El Régimen presidencialista mexicano permite un elevado protagonismo del presidente de la república, alrededor de esa figura y por sus directrices gira la polÃtica gubernamental, históricamente es un hecho confirmado. Excepto cuando Pascual Ortiz Rubio desempeñó ese cargo de 1930 a 1932, aunque su periodo concluÃa en 1934, pero decidió renunciar para no seguir soportando el desagradable peso de ser considerado un tÃtere a las órdenes de Plutarco ElÃas Calles- Buena parte de los integrantes del gabinete de Ortiz Rubio fueron recomendados por Calles, el poder tras del trono, se decÃa. Pero a partir de Lázaro Cárdenas los presidentes de México fueron la fuente de todo poder polÃtico gubernamental. Andrés Manuel López Obrador fue un presidente de fuerte control polÃtico, no se movÃa nada sin su consentimiento. DÃaz Ordaz rechazó renuncias de sus colaboradores porque, aún deseandolas, se adelantaban a su voluntad. Salinas de Gortari centralizó toda decisión polÃtica de trascendencia; Ernesto Zedillo se permitió diseñar el camino para la transición presidencial en este paÃs. Por ese bagaje histórico, ahora que en la presidencia se encuentra una mujer, Claudia Sheinbaum, a quien su antecesor la rodeó de colaboradores ad hoc a su proyecto, la incógnita que flota en el ambiente polÃtico radica en cómo hará para comenzar a tirar el pesado lastre que se le heredó y cuándo iniciará ese episodio. Obviamente, en el supuesto de que asà lo quiera ella, o en mengua de su figura histórica prefiera proseguir la actitud hasta ahora demostrada.
No ha sido fácil para la presidenta este su primer año de gobierno, el México que heredó de su antecesor está pleno de graves problemas: una economÃa sin crecimiento, violencia en gran parte del territorio nacional, una gran beligerancia de la delincuencia organizada, presupuesto deficitario, una presidencia con débil control sobre el Legislativo y en su partido no configuran un bonancible escenario. Junto a las presiones ejercidas por el gobierno estadounidense, vendrán también las partidistas, porque en 2027 será la elección intermedia estando en juego 17 gubernaturas y 500 diputaciones ¿a quién le corresponderá decidir las candidaturas de MORENA? La tradición y la lógica polÃtica atribuirán esa canonjÃa a la presidenta Sheinbaum, pero ¿el poder fáctico no tendrá injerencia ni entrará en competencia? Pero, ¿acaso conocemos los compromisos acordados entre quien siendo presidente decidió la candidatura presidencial de MORENA y quién fue la candidata? SerÃa descabellado aunque no imposible que el acuerdo consistiera en dejar los asuntos del partido a López Obrador, porque la praxis polÃtica enseña que el poder no se comparte, simplemente se ejerce. Para qué adelantar vÃsperas cuando el mañana se acerca cada vez más. |
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