Andrés Manuel López Beltrán quiso ser político y no escogió la ruta adecuada.
Creyó poder iniciarlo desde la secretaría de Organización de MORENA y confirmó que no tiene la capacidad para ello y prefirió renunciar, para buscar otros horizontes
Andy como lo conocen sus amigos, pretende ser ahora diputado federal, lo que, sin duda, conseguirá, pues el nombre de su padre está profundamente arraigado en Tabasco, aunque tendrá que ir a tierra para buscar el voto.
El hijo de Andrés Manuel López Obrador, al igual que sus hermanos se convirtieron en los tradicionales “papayos”, de la política mexicana que solamente ocupan decir papá yo, para obtener lo que anhelan.
Así ocurrió cuando decidió entrar a la política de manera directa y fue designado secretario de Organización del Movimiento de Regeneración Nacional y ya ungido como tal, dirigió las operaciones de los candidatos en la contienda local en Durango, donde su partido fue relegado al cuarto lugar. Creyó que sería fácil, instalarse en el mejor hotel y desde ahí dirigir lo electoral y fracasó.
La oportunidad la ponen a modo, aunque el hijo de López Obrador deberá aprender muchas cosas si quiere destacar en esta actividad.
Por principio de cuentas requiere de humildad y sencillez, algo de lo que carece. Tampoco es carismático, más bien es hosco y rehúye el contacto con la gente y sí se le añade que no conoce de disciplina, el camino será lento y lleno de obstáculos.
Hasta el momento a ninguno de los tres hijos mayores de López Obrador se le conoce empleo fijo. José Ramón labora, supuestamente, en las empresas del grupo Vidanta de Daniel Chávez, cercano al entorno de su padre. Andy era el estratega político de la familia y mostró su inexperiencia y Gonzalo trabajó un tiempo en las oficinas de un equipo de béisbol de ligas mayores.
Eso sí, se ubican como empresarios exitosos, con su negocio de chocolate que, suponemos, les da una forma honesta de vivir.
Pero por el otro lado, los supuestos dicen que son facilitadores de negocios y que lo fueron, principalmente en los tiempos en que su papá presidía al país.
Pero en el caso particular de Andy, decimos que deberá aprender disciplina, pues de ganar en las urnas, lejos se encontrará de ser electo como coordinador de su bancada y deberá mostrar lealtad y obediencia a quien los coordine.
También deberá enseñar un rostro afable, ya que no es muy agraciado físicamente y lo adusto y hasta molesto que aparece siempre, deberá cambiarlo por una cara que refleje felicidad y entendimiento de los temas a tratar.
Debe cambiar su estilo político, aunque en la Cámara de Diputados tendrá algunos beneficios y gente cercana de su padre que lo arrope, no será la cabeza del grupo legislativo, aunque podrá crear su propio grupo.
De tomar en cuenta estas observaciones, las cosas pueden marchar bien para el hijo de AMLO y hasta cambiar su objetivo de Jefe de Gobierno de la CDMX a candidato a gobernador de Tabasco.
Por lo pronto el 2027 lo pondrá en la antesala de ello y lo demás depende de él.
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Mal haría Andrés Manuel López Beltrán en incorporar en su campaña electoral a Adán Augusto López. El exgobernador de Tabasco, reúne el repudio de los tabasqueños y se encuentra marcado con el sello de “La Barredora”, lo que le puede ocasionar dificultades en su rumbo político.
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Ramón Zurita Sahagún
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