| KAIRÓS |
| Francisco Montfort Guillén |
| 2025-09-24 /
15:41:16 |
| La democracia nueva |
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Francisco Montfort Guillén
Los equilibrios entre la sociedad civil, la sociedad polÃtica y el Estado mexicanos se han roto. Han sido destrozados a favor del Estado. Un Estado voluntarista, decisionista, centralizado férreamente en la figura del hombre providencial y en parte en la figura del presidente. Sin Poder Judicial autónomo, sin poderes federales, sin instituciones democráticas que aseguren el voto libre y el juego de mayorÃas en el ejercicio del poder, sin libertad de la Cámara de Diputados ni de la Cámara de Senadores se ha reconstruido una nueva dictadura.
Hacer frente a esta nueva dictadura demanda acciones novedosas para construir, en consecuencia, una nueva democracia. Requerimos de la acción colectiva para imaginar sus componentes. Ya tenemos la base: luchar contra un poder absolutista, populista, autoritario. Pero requerimos de nuestra imaginación para proponer un nuevo acuerdo nacional que redefina las relaciones democráticas entre la sociedad civil, la sociedad polÃtica y el Estado.
Por el momento el debate continúa centrado en demostrar la pérdida de la democracia construida, en calificar correctamente el poder del nuevo gobierno; por nuestra cultura presidencialista, nos enfocamos en demandar que la actual titular de la presidencia luche y obtenga todo el poder, compartido a fuerzas con su antecesor y guÃa espiritual, moral y polÃtico, en lugar de combatir esa herencia cultural perniciosa que nubla las mentes para poder pensar un futuro distinto al que ofrece Morena.
Requerimos ir más allá de una idea liberal de contar solo con elecciones libres confiables, en donde interviene un mercado polÃtico abierto dominado por el mercado y sus prácticas de marketing polÃtico. A esta cualidad debemos agregar elementos de la convivencia entre individuos y grupos diferentes que no sólo se aceptan mutuamente, sino que dialogan sobre problemas comunes con visiones diferentes y soluciones distintas y contradictorias en busca de un bien común.
Habrá que cambiar la lógica de los nuevos aparatos autocráticos dominantes, tales que el nuevo Poder Judicial, los organismos electorales administrativos y legales, el sustento de la sociedad polÃtica que son los poderes legislativos, la Guardia Nacional militarizada, las nuevas funciones encargadas a las fuerzas armadas y un nuevo factor de lucha imperativa: erradicar desde su base las relaciones de los grupos criminales con las autoridades gubernamentales, los grupos polÃticos y los grupos empresariales que hacen imposible llamar democrático al nuevo régimen de Morena.
Una democracia nueva sólo será posible si resolvemos de antemano dos problemas que son competencia de la idea de desarrollo. Desmantelar la reproducción incesante del <> que ahora engendra a los empresarios morenistas en asociación con los poderes polÃticos. Y además reducir a su mÃnima expresión la llamada <> incorporando a la seguridad social y al sistema tributario a la mayor parte de la población económicamente activa de México. En este aspecto ya existe, desde hace tiempo una propuesta de Santiago Levy que no ha prosperado, en gran parte, por envidias y grillas polÃticas. Pero no partirÃamos de cero.
La lucha será, entonces, en contra el modelo morenista: un régimen encerrado en sà mismo, sustentado en grupos auto referenciados de nacionalistas a ultranza, con polÃticos que solo buscan enriquecerse gracias a ese <> y directamente de la corrupción y el patrimonialismo de los presupuestos públicos, con minorÃas culturales que solo buscan refugiarse en un pasado idÃlico y olvidarse del presente/futuro, ya en gran parte dirigido por la Inteligencia Artificial, la manufactura (en realidad tecnofactura) robotizada, miniaturizada y nuevos avances de la ciencia y la tecnologÃa de innovaciones permanentes y cambios constantes.
