La polÃtica según Finley nació en Grecia, en los siglos VI y V a. de C. Surgió como acción concertada para buscar la solución de los problemas comunes. Dice Hannah Arendt, que busca mediante el debate, el diálogo, la discusión, el consenso, el acuerdo, la decisión encarar los retos que tienen que ver con la ciudad. Nace de la diferencia. Es la diferencia su orÃgen. Si no hubiera diferencia no habrÃa polÃtica, no habrÃa razón de que existiera. No es nuevo negar su naturaleza e intentar negar su sentido.
Antes y después de la experiencia de la Gracia clásica mandos que se separaron de la sociedad, pero fue con la caÃda de la República romana, que aparece un poder muy centralizado, por lo que también aparece la necesidad de controlarlo. Si la República romana era un poder de lÃmites y controles, con la construcción del Imperio, esos equilibrios pasan a ser pura fachada, inaugurando la primacÃa del mando personal, que el desmoronamiento de ese régimen da lugar a un sistema de señorÃos, donde, si bien es cierto que la economÃa determina las nuevas relaciones, es la religión la que domina.
El perÃodo que va del 476 a 1453, es un periodo que conocemos como oscurantista, porque la Iglesia Católica, apoyándose en una falsa donación de Constantino, asume poderes que expropia a los reinos, imponiendo un concepto teológico y escolástico a la cultura de esa época y a sus relaciones de mando y obediencia.
La polÃtica es bautizada como demonÃaca, a partir de que se considera que es un castigo por el pecado original. Las tesis Paulinas enseñan que todo poder viene de Dios. Si nos portamos mal Dios nos envÃa un gobierno mal, si nos portamos bien, Dios nos envÃa un gobierno bueno. La polÃtica, durante la Edad Media ,no fue una actividad convencional sino venida del cielo, por eso los reyes decÃan que eran representantes de Dios en la Tierra. San AgustÃn, fue interpretado de tal manera que no habÃa cabida en la Ciudad de Dios para quien no comulgara con el credo católico. Crearon las universidades de Bolonia, La Sorbona, Salamanca..., para conformar el mundo de acuerdo a sus intereses. Nosotros fuimos conquistados y colonizados por un Estado teocrático. Nos pusieron hasta el ,para ellos, libertadores Iturbide, que fue ungido y coronado en la Catedral Metropolitana, para dejar intacto el sistema colonial.
Decir que a la polÃtica le toca decirnos qué es bueno y qué es malo o dividir el mundo entre buenos malos, no es otra cosa que querer que retorne al oscurantismo, para tratar de purgar la nación de quienes ellos califican de malos y quedarse únicamente con el pueblo bueno y sabio.
No es tampoco nuevo pretender que la polÃtica abandere una verdad, lo que significarÃa que solo cabe la verdad que ellos enarbolan, lo que es igualmente peligroso, porque tarde o temprano conducirá a qué seamos un paÃs de una sola verdad. No hay nada de inocencia en quienes buscan que la polÃtica tenga como tarea deslindar el bien del mal y que tenga como bandera una verdad, porque justamente serÃa llevarla a la otra orilla, al lado opuesto, ya que la polÃtica surgió para hacer posible que vivamos hombres y mujeres de diferentes visiones y concepciones, sin más requisito que aceptar la igualdad de derechos y la igualdad de palabra.
A rÃo revuelto, ganancia de pescadores. Las turbulencias que vivimos han hecho que la derecha pierda todo rubor y se ofrezca como alternativa queriendo capitalizar la irritación que causa los desplantes de una presidenta que reta que pese a quien le pese, seguirá con su dictadura. Tan delirante de poder que hoy precisamente Raymundo Riva Palacio, exhibe que hace un viaje a España, sin saber a qué va.
Ignacio Morales Lechuga, referente del derecho, nos acaba de ilustrar como Morena, llega al paroxismo de la arbitrariedad y la anulación de nuestras libertades.
La politica no está reñida con la moral, pero la polÃtica tiene su propia moral. No podemos permitir que mañana o pasado se persiga al ciudadano y sus obras por actos que toca al fuero interno sancionar. Paolo Prodi, en un libro extraordinario sobre la historia del derecho nos muestra la trayectoria que va del pecado al delito. No es cualquier cosa. En la Colonia, la blasfemia era un delito civil. Seguro que eso es lo que quieren estos ilustrados ultramontanos. |
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