De Veracruz al mundo
RAÚL VÁZQUEZ MONTOYA
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2026-09-20 / 14:07:18
Intereses de partidos frente a la exigencia ciudadana.
A menos de un año de las elecciones de 2027, la política mexicana se mueve entre dos pulsos opuestos. El primero, marcado por las conveniencias de los partidos, que se dividen en cinco objetivos fundamentales: obtener votos, mantener el registro, acceder al poder mediante cuotas de poder, redes de control político y acceso al presupuesto público.

La dinámica actual ha convertido a los partidos en maquinarias electorales, obsesionadas con mantener prerrogativas, escaños y gobiernos.

Los partidos operan bajo el ciclo electoral de las campañas y se obsesionan con mantener el registro, las prerrogativas, escaños y gobiernos.

El segundo pulso, en contraste, se ubica en la realidad inmediata: los problemas cotidianos más graves que angustian a la población -inseguridad pública, colapso de sistemas de salud y educación, agua, empleo, pensiones, vivienda, migración, impunidad y corrupción- requieren políticas públicas. Sin embargo, los partidos prefieren optar por soluciones superficiales: programas clientelares o promesas de campaña de impacto rápido pero inviables.

La conveniencia de las coaliciones electorales implica que dos o más partidos registren oficialmente ante el INE u OPLE una candidatura común. Ante el temor de perder elecciones y el registro, se alían para sobrevivir, esperando que el socio mayoritario les sume votos y ceda distritos suficientes para superar el umbral mínimo legal.

El elector, sin embargo, observa con escepticismo estas candidaturas, propuestas y acciones de la partidocracia: falta de renovación de liderazgos, candidatos reciclados e impresentables de un pasado que ya no convence.

Morena y sus aliados enfrentan el reto de conservar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados Federal y mantener las trece gubernaturas y la mayoría de los Congresos Locales y capitales municipales. La coalición gobernante llega como primera fuerza electoral y parte como favorita en los 13 estados que controla. La oposición aparece como favorita en los 4 estados que gobierna, aunque no puede anticiparse un ganador en todo.

Morena sigue tomando ventaja electoral al postular, hasta ahora, a 10 de las 17 personas como “Coordinadoras Estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”, excluyendo a sus aliados PVEM y PT. De esos perfiles, 6 ya pasaron por la contienda de senadores. Además, la estrategia busca hacer responsable al gobernador de la elección, al tratarse de figuras cercanas a él.

El PAN conserva estructura territorial y aparece en segunda posición, mientras Movimiento Ciudadano disputa el tercer sitio. El PRI probablemente ocupará la cuarta posición. Los partidos de oposición deberán reinventarse para sobrevivir ante un electorado dispuesto a devorarlos.

El electorado muestra una fractura: uno de cada dos ciudadanos decide no votar en las elecciones intermedias. Del 50% que sí participa, entre el 3 y 5% anula su sufragio. En este escenario, Morena encabeza la intención de voto con alrededor del 40%, lo que equivale a unos 20 millones de electores de un padrón superior a 100 millones: apenas uno de cada cinco respalda al partido en el poder. PAN, PRI y Movimiento Ciudadano aparecen rezagados, lejos de disputar la primera línea.

El escenario que dibujan los electores es el de una elección de tercios: Morena rondando el 40% de las preferencias, el PAN como segunda opción y un 20% de ciudadanos sin intención definida. Este segmento volátil puede inclinar la balanza en un tablero político donde ningún partido parece capaz de superar por sí solo la barrera del 40%.

En este contexto, sería una estrategia equivocada repetir la historia de una alianza nacional entre PAN y PRI que solo busca votos sin un proyecto compartido y termina en fracaso. La aritmética de los votos no equivale a una suma automática: los electores rara vez trasladan su preferencia de un partido a otro. Cuando una coalición une fuerzas históricamente opuestas, lo que genera no es confianza sino rechazo ciudadano. En vez de fortalecer a la alianza, esa suma artificial abre el paso a un solo puntero.

La lectura correcta pasa por construir alianzas parciales -estatales, distritales y municipales- sustentadas en candidaturas competitivas y liderazgos de trayectoria reconocida, acompañadas de movimientos sociales que amplíen la base electoral y atraigan a votantes independientes y moderados en cada territorio.

Una elección de tercios podría derivar en un Congreso sin mayoría absoluta (50% más uno de los 500 diputados federales), y mucho menos en una mayoría calificada (dos terceras partes). El resultado sería un equilibrio de poderes que obligue a la negociación entre Ejecutivo y Legislativo.

La incógnita sigue abierta: ¿quién logrará consolidarse como la tercera vía? ¿Movimiento Ciudadano, que capitaliza el discurso de renovación, o un PRI debilitado y rechazado, pero aún con presencia territorial? La respuesta dependerá de si presentan candidaturas competitivas con figuras intachables o si recurren al menú de siempre.

El reacomodo del ajedrez político es evidente: el PRI podría ser desplazado como cuarta fuerza, con un histórico porcentaje menor a dos dígitos de la votación total y pérdida de registro en varias entidades. La sobrevivencia de partidos menores como PVEM, PT, SOMOS y PAZ dependerá de conservar el registro.

Las elecciones parecen jugarse en dos ligas: la del abstencionismo alto, que llena las gradas de silencio, y la de los partidos anclados al pasado, que apenas calientan la banca. En la tabla, Morena aparece como puntero con ventaja clara, mientras tres equipos muy lejanos disputan un segundo lugar que sabe a consuelo. El resto, como clubes de baja tabla, apenas lucha por mantener el registro, evitando el descenso político.

El electorado está hablando con claridad: pluralidad, hartazgo y desconfianza. El verdadero clásico no se juega entre colores, sino entre la apatía ciudadana y la credibilidad política.

La diferencia será la cantidad de opciones políticas competitivas en la contienda.

¿Qué tipo de mayoría tendrá Morena y sus aliados en la Cámara: alcanzarán la mayoría absoluta o una mayoría simple?

Como decía el narrador Ángel Fernández: “Usted está viendo lo que yo estoy viendo”. Y lo que vemos es un campeonato donde la mitad de la afición no entra al estadio, y los equipos tradicionales juegan como si fueran partidos amistosos. Esto no es fútbol de salón: es la liga de la democracia, y aquí se gana con votos, no con pases de abstencionismo.







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