Estamos a menos de 75 días de las elecciones intermedias en Los Estados Unidos. Elecciones que aprovecha el pueblo norteamericano, por lo regular, para evaluar al Poder Ejecutivo de aquel país.
Con su voto premia o castiga al presidente de aquella nación. Viene siendo ese proceso como una rendición de cuentas que el presidente rinde ante la nación, y de esa forma la sociedad, en edad de votar, acude a las urnas a calificar con su sufragio la continuidad de sus políticas públicas, o a rechazarlas.
Las del martes 3 de noviembre próximas representan para el gobierno de Donald Trump un parteaguas para su mandato, por virtud que de seguir controlando tanto la Cámara de Representantes (diputados) y la de Senadores, mantendrá las acciones que hasta hoy ha ejecutado en materia de migración, guerra, economía de aranceles etc. De perder, por lo menos una de las dos, se le complicara mucho mantenerlas, y de perder ambas, le ataran las manos definitivamente.
El resultado, independientemente de cómo se conforme la nueva cámara de representantes -ya que se renovará en su totalidad, mientras que la de Senadores solo un tercio-, y la de Senadores, si lo ganan los republicanos, será un voto de confianza a Trump quien seguramente redoblara sus acciones de gobierno haciéndolas más extremas, pero si las pierden, Donald Trump tendrá que sujetarse a las limitaciones que desde una, o las dos cámaras le impongan, salvo que no lo haga y se haga acreedor a un impeachment (proceso de destitución o juicio político), que allá, si se los hacen efectivos a los ejecutivos federales.
Así el panorama, anotaré que las cosas no pintan nada bien para el partido Republicano y sus candidatos a ambas cámaras. Tanto la de Representantes, y posiblemente también el Senado, podrían volver a cambiar de manos a partir de los resultados del martes 3 de noviembre. Las últimas encuestas de la primera semana de agosto dan ventaja a los candidatos (as) del partido Demócrata para recuperar la cámara baja con una ventaja de más de 7 puntos, precisamente porque lo votantes muestran una gran preocupación por el alto costo de la vida y la inflación, primordialmente, mientras que para el Senado la competencia está muy cerrada, aunque hay que anotar que hace un año los republicanos no tenían ningún problema para ganarlo, y hoy, debido a la impopularidad de Donald Trump, se ha cerrado la competencia con los demócratas y corren el peligro que puedan perderlo por uno o dos senadores –51-49, o 52-48- y ganarla estos
últimos, y de esa forma perder los republicanos ambas, y meter en un verdadero atolladero a Donald Trump.
Previo al inicio del mes de noviembre escribiré como el actuar del presidente Trump influirá sobremanera en los resultados de esas elecciones. |
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