Casi siempre las cosas, fenómenos o relaciones existen antes que el vocablo o sÃmbolo que las designa o representa. La palabra ideologÃa
Ludovico Silva, sitúa su nacimiento a principios del siglo XIX ( Prefacio a su TeorÃa de la IdeologÃa ). Napoleón popularizó el término cuando le hizo su reclamo a los intelectuales de escritorio o de academia. Y miren que tenÃa a su lado las luminarias de Emmanuel Sieyes, BenjamÃn Constante, los redactores del Código Civil Napoleonico, que hasta hoy es una pieza fundamental del ramo.
IdeologÃa, es un concepto multivoco, tiene muchos usos. Me parece que la división que hace Norberto Bobbio, es pertinente. El maestro turinense propuso un sentido débil y un sentido fuerte, subrayando que el primero refiere a los sistemas de creencias polÃticas, es decir, un conjunto de ideas y de valores relacionados con el orden polÃtico que guÃa las conductas colectivas. En tanto , su sentido fuerte serÃa aquél concebido como falsificación de la realidad, como falsa realidad, como revestimiento de las relaciones dominantes.
Se acude mucho a Marx para explicitar el segundo significado, sin embargo, el autor de El Capital, lo desarrolla en su obra La IdeologÃa Alemana, que se pública hasta 1932. En sus demás trabajos. En los demás trabajos lo aborda colateralmente.
Las obras de Kurt Lenk, Teun A. van Dijo, MarÃa L. Cardoso, Ludovico Silva , son lecturas obligadas y ya no se diga, para la primera vertiente, IdeologÃa y UtopÃa de K. Mannheim. No soy partidario de remitir a los diccionarios especializados, pero para las prisas y evitar flagrantes aberraciones, como el seudomarxista que escribe que ya desapareció la ideologÃa marxista, sin explicar tan siquiera de que está hablando, todo con ganas de montarse al nuevo carro.
La burguesÃa que desplazó al régimen señorial y feudal, no sólo remplazó el sistema que sustraia de la servidumbre su producción o jornales en su plantación por un sistema de explotación salarial, que separa los medios de trabajo del productor directo, sino que inventa un aparato institucional que más los aparatos idelogicos, tienen el propósito de pasar por un Estado , en sentido ampliado, dijera Antonio Gramsci, que muestra claramente que no basta la fuerza ( Calicles ) para someter, hay que construir un sistema de ideas y valores que presente esa dominación, no como dominación sino como un pacto voluntario. Fuerza más consenso es igual a Estado, escribirÃa el autor de los Cuadernos de la Cárcel.
Desde que en Inglaterra paso a paso fue siendo sustituido el sistema feudal que traspolaron los normandos por relaciones contractuales y la acumulación originarÃa de capital acabó mediante las cercas con el campesino y la Revolución francesa sepulta en 1789 la sociedad estamental y se lanza contra las monarquÃas absolutas de la Europa Continental, para no quedar aislada, el nuevo Estado liberal burgués que libera la mano de obra servil para ir a engrosar el mercado laboral que abarate la fuerza de trabajo, se levanta el Estado gendarme, el poder como árbitro y un derecho que simule la desigualdad entre quienes a partir de ese momento tienen la total propiedad de los medios de producción y quienes quedan ante la disyuntiva de morirse de hambre o vender su fuerza de trabajo, relación que oculta que los compradores de la fuerza de trabajo, la compran, no porque sean damas de la caridad sino porque se quedan con el excedente que queda después de pagar el salarios y descontar gastos, excedente que se capitaliza al revertirse y continuar su ciclo.
Para presentar ese poder polÃtico como legÃtimo, como apegado al derecho vigente, como aceptado, como que tiene nuestro consentimiento, como bien lo dijera Goran Therborn, en su libro La ideologÃa del poder y el poder de la ideologÃa. Por cierto este estudioso escribió también : Cómo domina la clase dominante ? Aparato de Estado y poder estatal en el feudalismo, el socialismo y el capitalismo. Trabajos que nos permiten ver con mayor claridad que el papel de las ideologÃas.
Al ritmo de la aparición y desarrollo de las relaciones que anidan en el seno de una formación social de producción van aparejadas los elementos que las explican y justifican. Los elementos justificantes no nacen de cero ni desaparecen súbitamente. Cuando leemos a Jean Touchard, no podemos explicarnos por qué habla de relaciones burguesas en la antigüedad sino sabemos que no existe en la realidad un Modo de Producción, que esa categorÃa es un constructo, que es una abstracción; lo que existe es una Formación económica-social, donde junto a las relaciones de producción dominantes hay relaciones de un viejo modo de producción y relaciones nuevos que están rompiendo la camisa de fuerza de las existentes cuando se abre un periodo revolucionario por las contradicciones entre las nuevas y viejas relaciones en virtud de no poder detener el desarrollo de las fuerzas productivas que ya no caben en las relaciones caducas.
