| Pozo Krem-1 de Pemex: la explosión en Las Choapas que impactó la vida de comunidades al sur de Veracruz. | ||||||
| A casi 4 meses de la explosión del pozo Krem-1 de Pemex, habitantes de Las Choapas denuncian afectaciones a la salud, contaminación del agua y pérdidas agrícolas. Aunque la petrolera asegura que no hay riesgos para la población, las comunidades al sur de Veracruz reclaman atención y estudios independientes. | ||||||
| Lunes 29 de Junio de 2026 | ||||||
| Por: animalpolitico.com | ||||||
Una neblina espesa y persistente, y una enorme columna de humo siguen siendo la evidencia más palpable de la forma en que un incidente en la búsqueda de gas natural en la zona, impactó la salud, contaminó el agua y se llevó la paz de comunidades como El Nacimiento, Francisco Villa, Plan de Iguala y muchas poblaciones rurales cercanas. Las familias afectadas conviven con gases que les provocaron enfermedades respiratorias, aceites que contaminan sus arroyos y padecen las consecuencias por las pérdidas de los cultivos que se echaron a perder. “A partir del 5 de marzo, que fue la fecha prácticamente que explota el pozo, desde ahí para acá nosotros hemos sentido un cambio”, narra Cruz Manueles, habitante de El Nacimiento. “Todos con tos, gripa, dolor de garganta; la mayoría de nuestros niños, nuestros ancianos, mucho dolor de cabeza, mucho asco, irritación de los ojos, molestias”, detalla. Además de padecer estas afectaciones, las comunidades sostienen una lucha para que Petróleos Mexicanos reconozca los daños que —aseguran— hasta ahora la empresa del Estado se niega a aceptar. El día de la explosión, el estruendo, el fuego y los olores provocaron la evacuación de varias poblaciones asentadas a unos cuantos kilómetros del sitio. Las familias fueron trasladadas a albergues temporales con la promesa de que al regresar todo estaría resuelto. Pero no fue cierto. Desde las comunidades aún se observa la columna de fuego y humo, y el precio de la emergencia lo sigue pagando la población con su salud. “Es la rasquera del pescuezo, una tosecita, una chorreadera de la nariz, me lagañean los ojos”, cuenta Martín Ramos, comisariado ejidal de Plan de Iguala. Todas las personas de la zona reportan lo mismo: dolor en la garganta que no se quita con ningún remedio, tos constante y gripa que se agrava por las noches. No hay un nombre para la enfermedad y tampoco saben qué secuelas les dejará en el futuro. El impacto real contra la versión de Pemex De acuerdo con lo que dio a conocer Petróleos Mexicanos el pasado 12 de junio, la empresa “concluyó los trabajos de infraestructura necesarios para atender la contingencia operativa en el pozo Krem-1, entre los que destacan obras hidráulicas para asegurar el flujo continuo de agua, el manejo seguro de fluidos, así como áreas para operaciones, almacenamiento y logística”. A pesar de los testimonios de daños a la salud entre habitantes de comunidades cercanas al pozo donde ocurrió la explosión, Petróleos Mexicanos afirmó también en su comunicado que “los resultados de los análisis de calidad del aire indican que las concentraciones de los contaminantes atmosféricos no superan los límites permisibles establecidos en la normatividad vigente, particularmente para ácido sulfhídrico, dióxido de azufre, ozono, monóxido de carbono y dióxido de nitrógeno”. Asimismo, destacó que aunque “no existen asentamientos humanos en el área inmediata al evento” (…) Pemex mantiene servicios de atención médica móvil y de apoyo a la comunidad, asociados a la atención de la emergencia, en beneficio de la población de Las Choapas.” Sin embargo, la situación que viven las comunidades afectadas difiere de la versión oficial. El humo se esparce hacia poblaciones que están a entre tres y siete kilómetros de distancia del pozo. Asimismo, las zonas de cultivo y algunas casas aisladas se encuentran a menos de un kilómetro de donde fue el estallido. “Aquí en mi congregación son 10 mil las personas que represento yo, que están afectadas directamente por el aire y la contaminación por el Krem-1”, señala Clemente Pardo Zavala, agente municipal de la congregación Pedregal que agrupa 37 comunidades. Sobre los servicios de atención médica móvil que mencionó Pemex, pobladores reportan que sí acuden a los sitios, pero en ningún momento les han realizado una revisión real y tampoco llevan medicamentos. “Como había mucha gripa, nos dijeron que venía la caravana y estábamos contentos porque iba a traer medicinas para la gripa, el dolor de cabeza, el ardor de ojos. Y sí, muchos doctores, pero vinieron para dar paracetamol y no nada más a uno, como a 300 personas, paracetamol y si no tenían otros medicamentos nos daban la receta”, dijo Leobardo Huerta de El Nacimiento. El Krem-1 era un pozo exploratorio con el que Pemex buscaba confirmar recursos prospectivos en la Cuenca del Sureste. De acuerdo con la ahora extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos, el proyecto estimaba incorporar 51 millones de barriles de petróleo crudo y el equivalente