De Veracruz al mundo
La contaminación del aire está relacionada con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer: estudio .
Esta contaminación penetra la barrera cerebral causando inflamación crónica y placas tóxicas, afectando a niños, adultos mayores y sobrevivientes de accidentes cerebrovasculares
Martes 17 de Febrero de 2026
Por: Excelsior
Foto: .Imagen hecha con IA
Ciudad de México.- Respirar en la ciudad se convierte en un riesgo que trasciende la salud pulmonar. Un estudio masivo confirma que las partículas finas PM2.5 son responsables directas del desarrollo del Alzheimer.

Investigadores analizaron a 28 millones de personas y descubrieron que este polvo invisible ataca la memoria sin necesidad de intermediarios. El hallazgo desafía las creencias tradicionales sobre cómo el entorno afecta la salud cerebral.


¿Por qué la contaminación causa Alzheimer?
Históricamente se pensó que la polución dañaba primero al sistema cardiovascular, pero la evidencia revela que las partículas PM2.5 viajan directamente para inflamar el tejido cerebral. El aire tóxico posee la capacidad de iniciar procesos de demencia de forma autónoma.

El estudio, publicado en PLOS Medicine, aclara que la hipertensión desempeña un papel menor en este proceso. El enemigo real es este material particulado, 30 veces más delgado que un cabello humano, que penetra los tejidos y desata un caos químico de gran magnitud.


Ataque directo: El 95 % del riesgo de Alzheimer por contaminación es independiente de padecer enfermedades previas.
Inflamación crónica: El polvo fino irrita el cerebro constantemente, de forma similar a una herida que nunca cicatriza.
Acumulación tóxica: Se observa que los contaminantes aceleran la formación de placas seniles características de la demencia.

Independencia del daño: El cerebro enferma por el aire viciado incluso si el corazón y la presión arterial se mantienen sanos.


¿Qué otros daños ocasiona la polución en el cerebro?
Además de afectar la memoria de los individuos, el aire insalubre eleva las probabilidades de sufrir trastornos del estado de ánimo. El impacto no se limita a la población de la tercera edad, pues altera el tamaño de la estructura cerebral en etapas de pleno desarrollo.

Vivir bajo una nube de esmog incrementa el peligro de experimentar accidentes cerebrovasculares. Estas partículas reducen la agilidad mental en jóvenes y dejan secuelas permanentes que limitan la cotidianidad.

Así afecta la contaminación atmosférica:

Salud mental: Respirar aire tóxico se vincula con nuevos diagnósticos de depresión y ansiedad severa.
Desarrollo infantil: La exposición puede provocar déficit de atención y disminuir el coeficiente intelectual en niños.

Riesgo vascular: Incrementa la posibilidad de derrames cerebrales al deteriorar las paredes arteriales.
Deterioro físico: Acelera las discapacidades motoras en adultos mayores, comprometiendo su independencia.


¿A quiénes afecta más la contaminación del aire?
El hallazgo más relevante identifica a los sobrevivientes de un derrame cerebral como el grupo más vulnerable. Para ellos, la atmósfera contaminada actúa como un acelerador agresivo del deterioro cognitivo.

El daño previo en los vasos sanguíneos deja vías de acceso en la barrera hematoencefálica. Esto permite que los agentes tóxicos ingresen con facilidad y provoquen estragos rápidos en la arquitectura neuronal.

Estos perfiles presentan un riesgo elevado debido a la polución:

Sobrevivientes de eventos cerebrovasculares: Poseen una susceptibilidad biológica superior para desarrollar demencia por la calidad del aire.

Niños y lactantes: La exposición temprana tiene el potencial de alterar sus pulmones y cerebro de por vida.
Adultos mayores: A partir de los 65 años, la capacidad del organismo para filtrar estas toxinas disminuye considerablemente.

Mujeres embarazadas: El aire viciado eleva el riesgo de parto prematuro y problemas de desarrollo en el feto.


¿Cómo pueden reducirse los daños causados por la contaminación del aire?

Aunque resulta imposible dejar de respirar, se recomienda evitar las horas de mayor tráfico para transitar. Es en esos periodos cuando la concentración de gases nocivos alcanza su punto máximo y perjudica más al organismo.

Establecer refugios de aire limpio en el hogar mediante el uso de purificadores marca la diferencia entre un cerebro sano y uno inflamado. Además, el consumo de Omega-3 ayuda a contrarrestar la inflamación provocada por estas partículas imperceptibles.

De esta forma es posible mitigar los efectos, según los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH) y el IMSS:

Horarios seguros: Evita salir a ejercitarte cuando el sol y el tráfico generan más ozono y smog.

Barreras físicas: El uso de cubrebocas en zonas industriales o transitadas reduce la inhalación de partículas.

Dieta protectora: Alimentos ricos en antioxidantes y vitaminas B pueden proteger el ADN del daño ambiental.
Monitoreo diario: Revisa la calidad del aire en dispositivos antes de planear actividades al exterior.

La ciencia es clara: el Alzheimer no es solo una lotería genética, sino una consecuencia directa del entorno. Proteger los pulmones es la única forma de resguardar los recuerdos en el futuro.

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