Dado el interés de Antonio Gramsci por los aparatos superestructurales, J. Texier, lo llamó el teórico de las superestructuras. Su perspicacia lo llevó a utilizar el concepto de hegemonÃa de manera distinta a como lo empleaba Lenin. Mientras para el guÃa de la Revolución Rusa, hegemonÃa significaba fuerza, para Gramsci, hegemonÃa quiere decir consenso, comprendiendo escuelas, prensa, teatro, radio, televisión, Iglesias... Para este último el triunfo revolucionario estriba en conquistar la hegemonÃa, dijeran Jesús Reyes Heroles, convencer para vencer.
Si como antes dijimos, a nivel de una Formación Económica -Social existen varÃas relaciones de producción, siendo una de ellas dominante, por ejemplo en la Formación capitalista subsisten relaciones servirles en retirada como relaciones de tipo socialista que apuntan al futuro; tenemos que frente a la ideologÃa y cultura que justifica la explotación salarial existe una filosofÃa, una ética, visiones de las clases subalternas que se empeñan en desnudar la ideologÃa explotadora y terminar con sus supercherias.
Desde que se consumó la victoria de los burgueses sobre la nobleza y el clero, la clase patronal no únicamente dedicó todos sus recursos a blindar el aparato policÃaco y militar, carcelario, representativo, administrativo y judicial, también ese esfuerzo lo concentró en lograr convencer a las clases sometidas de que el Estado era neutral, que era árbitro, que estaba por encima de la lucha de clases. Ya no acudÃa como los Césares a presentarse como deidades; menos los gobernantes atrubuian su mando a un orÃgen divino, por el contrario la fuente de su poder se trasladó de la monarquÃa al pueblo, que invariablemente se ha desnaturalizado. Poder que se limita a un derecho que no obstante que se presenta como de todos es un derecho que sigue considerando los derechos burgueses como sacros y recurre a castigar como delitos aquellos que antes eran simples pecados, sin que quiera decir que no llevaban a la muerte. Nomás hay que recordar que la Santa Inquisición por la sola sospeche iba contra la vida y los bienes del pecador.
La batalla por ganar la hegemonÃa no es fácil. Basta traer a la mente que desde siglos, los que viven de explotar la mano de obra no únicamente se han dedicado a crear ejércitos y armás nucleares para someter a los pueblos que no quieren poner sus riquezas a las órdenes del gran capital, dijo que a la vez han producido libros, periódicos, escuelas, Iglesias, canales de televisión y radio, plataformas, medios impresos y electrónicos, con los cuales están llenos mercados, plazas, espectáculos, hogares y todo el ámbito público y privado, para confirmar nuestra mente de acuerdo a los intereses de los señores del capital.
En esta batalla entre las ideologÃas dominantes y las IdeologÃas liberadoras, hay quienes decidan ponerse de lado de la patronal y quienes decidan colocarse del lado de los desposeidos, este no es el problema principal, el problema principal está en el gatopardismo, en el travestismo, en el oportunismo; en quienes, individual o grupalmente brincan del PRI al PAN o entregaron con PRD al mejor postor y ahora lloran su horfandad y proclaman que la ideologÃa que antes abrazaron ya murió. Háganme favor.
Cómo puede verse es necesario un debate para clarificar la ideologÃa pero en él poco o nada tienen quehacer los que agotaron marchantes, los que pusieron su intelecto al poder en turno, que de tanta inanición no sólo tuyeron su estructura ósea sino que también calsificaron su cerebro al no abrirlo a las nuevas propuestas.
Marx Arriaga no sale por marxistas, sale de la SEP, porque Morena, necesita deshacerme de esa franja que le sirvió para pintar de rojo, un movimiento devastador de las arcas nacionales y del sistema republicano y democrático.
Es cierto que nadie puede querer a un PRI que entrega pluris y regidurÃas a los familiares de dirigentes y cúpulas; ni a un PAN que se acerca a gánsteres, pero los que luchamos por un Nuevo Republicanismo, podemos construir una alternativa no sólo de poder sino también social. Vamos con Pepe, sabiendo que los huachicoleros no se quedarán con los brazos cruzados. |
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