Andi Uriel Hernández Sánchez
El 10 de octubre de 2025, Veracruz vivió uno de los episodios más oscuros de su historia reciente. Tras varios días de intensas lluvias, resultado de una combinación inusual de eventos climatológicos, se desbordaron con gran fuerza los ríos Pantepec y Cazones, dejando severas afectaciones en más de 40 municipios del norte de la entidad.
Grandes ciudades como Poza Rica y Álamo se convirtieron en verdaderas zonas de desastre en cuestión de minutos: colonias enteras quedaron anegadas, cientos de casas destruidas, patrimonios modestos construidos con gran esfuerzo a lo largo de décadas se perdieron e incontables vidas humanas fueron segadas, aunque las cifras oficiales apenas reconocen 35 muertos y 14 desaparecidos.
En los municipios de la agreste sierra huasteca, decenas de comunidades quedaron incomunicadas, pueblos enteros se perdieron por la fuerza de las corrientes, casas fueron sepultadas por los deslaves y miles de familias vivieron verdaderos días de terror en espera de algún tipo de ayuda.
El desastre natural solo vino a profundizar las ancestrales carencias y rezagos históricos en los que viven algunos de los veracruzanos más pobres. Volvió a presentarnos, ante nuestros incrédulos ojos, las nefastas consecuencias de una sociedad dividida en clases sociales, en la que para unos una lluvia es reconfortante en la calidez del hogar, mientras que para otros puede representar la pérdida de la vida y del exiguo patrimonio.
Conforme pasaron los días quedó confirmado que las autoridades estatales, comandadas por la gobernadora Rocío Nahle García, actuaron irresponsablemente durante las horas críticas en las que pudieron haber alertado a la población, preparado refugios y destinado recursos extraordinarios para enfrentar la contingencia.
Fueron virales los videos en los que se ve a la gobernadora primero minimizando el hecho: "fue apenas un ligero desbordamiento del río Cazones", dijo. Posteriormente, con el desastre consumado, se le vio en múltiples ocasiones montando en cólera ante los cuestionamientos de los periodistas.
También fueron virales las imágenes en que los pobladores de Poza Rica, dolidos, frustrados y cansados de varios días de limpieza y búsqueda de desaparecidos, increparon duramente a la presidenta de la República, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, como resultado de la inacción y la poca eficacia de las autoridades. La peor parte la recibió la gobernadora Rocío Nahle, como autoridad inmediata.
Como en todas las grandes tragedias que ha enfrentado la clase trabajadora, fueron sus propios hermanos de clase los primeros en movilizarse para enviar apoyos y brindar auxilio en las zonas de desastre. Fueron los explotados de siempre, la clase que produce la riqueza social con sus manos, quienes primero donaron alimentos, ropa y otros enseres, y quienes se organizaron y formaron brigadas en las colonias y comunidades afectadas para limpiar casas y calles, rescatar gente de entre las anegaciones, levantar cuerpos, buscar desaparecidos y hasta para enviar un helicóptero hasta la parte alta del municipio de Ilamatlán, que quedó incomunicado.
Ya desde entonces quedó en evidencia que el Estado, es decir, el aparato de gobierno y sus instituciones, en una sociedad dividida en clases sociales como la nuestra, no tiene como objetivo real la protección y seguridad de todos los ciudadanos, como reza la teoría política. Si así fuera, no escatimaría recursos ni esfuerzos para poner a salvo la vida de las familias afectadas por los desastres naturales, particularmente de los ciudadanos más indefensos, los que viven al día y construyen sus miserables viviendas donde pueden y con lo que pueden. Y, pasada la tragedia, pondría manos a la obra en la reconstrucción de la infraestructura dañada y en la reparación del patrimonio de las familias afectadas, sin importar qué tan lejanas se encuentren las comunidades.
Pero no ocurre así. En época de desastre los apoyos se escatiman y llegan a cuentagotas, se ocultan las cifras reales de las afectaciones y vidas perdidas, se montan operativos espectaculares solo para su transmisión en televisión y redes sociales, las autoridades brindan discursos tranquilizadores, el gobierno busca controlar la narrativa en los medios y reprime a quienes se atreven a cuestionar el guion o visibilizar la cruda verdad.
