Nunca he ocultado mi preferencia por algunos poetas y mi rechazo a otros. La poesía, según definición propia, es el mensaje de una voz que posee brazos largos, brazos que te alcanzan aunque te escondas, que te agarran descuidado y te tocan la espina dorsal con sus dedos tibios que te producen un grande escalofrío. Así es la poesía de Silvia Tomasa Rivera, poesía del mar en una playa que no contemplo, pero que cuando la leo, me moja los pies con sus palabras. Mi preferencia por la poesía de Silvia Tomasa Rivera, debo confesarlo, es demasiado parcial. La quiero y me quiere. Cuando estamos juntos me lee poemas de mar, de montaña, de desesperación y esperanza; se interrumpe y habla de mi madre, de su madre, de sus pasiones, de sus gozos y de sus dolores, pero ni en esas pláticas deja de hacer poesía. Con Silvia Tomasa Rivera se cumplen una vez más las palabras de Jesús, “nadie es profeta en su tierra”. Mientras en Veracruz se afanan en ignorarla, en otros estados de la República se pelean la publicación de sus libros, las conferencias sobre su obra o los reconocimientos a su trayectoria. Silvia Tomasa Rivera, nacida en El Higo, Veracruz, ha merecido el Premio Bellas Artes de Literatura Inés Arredondo 2026, “uno de los reconocimientos más significativos de México. Otorgado por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, el Instituto Sinaloense de Cultura y la Universidad Autónoma de Sinaloa, este galardón honra la memoria y el legado de la destacada narradora Inés Arredondo, figura esencial de la literatura mexicana del siglo XX”. Sobre este reconocimiento Silvia Tomasa declara: “Es un reconocimiento muy importante para mí, un agradecimiento para los lectores que me han seguido a lo largo de mi carrera. Es un gran honor que comparto con las mujeres de México que han dedicado su vida a las letras”. Enhorabuena para nuestra poeta veracruzana, para la amiga, para la mujer que ha dedicado su vida a las letras y que hoy día cosecha el fruto de la semilla que ha sembrado.
La Secretaría de Finanzas no descubrió nada sobre el saqueo de la UPAV, simplemente se decidió a actuar ante lo que desde hace años estuvimos denunciando
Desde hace años uno de los temas más investigados por los redactores de Libertad bajo Palabra era la Universidad Popular Autónoma de Veracruz. Fuimos de los primeros medios de comunicación que estuvimos encima del fraude que se estaba llevando a cabo en esta institución. En el mes de noviembre de 2025 publicamos la siguiente información: “¿Quién es el representante legal de la la Fundación para la Educación, Salud y Recuperación del Medio Ambiente EDAL A.C.? Su nombre es Juan Carlos Montero y quienes lo pusieron en ese cargo con el propósito de manipularlo fueron Claudia Tello, secretaria de Educación, Elías Calixto Armas, sentimentalmente muy cercano a Tello y Martín Rivera asesor de la secretaria de Educación”. Si desde esos días nos hubieran hecho caso, ya hubieran aprehendido a Juan Carlos Montero, Martín Rivera y a Elías Calixto Armas, responsables del fraude que ahora anuncia el secretario de Finanzas, Miguel Reyes Hernández. Este funcionario anunció, como si fuera un descubrimiento reciente, el esquema que operaban los de la Fundación con los fondos de la UPAV: "Les voy a poner un ejemplo. Una persona que trabajaba en UPAV, le pagaban a través de una agencia de publicidad con honorarios, su concepto era pago de publicidad". Para robarse el dinero la Fundación EDAL dispersaba el dinero mediante inmobiliarias y esa agencia de publicidad. Pero eso no es nada nuevo, nosotros ya lo habíamos publicado. Si la gobernadora nos escuchara de vez en cuando, los maestros de la UPAV no hubieran sido perjudicados con
el retraso de sus pagos. Pero la gobernadora sólo acepta aduladores, esos que le doran la píldora diciendo que ella podría ser la próxima presidenta de México.
Angela Davis advierte contra un feminismo que solo busca que las mujeres ocupen los mismos puestos de poder sin transformar el contenido de ese poder
Hay grupos de feministas que pasaron de una relación igualitaria con el hombre a una relación de supremacía. Buscan estos grupos puestos de poder con la excusa de mostrar que ellas también saben gobernar, que son mejores que los hombres para ejercer el poder. Esa no es la postura de Angela Davis, quien acudió a la Universidad Nacional Autónoma de México para dialogar sobre Abolición, feminismo, ¡ahora! El eje de ese diálogo no fue un ataque a “los hombres” como categoría, sino un llamado a no quedarse en el feminismo de techo de cristal ni en reemplazar a unos gobernantes por otros sin tocar las estructuras. Davis ha sostenido de manera consistente que no acusa a los hombres como hombres, sino al sistema de superioridad de género. En 2019 lo formuló con claridad: si no se cuestionan las estructuras, se corre el riesgo de luchar por el “derecho” de las mujeres a ser tan violentas como los hombres. Cambiar a los hombres por mujeres en las jerarquías no basta si las jerarquías siguen siendo las mismas. Ese punto contrasta con lo que se observa en México: hay mujeres en cargos de alto poder, incluida la presidencia y, en no pocos casos, el estilo de ejercicio del poder reproduce lógicas tradicionales como la centralización, lealtad partidista, uso del aparato del Estado, confrontación y continuidad de instituciones punitivas o de control. La tensión queda así: un feminismo que solo cambia el rostro del poder puede producir “mujeres en el poder” que gobiernan como se ha gobernado siempre. El de Davis pide otra cosa: que el acceso de las mujeres al poder no sea el final, sino la prueba de si se transforma o se hereda la violencia institucional.
Armando Ortiz Twitter: @aortiz52 @lbajopalabra |
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