José Miguel Cobián Elías
Poco antes de que terminara el sexenio del corrupto Enrique Peña Nieto, tuve la oportunidad de participar en varias reuniones con directivos de empresas petroleras internacionales, en diversos foros y mesas de trabajo, en los cuáles de analizaba la situación de la industria energética mexicana en esos momentos, su potencial a futuro y cuáles serían las rutas a seguir para alcanzar el máximo potencial para beneficio de los mexicanos.
En corto, todos los directivos de empresas petroleras de primer nivel me preguntaban cuál sería el costo de operar en México, sobre todo considerando que estaba de moda la promoción de rondas para otorgar concesiones de campos petroleros en el golfo de México. Al principio no entendía yo la pregunta. En mi ingenuidad, yo pensaba que los que sabían de costos de extracción de petróleo en aguas profundas eran ellos. Entrando en detalles, entendí que en todos los casos, la pregunta se refería a cuánto habría que pagar a políticos mexicanos para hacer negocios en México.
Como fueron varios días los que estuve en el evento, y había que convivir en desayunos, comidas y cenas/fiestas, pude hacer un poco más de amistad con algún alto ejecutivo, misma que ya se perdió por falta de continuidad, pero al calor de las copas, se podía abrir el escudo de discreción un poco más.
Uno de ellos, quién se sentía muy cómodo conmigo porque no hablaba ni pizca de español y yo era de los pocos mexicanos que hablaba un inglés más o menos fluido, era un gran estudioso de la historia económica de México. Él tenía la visión de que México era un país para hacerse rico se sabía trabajar. Yo como nunca pude ser rico, me incomodaba ante su opinión, y discutimos al respecto.
Acabó ganando la discusión, y mostrando ejemplos muy claros de cómo, familias que emigraron a México, que llegaron sin nada al país, al cabo de una o dos generaciones gozaban de un patrimonio que jamás hubieran acumulado en sus países de origen. Y me mencionó apellidos conocidos de Españoles, Judíos, Polacos, Irlandeses, Norteamericanos, Sirios, Libaneses, Cubanos, Ingleses, Chinos, Alemanes, Galeses, Italianos, y hasta esclavos africanos, algunos de cuyos descendientes, hoy son familias acomodadas.
Inmediatamente la pregunta que surgía era, ¨Si los inmigrantes pueden hacer fortuna, ¿cuál es la razón por la cual los mexicanos, mestizos, no la obtienen?¨. Primero, me dio como respuesta nombres de familias mestizas, es decir que migraron a México antes de 1850, cuya descendencia también había logrado un patrimonio adecuado. Y de allí partió a responder por que la mayoría de los mexicanos viven en los límites de la pobreza, y se refería al 50% de la población. De allí me hablaba de porcentajes de población, por encima de la línea de pobreza, pero por debajo de la línea que él arbitrariamente había establecido como de clase media ¨de clase mundial¨, no de clase media mexicana como se hace ahora con las estadísticas, que equivale a pobreza en los países civilizados.
La respuesta era que el país jamás se diseñó para el bienestar de la población. Desde el imperio mexica cuando menos, el sistema político estaba diseñado para extraer recursos, sin importar el coste en vidas y sufrimiento humano. La corona española trató de reducir esos costos considerando a todos los hijos del imperio como súbditos iguales, pero a partir de la independencia, el abuso de las clases dominantes se incrementó sin freno.
Pero no es sólo responsabilidad de las clases dominantes. La cultura social de México está diseñada desde hace más de 500 años en función del fracaso económico. Aclaro algo, a partir de este momento cuando hable del mexicano, lo haré del mexicano promedio, no de las excepciones.
El mexicano está acostumbrado a vivir el momento. A realizar esfuerzos y tener dedicación, pero sin visión a largo plazo. A gastar lo que ingresa, y a veces más, sin pensar que el ahorro presente representa incremento de riqueza en el futuro. ¿Cuántos mexicanos a los 20 o 30 años están pensando en su vida después de retirarse del trabajo activo? ¿Cuántos mexicanos comienzan a ahorrar en el momento en que nace un hijo, para poder legarle cuando menos una educación de calidad? ¡Bueno, lleguemos al extremo! ¿Cuántos mexicanos están interesados en que sus hijos tengan una educación de calidad? A sabiendas de que la buena educación es un medio de movilidad social.
En México no existe la cultura del esfuerzo. Se lleva a cabo el esfuerzo por necesidad, pero no hay una visión cultural al respecto. Platique ud con un joven de secundaria y explíquele la necesidad de aprender álgebra y trigonometría, a un nivel de perfección. No le importará al joven. Prefiere lo fácil. Porque la educación pública busca eso, que los chicos avancen de año, sin exámenes, sin reprobar, sin verdaderamente aprender. Sin esforzarse. Todo es fácil, rápido e inmediato. Sin pensar en el futuro.
Cuando se contrata a alguien, uno espera visión de presente y de futuro. Pero el mexicano es incapaz de planear los próximos cinco minutos. En el ajedrez de la vida, mientras otras culturas analizan las próximas 20 jugadas, en México no se planea ni siquiera la jugada número dos, después de la que se está ejecutando.
El mexicano puede tener metas, pero no establece una ruta para lograrlas ni realiza el esfuerzo necesario para alcanzarlas. Espera que de milagro se cumplan. Y cuando ocurre el milagro (del puesto público, o de participación en grupos criminales –que muchas veces es lo mismo-), las aprovecha, sin recato alguno. Sin ética, sin moral, sin amor a la patria. Porque todo ello estorba para enriquecerse a costillas del resto de los mexicanos. Presumimos solidaridad en casos de tragedia, pero no existe la mínima solidaridad en cuanto a la tragedia cotidiana que padecen millones de mexicanos.
Esa es la gran diferencia con los extranjeros que han llegado sin nada, y se han convertido en mexicanos acomodados. Y no se han enriquecido abusando de los demás. Lo han hecho con inteligencia, trabajo, muchísimo esfuerzo y sobre todo, con visión a largo plazo.
Mientras tanto, cualquier extranjero que quiera hacer negocios en México, sabe que desde el presidente de la república para abajo, todos tienen precio. Aunque eso no sea verdad para todos los mexicanos.
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