Pasado el desastre, las autoridades priorizan los recursos y las acciones para restaurar en el menor tiempo posible las carreteras, centrales, edificios y otra infraestructura indispensable para que los grandes comercios, las industrias y los negocios de los millonarios reactiven sus actividades rápidamente. Siempre se actúa así argumentando que se "pretende reactivar la economía y salvar las fuentes de empleo"; aunque al proceder de ese modo se deje para después, o para nunca, la reparación de la infraestructura y las precarias viviendas de los trabajadores, precisamente de la mano de obra que produce y genera las ganancias para los dueños de los grandes negocios. En realidad, el Estado se aboca a reponer la infraestructura vital para que los capitalistas sigan exprimiendo trabajo no pagado y, por tanto, pueda mantenerse inexorable la ley de la acumulación capitalista, vital para el sistema.
Y son los fríos hechos los que nos demuestran que, para el caso de Veracruz, esta es la absoluta verdad: "Previo al primer aniversario de la inundación del año pasado, el miedo se reactivó entre los habitantes de las colonias Gaviotas, Granjas, Morelos, 27 de septiembre e Ignacio de la Llave, las más afectadas por el desbordamiento del río Cazones en la ciudad de Poza Rica", se lee en la edición de El Universal del 11 de octubre.
"El miedo sigue, aunque el domingo bajó la lluvia. No sabemos cómo van las autoridades con el muro que según iban a construir en el río Cazones, comentó Bibiana González, habitante de las Gaviotas. En la colonia Granjas parte alta, habitantes lograron reconstruir su casa con tabique y otros con madera… están ahí, dicen, porque no tienen a dónde ir, pero esperan ser reubicados por las autoridades, aunque tienen claro que ello puede tardar mucho tiempo, si es que las autoridades les cumplen", dice la misma nota.
Y continúa el relato: "Un funcionario [del ayuntamiento de Poza Rica] que solicitó anonimato dice que no se ha construido el muro de contención en el río Cazones que prometió la presidenta Claudia Sheinbaum durante su visita a las colonias afectadas. Aseguró que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) lanzó una licitación para la obra, la cual se declaró desierta".
Y si esto ocurre en una de las ciudades industriales más importantes de Veracruz, en las comunidades campesinas y serranas la situación es más trágica. "Necesitamos que nos escuche tanto el gobierno federal como el estatal, somos de la comunidad de Atempa [municipio de Ilamatlán], queremos que nos hagan caso. Estamos esperando la construcción del puente, estamos incomunicados desde hace un año; cuando llueve y crece el río, no podemos salir por ninguna parte, ni siquiera a buscar nuestros alimentos. Estamos en una comunidad de la sierra, un pueblo indígena, y sufrimos mucho con la crecida de los ríos. Tenemos el proyecto del puente, nos dijeron que ya estaba aprobado, pero no hay nada", denunció Iván Fernández, agente municipal de la comunidad de Atempa, en Ilamatlán, Veracruz, el pasado 10 de octubre en Radio Huayacocotla.
Podríamos poner muchos ejemplos más, pero los comentados sirven para ilustrar la tesis. Mientras el pueblo trabajador permanezca desorganizado y el poder público sea detentado por la clase política que sirve a los intereses del capital, no habrá ni programas preventivos ni acciones reales para evitar que los fenómenos climatológicos provoquen tanto dolor y destrucción entre los más pobres. Porque la tragedia no es culpa de la naturaleza, sino de la sociedad dividida en clases sociales.
Es verdad que solo el pueblo puede salvar al pueblo, pero a condición de que se organice, tome conciencia política de su situación de clase, comprenda cuáles son sus verdaderos intereses, construya su propio partido independiente y de vanguardia, y se proponga disputarle el poder político a los ricos y poderosos de este país para construir una sociedad nueva y superior. Esa es la mayor lección y la mayor tarea. |
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