No se miden. Cuando se trata de contar cuentos nadie como Juan Javier Gómez Cazarín y su igual, Esteban Ramírez Zepeta, “el señor de los escorts”. Resulta que los señores centavearon a sus aduladores profesionales para que relataran las calenturas políticas que les pasan por la cabeza. Estos propagandistas aseguran que quienes quedaron bien con la presidenta Sheinbaum fueron Cazarín y Zepeta, que Nahle nada tuvo que ver. Dicen estos abyectos voceros que gracias al control político que tienen lograron llenar el estadio Beto Ávila. Y es que estos dos funcionarios menores gritan a los cuatro vientos que fueron ellos quienes movilizaron a más de 48 mil personas y que por sí solos llenaron el estadio de béisbol. Eso no es sólo una falta de respeto sino una clara muestra de indisciplina, soberbia; una muestra de lo poco que les representa la figura de la jefa del estado veracruzano. Vale mencionar que durante el evento no se escuchó en los discursos oficiales alguna mención para Zepeta o para Cazarín, mucho menos había lugar para ellos en el presídium. Su lugar era abajo, tras bambalinas, junto con la perrada. Sin embargo ellos pregonan que la presidenta ya los quiere para compadres. Si estos sujetos fueran disciplinados, leales y estuvieran a otro nivel político le habrían dado todo el crédito del evento a la gobernadora Rocío Nahle, pero en cambio decidieron pagar notas, columnas y publicaciones para jactarse como los grandes operadores en Veracruz, relegando a la verdadera jefa política de la entidad y de su partido. Claro, estamos hablando de dos escorias, no podía esperarse menos de ellos; ya en otras ocasiones han exhibido que no están alineados con Rocío Nahle, que ellos tienen sus propios intereses; sus chichifos que colocar en las candidaturas. Así deberían ser buenos para poner el pecho cuando se le van encima a la gobernadora, pero ellos prefieren dejar que la gobernadora haga frente sola a los ataques en su contra. ¿Cómo se logró llenar el estadio Beto Ávila? No fue gracias a estos tipejos, que ya tienen los días contados en sus cargos.
Dice Ramos Alor, “soy tan perfecto que me tienen envidia”. Asegura que su torpeza e ineptitud no son un crimen. ¿No?
Desafortunadamente la ineptitud, la ineficacia y la torpeza no se consideran, por sí solas, un delito. El derecho penal no castiga el error, la mediocridad ni la falta de talento, como es el caso de Roberto Ramos Alor. La ley castiga una conducta que infringe de forma grave un deber de cuidado y produce un resultado lesivo que era previsible y evitable. Sin embargo, la omisión del deber de socorro es un delito que ocurre cuando una persona no ayuda a alguien que está en peligro grave y desamparado, a pesar de poder hacerlo sin ponerse en riesgo. Sin embargo, debemos tomar en cuenta que el título o el cargo crean una presunción de competencia. Cuando esa presunción se desmiente de forma crasa, como en el caso de Ramos Alor, la jurisprudencia habla de impericia profesional o de culpa profesional agravada. No se trata de que el profesional “no sea brillante”, sino de que su actuación se vuelve incompatible con el ejercicio de esa función y es extremadamente peligrosa. Esto lo anotamos por los dichos de Roberto Ramos Alor, quien dice que él no ha cometido ningún delito. En sus redes sociales Ramos Alor anota: “Como siempre, querida familia, tengan mucho cuidado con las notas falsas y los montajes llenos de odio, envidia y mediocridad de los personajes de siempre. Estoy muy tranquilo porque me he preparado académicamente y he trabajado con honestidad; no he cometido ningún delito”. Para colmo, Ramos Alor dice que quienes lo critican por su mal actuar, ese actuar que lo ha obligado a pedir disculpas, es por envidia. Sí, claro, Ramos Alor es tan perfecto que todo mundo debería tenerle envidia.
Armando Ortiz Twitter: @aortiz52 @lbajopalabra
|
|