Andi Uriel Hernández Sánchez
En las últimas semanas, por todo el orbe se han suscitado multitudinarias y fervorosas protestas sociales y, aunque provocan especial asombro las que tienen lugar en los países imperialistas de la vieja Europa y en Estados Unidos, en realidad la inconformidad social brota como la espuma en todos los continentes y bajo las más variadas banderas.
Grandes masas de trabajadores, estudiantes y profesionistas se han lanzado a inundar las calles enarbolando, cada cual en su país, demandas tan disímiles entre sí que, sin embargo, conservan un común denominador: son una expresión de descontento, espontáneo todavía, pero que denuncia y repudia al sistema económico capitalista vigente, que es muy bueno para producir riqueza, pero, al mismo tiempo, incapaz de distribuirla de manera equitativa entre los habitantes del planeta y que incluso constituye una amenaza para la supervivencia misma del género humano, porque nos conduce aceleradamente hacia una hecatombe nuclear, un genocidio gradual o al colapso medioambiental.
Según un informe de las firmas de investigación TResearch y Mitofsky, solo en el mes de octubre que concluye, 38 países registraron conflictos sociales impulsados principalmente por problemas económicos, inconformidad con los gobiernos y denuncias de corrupción. En 20 países la causa principal de las manifestaciones fue económica, con demandas relacionadas con el alto costo de la vida, la falta de vivienda, los bajos salarios o el alto costo del combustible; en 10 países el origen de las manifestaciones está relacionado con el abuso del poder de los gobiernos o fallas en los servicios básicos, y en nueve casos los principales inconformes fueron jóvenes preocupados por su futuro, con demandas que van desde la carencia de los sistemas educativos, falta de vivienda, nulo empleo o mal gobierno.
En 10 países las manifestaciones tuvieron un componente eminentemente político, en las cuales los inconformes demandan elecciones democráticas, mayores libertades civiles y liberación de presos políticos; en seis países las manifestaciones estuvieron influenciadas por el rechazo a la guerra y temas de geopolítica.
Algunas de las manifestaciones multitudinarias más importantes han sido las siguientes:
En Francia, donde, según estas consultoras, desde el pasado mes de septiembre se han manifestado hasta 800 mil personas, en su mayoría estudiantes y docentes, denunciando falta de maestros en escuelas de todos los niveles, precarización del sistema educativo y el constante encarecimiento de la vida; además de un rechazo expreso del rearme, alto gasto militar y reclutamiento forzoso de los jóvenes, además de la condena al apoyo que el presidente Emmanuel Macron brinda al gobierno ucraniano. El gobierno francés respondió con represión.
En Estados Unidos se han registrado más de dos mil 500 manifestaciones en todo el país tan solo entre septiembre y octubre, con una estimación que, según los organizadores, supera los ocho millones de asistentes. Los inconformes demandan frenar las deportaciones y abusos cometidos por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y llaman a votar contra el presidente Donald Trump el 3 de noviembre. Las encuestas refieren que 71 por ciento considera que la nación mantiene un rumbo equivocado y solo 31 por ciento aprueba las acciones de su máximo mandatario.
Otro importante brote de inconformidad lo vemos en España, donde el elevado costo de las rentas de viviendas y su acaparamiento por los fondos de inversión especulativos han provocado la movilización de cerca de 500 mil españoles, según el sindicato convocante, para exigir que las rentas bajen a la mitad y que se frenen los desalojos de las viviendas de la gente que no puede pagar por ellas. De igual manera, en Italia más de 100 mil habitantes han salido a las calles en rechazo al encarecimiento de la vida y el gasto en armas, al tiempo que exigen más gasto público en salud, escuela y vivienda. En Alemania, las amenazas de despidos en el sector automotriz han movilizado a los obreros de esta rama y de otras en contra de la política antilaboral y belicista de sus gobiernos.
En América Latina hemos visto manifestaciones multitudinarias en Argentina, Chile y Venezuela. En México, la ola de manifestaciones también ha tenido sus réplicas; durante estas semanas hemos visto manifestaciones de trabajadores del sector salud, de obreros y de campesinos, también manifestaciones por la precariedad de los servicios básicos y la carencia de vivienda.
Todos los seres humanos preocupados por el destino de la humanidad y con deseos de verdadera justicia social para los humildes vemos con buenos ojos y con mucha emoción este despertar de la conciencia, particularmente la que ocurre entre los más jóvenes; sin embargo, debemos tener cuidado de no romantizar las protestas.
Desde hace más de 100 años, Lenin, uno de los grandes genios de la política mundial, realizó un análisis riguroso sobre el alcance real de los movimientos espontáneos, por muy grandes o justificados que puedan llegar a ser, y advirtió a los revolucionarios de su tiempo no caer víctimas del "culto a la espontaneidad", pues en los marcos del sistema capitalista sus alcances siempre son limitados.
Lo que vemos por todo el mundo es el síntoma, podríamos decir que es la fiebre de la infección, del cáncer que corroe al mundo: el sistema capitalista de producción, haciendo crisis incluso en los países de mayor desarrollo, ya sin posibilidad real de satisfacer las necesidades de sus poblaciones. Por tanto, se va agotando también el tiempo de los movimientos espontáneos que plantean reformar o ganar grandes concesiones en el marco del propio sistema, por muy genuinas y justificadas que sean sus demandas; esto es así porque la lógica misma del sistema lo condena a concentrar con redoblado esfuerzo antes que a repartir la riqueza.
De la inconformidad creciente y latente por todo el mundo, México incluido, solo podemos sacar una conclusión útil, la que ha formulado el Movimiento Antorchista Nacional: ha llegado la hora de que los pueblos trabajadores, de que los seres humanos que producimos la riqueza en todo el mundo nos organicemos y demos la lucha, ya no solo por reformar el sistema o para hacerlo más agradable, porque esa posibilidad está prácticamente agotada, sino fundamentalmente para construir una sociedad distinta.
Para los hombres y mujeres que aspiran a un mundo mejor, también ha llegado la hora de abandonar toda duda y timoratez banal, para estudiar con profundidad y rigor la ciencia del marxismo-leninismo, para convencernos de que no hay otro camino para el género humano que no sea la construcción de una forma social superior, que supere las contradicciones del capitalismo y, convencidos y armados de esas verdades, poner manos a la obra en la organización del partido de vanguardia de los trabajadores de nuestras naciones. Esa es la mayor y mejor tarea a la que podemos abocar nuestras vidas y esfuerzos en este mundo convulsionado. |
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