De Veracruz al mundo
KAIRÓS
Francisco Montfort Guillén
2026-10-22 / 07:19:47
Crisis y desgracia


Francisco Montfort Guillén



Espectaculares protestas sacuden a Europa. Problemas de aparente sencillas

soluciones, han hecho salir a las calles a protestar sobre todo a los jóvenes.

Vistos los hechos y en donde suceden, se pensaría en una etapa de inicios

revolucionarios. La verdad es que, sin negar que existen problemas en esos

países, la magnitud de sus males es incomparablemente menor a los problemas

que enfrenta México. Los europeos no tienen a revolucionarios en sus calles, sino

acaso revoltosos que son alimentados por algunos profesionales de las

manifestaciones violentas. Sus movimientos no tienen el aire refrescante de los

rebeldes que sueñan con reivindicaciones profundas que ayuden a “cambiar la

vida” como quería el gran rebelde universal de la poesía Arthur Rimbaud. Lo que si

muestran es el aire furioso del rencor en contra de los símbolos del poder

económico y del prestigio social de ciertos grupos sociales. Es la ira por saberse

excluidos de los grandes placeres que ha creado un sistema que, si bien ha

sacado de la pobreza a millones y millones de personas en todo el mundo, todavía

es incapaz de ofrecer la misma alta calidad de bienestar a todos los habitantes de

cada nación.

Lo curioso es que buscan una mítica igualdad social, un ascenso que no se puede

obtener inmediatamente si no es a base de grandes sacrificios y siendo

portadores, genéticamente, de propiedades personales intelectuales y físicas, que

los hagan destacar en este mundo de competencias exigibles y comprobables, de

competitividad creciente, de inventiva demostrable, y de buena suerte para triunfar

si no se está respaldado por una herencia económica y de buenas relaciones

familiares.

Así que los países europeos tienen las bases y los elementos suficientes para

encarar estas protestas legítimas y resolver las demandas de ciudadanos que

hacen del rencor de los excluidos las bases para el triunfo de fuerzas políticas

situadas en los extremos ideológicos que se les hace fácil prometer que dichas

fuerzas si tienen la llave mágica para crear paraísos artificiales, ready made, sin

más esfuerzo que depositar su voto en las urnas, hacer crecer los descontentos y

las amarguras de quienes están excluidos del bienestar de los millonarios. Cada

país tendrá que enfrentar sus problemas de acuerdo con sus capacidades reales y

no a sus fantasías de crear los ya dichos “paraísos artificiales”. Todas las

naciones del mundo reconocen las ventajas de estabilidad política y

homogeneidad social y cultural que han alcanzado los países escandinavos, pero

no todos han hallado la fórmula para encadenar a su Estado a los deseos de sus

sociedades. El ejemplo está. Pero no todas las clases políticas están dispuestas a

actuar con profesionalismo, respeto a las leyes, honestidad y honorabilidad. Y



























mientras una nación carezca de seres humanos dedicados a la política con esa

extrema capacidad ética y profesional, se pasará la historia dando tumbos y

gritándose culpas, unos a otros, de los fracasos continuos de unos y otros.

También en México tenemos crisis. También tenemos una clase política que es un

fracaso. Los de antes y los de ahora. Y aunque parecía que México había

encontrado los mecanismos suficientes para encadenar al Estado al cumplimiento

de las leyes y a los deseos de todos los grupos sociales del país, con el cambio

electoral de 2018 despertó de sus sueños para enfrentar su cruda realidad. En

este mundo interconectado, que ha hecho de la autonomía una nueva cualidad

emergente, sostenida por redes con nodos nacionales, reconociendo, aceptando y

negociando las insustituibles dependencias entre sociedades y economías

complementarias, aunque mutuamente competidoras y con interés

contradictorios, que obligan a la eterna negociación y a la eterna superación

nacional de sus fuerzas productivas (en realidad, en la producción de seres

humanos cada día superiores intelectual y físicamente), en este marco pues, la

sociedad mexicana aceptó la oferta de un mediocre “mesías tropical” que le

ofreció la concreción de ese paraíso tropical, el edén, El Dorado, en un México que

apenas había podido construir un frágil primer andamio para amarrar algunas de

las garras del Leviathan dictatorial que había hecho y deshecho, al antojo de sus

presidentes, un país contrahecho, con logros y carencias notables.

