Hace tiempo fui invitado a formar parte de algunas asociaciones civiles, como Otero Ciudadano, y de algunas asociaciones de periodistas. De una de esas asociaciones de periodistas me desligue cuando escuche a un miembro fundador plantear que se debía exigir al gobierno estatal una cierta partida de dinero que estaba destinada a este tipo de asociaciones. De inmediato me di cuenta que esa asociación sólo buscaba dinero, pero no dinero para todos, sino para los que se decían líderes. Hoy día algunas asociaciones de periodistas siguen tras lo mismo. Estoy enterado que el líder de una de esas asociaciones, al que estaban tratando de destituir los mismos miembros de su mesa directiva, se presentó ante una dependencia estatal como el líder de una asociación de más de 900 miembros; de hecho esos novecientos eran la suma de otras cuatro asociaciones de periodistas de las que se decía también líder. En un desayuno de amigos le preguntamos a un exlíder nato de periodistas, ¿por qué tanta ansia por la presidencia de una asociación de periodistas? Nuestro amigo, siempre franco, nos dijo que a él la presidencia de esa asociación sólo le acarreó problemas, pero que ostentarse como presidente le daba cierto prestigio. Existen asociaciones que convocan a funcionarios públicos o políticos en reserva a desayunar. Esos eventos aparecen en las redes sociales de algunos miembros. En estos desayunos se ven cerca de 30 o 40 comensales, de los cuales sólo 10 son periodistas, de esos 10, apenas 5 escriben en algún medio, el resto sólo vive de sus glorias pasadas. Entonces, ¿para qué sirve una asociación de periodistas? Para ayudar a los miembros de la asociación, no creo. Estoy enterado que el líder de la asociación que presumía 900 miembros, no engañó a los funcionarios públicos de la dependencia a la que fue a pedir “chayote”, sin embargo, ya sea por lástima a conmiseración, le soltaron unos cuantos varos, mensuales. ¿Los repartió con los supuestos 900 miembros de sus asociaciones? Ni siquiera los puso al tanto de esa reunión. Entonces sí, ya con esas algarrobas en las manos, entregó la presidencia de su asociación y se retiró sin oponer resistencia. Esa asociación ya tiene un nuevo líder. Uno que durante años combinó el servicio público con el periodismo; uno que crió fama de ladrón y se echó a dormir. Pero el hambre lo despertó y lo hicieron líder, como al “cambrón” de la parábola de Jotán. La profecía lo antecede: El “cambrón” está dispuesto a devorar todos los cedros del Líbano. Pero no tiene la culpa el indio, sino quienes lo hacen compadre (líder). Seguro este sujeto se conformaría, como el anterior, con ser líder sólo unos cuantos meses, el tiempo suficiente para medrar en algunas dependencias públicas.
Armando Ortiz Twitter: @aortiz52 @lbajopalabra |
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