| Advierten crisis pedagógica en México por 'apagón' educativo y desconexión social. | ||||||
| Así lo plantean docentes que forman parte de proyectos educativos populares, quienes refieren y reafirman ideas de filósofos como Jean-Claude Michéa, Marx, Hegel y Theodor Adorno, entre otros. | ||||||
| Domingo 31 de Mayo de 2026 | ||||||
| Por: La Jornada | ||||||
Así lo plantean docentes que forman parte de proyectos educativos populares, quienes refieren y reafirman ideas de filósofos como Jean-Claude Michéa, Marx, Hegel y Theodor Adorno, entre otros. Sus posturas fueron expuestas durante el Conversatorio Alternativas desde la Praxis Educativa para la Reflexión del Campo Pedagógico en México, organizado por la unidad de posgrado de la FES Acatlán. Congregados en el auditorio del campus de maestrías y doctorados de este plantel de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ponentes, profesores y estudiantes de posgrado en Pedagogía dialogaron sobre las alternativas y su relación con el modelo educativo impulsado desde la Nueva Escuela Mexicana (NEM). Benjamín Berlanga Gallardo, fundador y director de la Universidad Campesina Indígena en Red, de la Sierra Norte de Puebla; Marco Antonio López Cortés, impulsor de Talleres de Filosofía en prisiones del Valle de México, y Juan Luis Isunza Hernández, director del Centro de Bachillerato Tecnológico número 1 de Nezahualcóyotl, expusieron su experiencia con proyectos educativos en Puebla, la Ciudad de México y el Estado de México. Juan Luis Isunza, quien también forma parte de la organización magisterial Sector Educativo Independiente (SEI), partió de la interrogante: ¿para qué sirve la pedagogía? El académico asegura que este campo del conocimiento ha dejado de cuestionarse por la vida humana y comenzó a obsesionarse con la administración eficiente del sujeto. “Me parece que hoy enfrentamos esa paradoja. Tenemos más tecnología, más plataformas, más métricas, más sistemas de evaluación; pero cada vez las sociedades están más cansadas emocionalmente, más desgastadas”. El también doctor en Ciencias de la Educación consideró fundamental enfocar la pedagogía hacia el territorio como un espacio que produce memoria, identidad, afectos, formas de sobrevivencia y modelos específicos de experimentar la desigualdad, a manera de una resistencia pedagógica. “La educación sigue siendo una disputa ética, política y cultural por la producción de sujetos y por la posibilidad de construir formas de vida menos subordinadas hacia el individualismo, al agotamiento y a la lógica del rendimiento permanente. Y quizá las escuelas populares no puedan derrotar, por sí solas, al capitalismo contemporáneo, pero todavía pueden impedir que la vida quede completamente reducida a rendimiento, competencia y agotamiento”. Para Benjamín Berlanga, la urgencia radica en implementar contra pedagogías. Advirtió que mantenerse encerrado en la idea del triángulo pedagógico —donde todo gira en torno al docente-estudiante-saberes— ya no tiene sentido porque, haciendo referencia al teórico francés, “las escuelas se están convirtiendo en una inmensa fábrica de producción de ignorancia”. Las actuales generaciones viven en una crisis pedagógica porque hay un apagón, una desconexión en el sistema educativo y en la vida cotidiana donde se ha perdido la capacidad de crear y de sostener las redes de transmisión del saber popular. A través de las contra pedagogías, sostuvo, debe hacerse frente a las pedagogías de la crueldad, del exterminio, del algoritmo y de las aplicaciones orquestadas por la pedagogía de la comunidad del capital. “Esta quiere una comunidad de relaciones formales, de votaciones, de derivaciones, de democracias, que termina siendo petrificante. En cambio, una contra pedagogía de la comunidad plantea la pregunta: ¿cómo construimos y hacemos comunes juntos para cambiarnos la vida?”. Berlanga Gallardo asume la posibilidad de abrir grietas y pensar con las contra pedagogías sobre lo que está ocurriendo y cómo el sistema quiere educar desde la nube y desde el celular, para así deshacerse de los profesores a quienes, además, hay que pagarles un salario. “Las contra pedagogías tienen que ser contra las pedagogías del deseo. Si nosotros seguimos insistiendo en educar en la conciencia crítica a los jóvenes para que cambien el mundo, ¡hueva! ¡A los jóvenes, hueva total! Los jóvenes saben que este mundo está jodido, pero no encuentran la forma de canalizar su ira, no encuentran la forma de canalizar su miedo, su coraje, porque nosotros tampoco”. Finalmente, Marco Antonio López habló de cómo la experiencia de reflexionar a través de talleres de filosofía con población en reclusión le ha permitido atender en el exterior lo que nadie quiere atender en las escuelas: trabajar con jóvenes inquietos y rebeldes a quienes preferentemente se les excluye, se les reprueba y se les corre de la escuela. Desde su experiencia, ha llegado a la conclusión de que la cárcel y la escuela no son muy diferentes, porque ambas excluyen y no atienden a los estudiantes problemáticos, cuando los alumnos más rebeldes e inquietos, por lo regular, son los más violentados desde casa y la sociedad. De esta manera, estudiantes de posgrado en Pedagogía, docentes y ponentes conocieron los proyectos educativos populares y pudieron intercambiar ideas a lo largo de dos horas. La idea, consideraron alumnos y docentes de la FES Acatlán, es invitar a pensar, a partir de las experiencias prácticas, las implicaciones que tienen las críticas y las prácticas pedagógicas en la producción de opciones que respondan a los complejos desafíos en un contexto de crisis, cambios y violencia como el que se vive en la actualidad. |
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