Y llegó de nuevo el Leviathan de corte fascista. Y de inmediato destruyó la

disposición de someter sus conductas al cumplimiento de las leyes. Y

rápidamente puso toda su energía en construir inútiles templos para la adoración

permanente y eterna del gran “mesías tropical”. Y convocó, no a los pobres a

cogobernar, sino a los resentidos, a los excluidos del primer gran círculo del Poder

Fascista, a la Corte Populista que por fin dieron rienda suelta a sus amarguras, sus

desprecios, sus descalificaciones, sus frustraciones. Y empezó la gran fiesta de

las improvisaciones, los errores, equivocaciones con sus excusas para culpar a

los otros, a los despreciables “fifís”, los horrendos liberales que los habían

excluido precisamente por incapaces, por rateros, por débiles intelectualmente sin

darse cuenta de que habían sido ellos mismos los responsables por no entender

los cambios mundiales y demandas de los mexicanos: terminar con el Leviatán

priista y aumentar las nuevas exigencias profesionales y académicas para

gobernar mejor. Pero ahora, gracias a la oferta del paraíso del que solo reciben

unos cuantos pesos, los nuevos gobernantes pueden hacer del servicio público lo

que quieran.

El gobierno se endeuda, entre otras cosas, para sacar adelante a PEMEX, mientras

los mismos funcionarios, en alianza con su nuevo sector político, la criminalidad

organizada, comete los robos más grandes de la historia precisamente robando al

fisco con los productos petroleros. Deuda para sacar a flote a la paraestatal y al

mismo tiempo robos históricos a la paraestatal para mantener, entre otras cosas,



























los flujos de dinero para pagar campañas políticas y ganar elecciones.

El gobierno destruye la organización y operación medianamente eficiente del

sector salud, argumentando una “enorme corrupción”, que nunca demostró ni

castigó, con la compra y distribución de insumos médicos, hospitalarios y de

clínicas, incluyendo la compra y distribución de medicamentos. Jugoso negocio

de miles de millones de pesos. Ahora el negocio es de los “redentores” del

sistema político, que además de hacerse del negocio médico, han hundido el

sistema de salud, provocando miles de tragedias humanas (muertes, angustias,

sufrimientos corporales y sentimentales). Se hicieron del negocio y dejaron sin

servicios de salud sobre todo a quienes dicen representar: a los más pobres que,

ellos sí, siguen siendo los verdaderos excluidos del sistema.

Los dramas de México no han constituido una verdadera crisis de sistema, pero

no por eso son problemas menores. Si los mexicanos no están en las calles

vandalizando tiendas y edificios públicos es porque los profesionales de la

protesta y la vandalización son agentes que pertenecen a la izquierda real y a los

integrantes de Morena, pues el resto de los mexicanos todavía creen en sus

instituciones y piensan que electoralmente esto puede ser corregido. Las

protestas de algunos médicos que pretenden hacer una manifestación nacional

para resolver los problemas de su sector merecen todo el apoyo de los demás

mexicanos que puede expresarse por diferentes vías, no sólo con las marchas.

Que las protestas sean por el momento sectoriales no significa que en México no

se viva una gran crisis. Esta es la existencia silenciosa de la calidad de la

educación en todos sus niveles junto con la existencia escandalosa de la violencia

derivada de la decisión del “mesías tropical” de haber hecho del crimen

organizado un actor político que incide en la vida nacional de los mexicanos. Las

crisis pues, son numerosas. La desgracia, la gran desgracia es que haya vuelto a

gobernar el incompetente Leviatán absolutista, el gobierno fascista de Morena.

francisco.montfort@gmail.com













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