Sienta el viejo refranero popular, por qué tanto brinco, estando el suelo tan parejo.
Qué es lo que agobia el escenario nacional de que a un sujeto le hayan retirado la visa estadounidense, que desató el avispero político y ha puesto en la discusión nacional el tema.
¿Se trata acaso de un personaje de prosapia? ¿Alguien a quien deba defenderse envueltos en la bandera nacional?
Es tanta su arrolladora personalidad y su impacto en el mundo literario, económico, cultural, científico que resulta un agravio el que le hayan retirado la visa y no podrá viajar a Estados Unidos.
Acaso lo persigue indebidamente la justicia estadounidense y el gobierno mexicano tendrá que arroparlo, para impedir una injusticia.
Se trata de uno de tantos personajes que el gobierno del país vecino le echó la vista encima por sus declaraciones antiestadounidense.
Es una injusticia que lo privará de exponer en conferencias, sus cátedras que contribuyen al conocimiento humano en el vecino país.
Ahora no podrá llevar al mundo de los Estados Unidos su nutrida obra artística, ni podrá representar en escena obras de teatro o filmar películas, bajo su atinada dirección.
Quién es ese sujeto tan importante al que la Presidenta de México ha salido a defender, aunque tampoco se ha rasgado las vestiduras como lo han hecho otros personajes de la vida pública mexicana.
Uf, respira la gente que desconocía el tema. Se trata de uno más de los habitantes de México que ha sido privado de tan importante documento, que le impide visitar los Estados Unidos.
¿Y a qué querría ir este personaje a los Estados Unidos, además de pasear y enriquecer su amplia cultura? Tal vez, a lo que va su hermano mayor, a pasear y visitar los parques de diversión, aunque él a diferencia de su hermano mayor, no tiene hijos pequeños o, cuando menos, no se sabe de ello.
No se entiende a qué se debe que Andy López Beltrán desate tantas tormentas, no es un tipo carismático, mucho menos simpático. No es popular, ni siquiera cercano al pueblo.
No se distingue por su sencillez, honorabilidad, bonhomía ni es afable. Tampoco es funcionario público, ni lo ha sido nunca, no ha contribuido a la construcción de la 4T, por el contrario, la única actuación como hombre público fue desastrosa. No es deportista destacado, ni se distingue por su inteligencia, aportación a la cultura, la ciencia o la política. Nadie ha dicho que sea generoso, aunque, tal vez, sus amigos si lo puedan decir.
Es hijo de Andrés Manuel López Obrador, dicen algunos, mientras que otros lo catalogan como un inútil, bueno para nada, holgazán y dicen que es muy diferente al padre, en el que se refugia cada vez que algo le sale mal.
Andy no se debe alarmar, no pasa nada con que le quiten la visa, más allá de que no podrá ir de paseo a Disneylandia, como acostumbra su hermano José Ramón, ni tampoco ver los espectáculos de Las Vegas, pero tampoco podrá transitar por la quinta Avenida de Nueva York y tendrá que acostumbrarse a la de Playa del Carmen.
Andy de lo que pueda estar seguro es que una visa no define a una persona y que, al fin y al cabo, la gente ya sabe quién es.
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Ramón Zurita Sahagún
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