de gas y condensado, mediante perforaciones de entre 3 mil 390 y 3 mil 700 metros de profundidad. Durante la planeación de estos trabajos, Pemex evaluó los riesgos, identificó los escurrimientos de agua que pasaban por donde estaría el pozo y consideró el peor escenario; todo lo peor que podría pasar, sucedió. Aun así, en su comunicado público, la empresa en todo momento negó que se pudiera afectar a las comunidades cercanas, ni siquiera por las ondas expansivas. La realidad ha sido distinta. Sin agua no hay vida Una maltratada barrera naranja atraviesa el Arroyo Grande en El Nacimiento. Según quienes habitan la zona, fue un intento de Pemex para contener los aceites y sustancias viscosas que contaminaron todos los arroyos. Pero fue fallido, pues el derrame cubrió todos los cuerpos de agua, mató peces y dejó a quienes ahí viven sin el líquido para beber. Los derrames comenzaron unos días después de la explosión. De pronto las personas de la zona se dieron cuenta de que ya no era solo el olor, el humo y el sonido, sino que también el agua estaba siendo afectada. “Aquí se tomaba el agua, nos bañábamos, lavaba el ama de casa. La mayoría de la gente, en estos tiempos de sequía, a través de bomba y manguera jalaban el agua a su casa. Hoy ya no se puede. Hoy, por lo menos, cada persona necesita comprar el agua de Las Choapas”, cuenta Cruz Manueles. Cuando fracasó el intento de contener los líquidos, el personal simplemente abandonó las barreras, pero en la zona las personas aún sacan una especie de lodo aceitoso con olor a hidrocarburo que para las comunidades significa que aún no pueden volver a beber su agua. Pemex no se ha pronunciado oficialmente por esta contaminación. Manuel Solís describe que cuando el agua parecía menos sucia, logró con mucha dificultad obtener un par de pescados para comer, pero al primer bocado sintió el sabor a petróleo y un olor desagradable. El experimento lo repitieron otras personas y se encontraron con el mismo resultado. La zona está cubierta de arroyos y pequeños escurrimientos que atraviesan las comunidades y que eran el abasto de agua para la población. También sirven de riego natural de los sembradíos cercanos. Hoy, son varios los que se encuentran contaminados. Esos cuerpos de agua tampoco sirven para el cultivo. Las milpas que estaban junto se secaron o no dieron maíz y los árboles frutales tiraron toda la cosecha. El problema, señala Rodolfo Ovando, del Ejido Francisco Villa, es que toda la zona se encuentra sin cosechas y con cultivos muertos, lo que —considera— se debe a la contaminación del agua y del aire. “Yo me dedico al limón, la piña, la papaya y todo lo que es el campo, la agricultura. Y todo, así como va floreando, se va pudriendo, se va cayendo: el mango, la naranja, el limón. Todo”, afirma. Ovando añade que también se han presentado abortos en ganado vacuno en una cantidad sin igual. En otros terrenos, como el de Rocío Lázaro, ni siquiera se puede trabajar, pues —dice— se encuentran a menos de un kilómetro del pozo Krem-1. Allí, el olor, el humo, el sonido y el calor vuelven imposible permanecer. Aun así, ella y su papá de 80 años lo intentan con los riesgos que conlleva. Atención y ayuda, la exigencia de las comunidades Las personas de la región están enojadas. Les cuesta creer que a casi cuatro meses no hayan tenido ayuda, atención y, sobre todo, una solución a un problema que Pemex debió prever que podría suceder. Por las noches, señala Leobardo, el sonido del pozo quemándose es tan fuerte que hace vibrar las casas y no permite dormir. Él y algunas otras personas optan por salir a los patios o meterse a casitas de madera, mientras se mantienen alerta por lo que pueda pasar. Así están todas las personas, en alerta, esperando que termine la emergencia que no es reconocida por las autoridades. El pasado 16 de junio murió el trabajador de una empresa contratista que trabajaba para Pemex en el pozo Krem-1. Aunque la empresa estatal aseguró que fue por condiciones médicas previas, solo sumó miedo a la población de por sí afectada; los habitantes temen que hayan sido los gases los que provocaron el fallecimiento. A sus preocupaciones se suma que aun cuando acabe el humo, no finalice el verdadero problema. “La verdad, pensamos en las situaciones que puedan pasar o que podamos sufrir. No ahorita, sino a largo plazo. Nosotros quisiéramos que, pues por lo menos alguien viniera y le sacara un estudio del agua y dijera: ‘no, pues sí, sin problema’. Porque Pemex dice ‘no hay ningún problema’. Aun el propio gobierno dice que todo está controlado, pero definitivamente no le podemos creer”, afirma Cruz Manueles mientras observa la gran columna de humo. Por eso, piden apoyo de las autoridades y a la comunidad científica, que hagan estudios y análisis reales, para conocer cuáles serán las afectaciones que tendrán a largo plazo. Por eso piden dejar de ser el daño colateral olvidado de la explosión del Krem-1, el pozo de gas que les cambió la vida. |
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