamos voces Morales que los incentivos no puedan doblegar".
En un texto metódico, el papa, licenciado en matemáticas, trazó la historia de la doctrina social de la Iglesia católica y aplicó sus conceptos centrales, justicia, solidaridad, la dignidad del trabajo y el destino universal de los recursos a la revolución digital.
En otro orden de ideas en la realpolitik tan solo existen dos partidos: el de los sensatos y el de los insensatos. Su alternancia ha sido muy pareja. Si no me lo cree, le ruego que revise la historia de los recientes 2000 años. Tan solo la Edad Media fueron 800 años de insensatez. Aún hoy, después de 500 años del Renacimiento, la mitad de los 200 paÃses del planeta tienen gobiernos insensatos.
En México llevamos 25 años en que los problemas de la nación han pasado de lo público a lo espectacular, de allà a lo estridente y de allà a lo escandaloso. Uno de esos sÃntomas es la sobrepenalización de los temas de la vida nacional.
Una amenidad peligrosa, con riesgos inalcanzables de convertir a la nación en una reja de prácticas y al debate nacional en un careo colectivo.
Con el código penal han sustituido al código polÃtico, al código ideológico y al código moral.
Por eso, lo que no resuelven los polÃticos quieren que lo resuelvan los policÃas. Lo que no ha resuelto la eficacia policial se quiere resolver con el discurso polÃtico.
Se sigue confirmando que no hay seriedad sistémica en nuestra polÃtica. No tenemos una democracia seria y ni siquiera una dictadura serÃa.
Eso no estarÃa grave si nuestros problemas fueran de guasa, pero resulta que nuestros problemas sà son muy serios. Nuestros niveles de corrupción, de impunidad, de ineficiencia, de indiferencia y de impotencia hablan por sà mismos.
Son los polÃticos de poca seriedad los que destruyen instituciones, los que atrofian sistemas y los que postergan generaciones. Los que ceden espacios y recuperables a la pobreza, a la inseguridad, a la justicia, al desempleo, a la enfermedad, a la mala educación, al bajo crecimiento, a la improductividad, a la desesperación y a la desesperanza.
En la polÃtica real hay juguetes prohibidos, hay juegos indebidos y hay jugadores impedidos. No se juega con la Constitución, como lo hizo Huerta. No se juega con el Ejército como lo hizo DÃaz Ordaz. No se juega con el Banco de México, como lo hizo EcheverrÃa. No se juega con las elecciones, como lo hizo Porfirio. No se juega con la salud, con la educación, con la justicia, con la seguridad, con el erario, ni con las libertades. Ah y se me olvidaba, no se juega con Estados Unidos, como lo hizo Santa Ana.
La historia es buena muestra para aquellos que gustan de escuchar consejos. Nuestras enfermedades públicas y polÃticas son metástasis sistémicas. No son de las que se pueden curar solas, sin necesidad de médicos ni de polÃticos.
En otro contexto el Rochagate y otros incidentes provocaron palabras de confusión y confusión de palabras.
El primero se refiere a la traición a la patria, delito muy difÃcil de cometer y de probar. La ley establece más de 30 hipótesis vinculadas a conceptos no definidos por el código, entre otros, soberanÃa o perjuicio. Por si fuera poco, a la conducta delictiva le exige una finalidad, casi siempre vinculada a otra potencia. Es un delito que no se ha visto en 150 años mexicanos. No conozco ni abogado ni fiscal ni defensor ni juez ni maestro que hayamos visto alguno.
En especial, porque es un delito de vecinos muy simétricos y rivales. Pero México tiene vecindades asimétricas. Guatemala, que no se atrevÃa a invadirnos y Estados Unidos, que no se interesarÃa en hacerlo. Quién se interesen en estos delitos puede consultar a Franz von Liszt, a Francesco Carrara y, sobre todo, a los artÃculos 14 constitucional y 123 del Código Penal Federal.
El segundo se refiere a la desaparición de poderes de los estados. En el sistema federalista puro eso es imposible. Fue utilizada en el priismo primario, aunque desechada por el priismo refinado. Es para ayudar a los Estados, no para perjudicarlos.
Se utiliza cuando un Estado ha quedado sin gobernador y sin Congreso para sustituirlo. En ese caso, el Senado de la República le presta la facultad de designar un gobernador sustituto que convoque la elección de Congreso y de gobernador. Tan solo eso y nada más. No para desplazarlo cuando se le antoje, sino para reemplazarlo cuando se requiera. Quien se interese en estos lÃmites federales puede consultar a Alexander Hamilton, a James Madison y, sobre todo, al artÃculo 76 constitucional.
El tercero se refiere al constante requerimiento de presentación de pruebas. La defensa del acusado jamás debe pedir pruebas que no se presentaron. No vaya a ser que se las presenten. Si alguien quiere conocer sobre pruebas procesales, consulte a Francesco Camelutti, a Piero Calamandrei, Devis EchandÃa y, sobre todo, al artÃculo 20 constitucional.
El cuarto tema se refiere al desafuero constitucional. Varios constitucionalistas piensan que, en la extradición, no se requiere desafuero. Aclaró que la otra mitad de los constitucionalistas creen lo contrario.
Mis argumentos tienen que ver con que, en un proceso no penal no se requiere de desaforar. Y la extradición no es un proceso penal, sino un procedimiento preparatorio no penal. Quienes interesen en estos sistemas les sugiero que lean a Antonio MartÃnez Báez, a Ulises Schmil, a Sergio GarcÃa RamÃrez y, sobre todo, al artÃculo 112 constitucional.
En fin, yo no tengo dudas. Hay vientos huracanados, pero la veleta no tiene flecha. Por eso, no todos saben si vienen del norte o del sur, de adentro o de afuera, de arriba o de abajo. La veleta sin flecha es como la diligencia de Quiroga o como la carabina de Ambrosio, decÃan las abuelas. Pero, Como dijo Mateo, el que pueda entender que entienda. Y el que no pueda entender, allá él. |
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