De Veracruz al mundo
GILBERTO NIETO AGUILAR
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2025-08-26 / 22:35:14
Depresión, angustia y ansiedad
Transitando por el vasto universo de las emociones humanas, sobre todo después de lo sensible que se han manifestado niños, jóvenes y adultos como resabios de la pandemia, podemos mencionar ciertos estados como la depresión, la ansiedad, la angustia y el duelo. Algunos de estos términos llegan a confundirse o utilizarse de manera intercambiable, pero cada uno describe experiencias internas distintas, con reacciones diferentes en cada persona.

Diferenciar cada estado es un paso crucial para la autocomprensión y la búsqueda adecuada de ayuda cuando sea necesario, cuando el malestar se vuelva inmanejable o comience a afectar la calidad de vida. De alguna manera, todos los seres humanos pueden sufrir en algún momento cualquiera de estos estados emocionales y es muy importante la actitud que se asuma.

Una actitud peligrosa y muy usual, es la de creer que es una emoción única, que “sólo yo la padezco”, y que por medio de la palabra o de terapias no se puede encausar una solución que alivie los síntomas personales que se padecen. Tal actitud es peligrosa porque cierra las posibilidades para asumir un tratamiento que permita encausar las emociones hacia una salida que facilite su alivio y mejoría.

La depresión, por ejemplo, implica una pérdida interna, inconsciente, que afecta el sentido de identidad y autovaloración, y que puede arraigarse fuertemente en la persona. Se manifiesta con tristeza profunda y persistente, pérdida de interés y placer por muchas cosas que antes parecían importantes, fatiga, sentimientos de culpa y desesperanza, alteraciones del sueño, del apetito y, en los casos graves, puede llevar a pensamientos drásticos. Lo mejor es la detección temprana y el tratamiento profesional con especialistas, porque como condición grave puede tener consecuencias inesperadas.

La ciencia considera que la sede de las emociones se encuentra en el cerebro, no en el corazón como románticamente pregonan la literatura y el arte. Se originan en una serie de circuitos neuronales en las profundidades del sistema límbico y se caracterizan por un déficit o un exceso emocional en el que intervienen posibles desequilibrios químicos y disfunciones en esa parte del cerebro.

La ansiedad y la angustia son males comunes del siglo XXI, donde el estrés se ha empoderado como uno de los grandes males que provocan diversas enfermedades. La angustia se percibe como una tensión, inquietud, nerviosismo, una sensación intensa de opresión en el pecho, nudo en la garganta, falta de aire, un sentimiento de desesperanza o de una amenaza inminente sobre alguna condición de la vida. A diferencia de la ansiedad, que se encauza como una preocupación sobre un hecho futuro, la angustia se vive en el presente, aquí y ahora, a menudo con síntomas físicos muy marcados y una sensación de parálisis existencial que entorpece la toma de decisiones.

El tratamiento de la angustia se encamina a reducir los síntomas, entender las causas subyacentes y desarrollar herramientas para manejarla. Las estrategias más efectivas incluyen terapia psicológica, estrategias de autocuidado y manejo, medicamentos (recomendado bajo supervisión médica), apoyo social y hábitos saludables (ejercicio, alimentación, sueño, apoyo familiar o profesional). Es importante señalar que la búsqueda de ayuda profesional es un paso valiente e imprescindible para recuperar el bienestar.

El duelo es una respuesta emocional, cognitiva, conductual, ante un proceso natural de adaptación por la pérdida irreparable de un ser querido que le significa un cambio vital grave. A veces, la ruptura de una relación profunda puede representar un duelo. Suele manifestarse como negación, ira, resentimiento, vacío, depresión (como tristeza y no como trastorno clínico), desinterés por las cosas y la vida misma, que la persona debe luchar por superar.

gnietoa@hotmail.com

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