Estas asignaciones conllevan nuevas ideas de modernización de los seres humanos. Es decir, necesitamos pensar también en una nueva sociedad civil. Ya no es la lucha universal por imponer a los ciudadanos la idea de nación sobre la idea de los pueblos originarios y sus tradiciones, y el nacionalismo o cultura nacional como identidad colectiva, tareas realizadas a cabalidad por las variantes del PRI con sus respectivos gobiernos.
Estamos en la etapa de generar una democracia cultural que une futuro con pasado, pero con respeto del Estado de derecho, de las identidades culturales de género, de la nueva identidad femenina que actúa en diversos y diferentes escenarios con libertad, igualdad y respeto, de aceptación a las reivindicaciones de los grupos LGBTTT, de los grupos de lucha por los derechos humanos, de los grupos que se interesan por el cuidado del medio ambiente, por los seres humanos desaparecidos, por los seres humanos asesinados no identificados y en general por las vÃctimas humanas de la guerra en contra del narcotráfico, etc.
La democracia nueva mexicana demanda pensar en la renovación cabal de su sociedad polÃtica, sin duda la mayor responsable del atentado en contra de la democracia liberal construida durante los últimos treinta años. La sociedad polÃtica, al tiempo que hacÃa realidad la democracia liberal, quiso conservar sus privilegios heredados de la dictadura perfecta (Mario Vargas Llosa dixit). Esta actitud contradictoria entre modernidad y conservadurismo de la clase polÃtica le impidió construir su propia libertad, respecto del Estado y respecto de la sociedad civil, para servir de mediador confiable entre las demandas de la sociedad y los objetivos de los gobernantes, en el régimen presidencialista en el cual vivimos.
Los partidos polÃticos gozan de una partida especial en sus presupuestos, que les otorga el INE, para realizar actividades de activismo polÃtico de enseñanza de las virtudes de la democracia, de las cuales nunca entregan resultados. Durante la etapa del IFE y los institutos locales autónomos se realizó un gran esfuerzo de difusión y de concientización de los valores y actitudes democráticas que al parecer fueron suprimidas.
Los gobernadores del PRI organizaron la CONAGO como respuesta al arribo del PAN a la presidencia de la república. De esta manera, los diputados y senadores se convirtieron, cabalmente, en representantes del gobernador y de su partido, sin considerar para nada la representación ciudadana que los empodera con sus votos. Perdieron su libertad para representar a los ciudadanos, y aunque ganaron libertad respecto del presidente de oposición, no la ganaron para impulsar nuevas leyes en favor de la ciudadanÃa, sino que defendieron sus privilegios. Y los diputados del PAN se convirtieron en soldados de su presidente y también se olvidaron de la ciudadanÃa. Recordemos que fueron Beatriz Paredes y Enrique Jackson quienes impidieron la reforma fiscal propuesta por Vicente Fox con engaños y estafas polÃticas. Finalmente, la mayor parte de la clase polÃtica decidió enlistarse en Morena (mayoritariamente las huestes del PRI), a cambio de privilegios, que luchar en sus partidos para mantener la diversidad polÃtica.
La democracia nueva de México requiere tanto de una nueva clase polÃtica como de una nueva sociedad civil para reformar el Estado. El presente es un escenario pesimista en donde la oposición carece de voz social para convencer a un mayor número de ciudadanos de la necesidad de construir otra cultura polÃtica opuesta a la que nos ofrece Morena. Una nueva polÃtica que realmente luche por deslindar a la clase polÃtica y a la clase empresarial de las actitudes ilegales de las mafias que se adueñan del territorio nacional y fortalecen sus alianzas con la clase polÃtica. Por eso la iniciativa de esta lucha debe provenir del ciudadano, del ser humano que defiende su individualidad y busca cambiar su entorno de manera grupal, y de los grupos sociales modernos de la sociedad civil. Qué parto tan difÃcil.
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