Por Héctor Yunes Landa*
??????Aún la renuncia sería una inmerecida concesión. Sólo el cese fulminante y una investigación administrativa y judicial respecto de los crímenes cometidos serían un acto de justicia para Roberto Ramos Alor, el doctor muerte, como responsable de la salud de los veracruzanos.
Sólo la complicidad y un capricho personal podrían mantenerlo en el cargo, luego de que el propio IMSS Bienestar –en el que se desempeña como delegado en Veracruz- se ha desmarcado de sus dichos y desempeño. Sus disculpas sólo fueron un obligado acto de cinismo.
Su criminal negligencia ha provocado el desmantelamiento del sistema de salud en el estado, que cientos de los mejores médicos abandonen los hospitales, que se mantengan un criminal desabasto y que cientos de pacientes lo hayan pagado con la vida, como sucedió durante la pandemia.
Tan sólo en el Centro de Alta Especialidad de Xalapa (CAE) hay más de mil pacientes en espera de una cirugía, mientras Ramos Alor escupe a la cara de los médicos residentes: “pues si no quieren, no operen” ante la falta de insumos, al mismo tiempo que los amenaza con despedirlos, castigando sus evaluaciones.
¿Quién asumirá las consecuencias de eventuales conflictos de arbitraje médico por el desempeño de doctores que no cuentan siquiera con gasas en quirófanos en los que muchas veces ni el aire acondicionado funciona?
Pero, ¿quién es este oscuro personaje, el peor secretario de salud que ha tenido Veracruz? Es la historia de un lacayo servil, un adulador sin dignidad ni ética, cuya lisonja le ha abierto la puerta de cargos inmerecidos.
Hace 14 años, refugiado en una tienda de campaña durante el plantón en el paseo de la Reforma convocado por López Obrador, sin saberlo compraría el boleto premiado de la lotería.
Su paso por la SESVER durante el gobierno de Cuitláhuac García –el peor gobernador que ha tenido Veracruz- dejó irregularidades administrativas suficientes para llenar varias carpetas de investigación, entre ellas, más de 3 mil millones de pesos sin aclarar, según la Auditoría Superior de la Federación.
A las más de 17 mil muertes por el pésimo manejo de la pandemia, se sumaron en cascada contratos cuestionados, señalamientos por desabasto de medicamentos, problemas relacionados con tratamientos de hemodiálisis, medicamentos oncológicos próximos a caducar y una permanente confrontación con quienes se atrevían a señalar el desmantelamiento de los hospitales y centros de salud.
Lo demás ha sido un lamentable vodevil de desvaríos, insultos y desafíos en contra de familiares de pacientes, personal médico y medios de comunicación.
Quedan en su expediente las limpias antes de sus comparecencias en el Congreso; cuando “ningún chile les embona” a los reporteros por cuestionar el contrato a Abisalud; llamar traidores a la patria a médicos que recurrieron a amparos por no contar con insumos y la falta de reactivos para pruebas Covid; así como la caducidad de medicamentos oncológicos para niños con cáncer.
Hoy lo premian entregándole el sistema de salud de Veracruz. Su respuesta ante el criminal desabasto de medicamentos ha sido que todo se trata de una campaña de odio, envidia y mediocridad.
Pero un video desnudó la verdad: Ramos Alor no es un médico, es un criminal.
La puntita
La prueba PISA encueró a la Nueva Escuela Mexicana: es una gigantesca fábrica de analfabetas funcionales. Morena y su 4T lograron su propósito.
*Presidente de Alianza Generacional por Veracruz |
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