Por Héctor Yunes Landa
La semana pasada, trabajadores sindicalizados del Sector Salud de Veracruz tomaron las instalaciones de los 60 hospitales de la entidad, 800 centros de salud, 11 Jurisdicciones Sanitarias y las oficinas centrales de la dependencia.
Sus demandas son tan justas como específicas: garantizar un abasto suficiente y de calidad de insumos médicos, el rechazo del proceso de transferencia al IMSS-Bienestar, el pago de adeudos y la destitución de algunos funcionarios.
Es la realidad cotidiana de pacientes que llegan y no encuentran medicamentos, de familias que tienen que comprar lo que el sistema debería garantizar, de médicos y enfermeras que trabajan con lo mínimo, improvisando, resistiendo, haciendo lo imposible con recursos insuficientes.
Se trata de profesionales agotados, desmotivados, abandonados por una administración que exige resultados, pero no cumple con lo más básico: respetar a quienes están en la primera línea. Trabajadores sin pagos completos, sin certeza laboral, sin condiciones dignas. Personal eventual que sostiene el sistema sin reconocimiento ni estabilidad.
Hay quirófanos que no operan, equipos que no funcionan, unidades médicas rebasadas. El derecho a la salud se ha convertido, para muchos, en una promesa vacía.
Sólo la calidad humana, el profesionalismo y la capacidad del personal médico en Veracruz ha evitado que el sistema de salud colapse, dejando sin servicio a millones de veracruzanos.
El incumplimiento de los derechos laborales, la falta de insumos y el equipamiento no son un problema que nació ayer, que se arrastra desde el año pasado y que se ha agravado con el tiempo.
Esta es la segunda crisis que provoca el ‘patán de Sefiplan’, el poblano Miguel Reyes Hernández por el estrangulamiento financiero a la Secretaría de Salud. Lo mismo ocurrió durante el fin de año pasado, cuando los trabajadores tuvieron que esperar hasta el mes de enero para que fueran cubiertos sus pagos.
Justo la falta de pagos e insumos a los trabajadores fue lo que justificó la salida del secretario de salud, el prestigiado cardiólogo Valentín Herrera Alarcón, dejando la dependencia en manos de una nueva titular que resultó ser un florero sin agua y sin flores, según manifiesta el propio personal de salud.
El problema es que cuando nos habíamos curado del cáncer llamado Roberto Ramos Alor, el peor secretario de Salud que ha tenido Veracruz, nos encontramos que regresó al IMSS-Bienestar para convertirse en metástasis, usurpandoincluso la autoridad de la nueva titular de la Secretaría.
El desempeño del Roberto Ramos Alor ha estado marcado por la incompetencia, la polémica y el nepotismo. Ha vuelto la improvisación, el engaño a la propia gobernadora y el insulto que intenta ocultar la corrupción que nunca se ha combatido.
Seguiremos siendo testigos del espectáculo grotesco del sombrero que sustituye a la bata, del “ningún chile les embona”, de las limpias como una falta de respeto a los pueblos originarios, de acusar a los médicos de traidores y el desabasto endémico.
Hay que curar el cáncer que aqueja al sector salud de Veracruz desde hace ocho años.
La puntita
El reciente anuncio de la reestructuración de la deuda pública en Veracruz tiene dos mensajes ocultos: que Banobras es una banca de gobierno usurera, con intereses superiores a la banca comercial; y que la reestructuración de Cuitláhuac fue un embuste. De haberlo dicho la oposición, la respuesta chaira hubiera sido feroz. |
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