De Veracruz al mundo
Recuperan los bosques que alimentan al río Jamapa: investigadores, organizaciones y población trabajan de la mano; Han reducido el uso de herbicidas y pesticidas .
Desde la alta montaña, los ríos Jamapa y Cotaxtla descienden por más de 148 kilómetros en el estado de Veracruz hasta desembocar en el Golfo de México.
Sábado 17 de Octubre de 2026
Por: REDACCION GOBERNANTES
Foto: Google .
Xalapa, Ver.- En las laderas del Pico de Orizaba, el volcán más alto de México y refugio de uno de los últimos glaciares del país, nace la cuenca del río Jamapa.

Desde la alta montaña, los ríos Jamapa y Cotaxtla descienden por más de 148 kilómetros en el estado de Veracruz hasta desembocar en el Golfo de México.

A lo largo de este recorrido la cuenca conecta dos áreas naturales protegidas: el Parque Nacional Pico de Orizaba y el Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano. Las aguas de la cuenca, aportadas en su mayoría por los deshielos del glaciar y las lluvias, abastecen directa o indirectamente a más de un millón de personas.

No solo atraviesan bosques, sino también zonas agrícolas, localidades rurales y espacios urbanos. Pese a su importancia, este territorio es altamente vulnerable a los efectos del cambio climático.

Según habitantes de la zona consultados por Mongabay Latam, las sequías, heladas, inundaciones y otros eventos son cada vez más frecuentes y afectan a quienes viven y producen en este territorio.

Un diagnóstico realizado por investigadores del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático de México (INECC), publicado en 2017, mostró que la cuenca está en crisis: solo queda el 28 por ciento de la vegetación natural original representada principalmente por bosques de pino de las alturas (Pinus hartwegii), encino (Quercus sp.), oyamel (Abies religiosa), bosque mesófilo de montaña (o bosque de niebla) y selvas.

Y casi la mitad del territorio (el 49.6 por ciento) está destinado a la agricultura, mientras que otro 17 por ciento corresponde a pastizales para ganadería.

Jordi Vera Cartas, geógrafo e investigador especializado en la gestión de servicios ambientales y sistemas de información hídrica, quien participó del diagnóstico, identificó que este territorio —que abarca 34 municipios— ha sido fuertemente transformado por actividades agrícolas como la siembra de caña de azúcar, maíz y la caficultura, así como la ganadería.

A esto se suma el aumento de monocultivos como el del aguacate que “favorecen la erosión y la pérdida de fertilidad del suelo y a su vez provocan un aumento en la deforestación del bosque mesófilo de montaña”, señala el estudio.

Las afectaciones se extienden hasta el mar. “En las partes bajas de la cuenca, donde existieron importantes bosques de manglar, el desarrollo urbano de la zona metropolitana de Veracruz ha acabado con gran parte de este valioso ecosistema fundamental para la resiliencia al cambio climático de las zonas costeras”, explica el investigador. Loni Hensler, de la organización Territorios para la Vida, también señala que los arrecifes están expuestos a descargas de residuos urbanos, agrícolas, ganaderos e industriales, “lo que genera un fuerte estrés y enfermedades en el ecosistema”.

Por eso, el diagnóstico realizado en 2017 se convirtió en el primer esbozo para pensar la cuenca de forma conjunta, desde su nacimiento hasta su desembocadura, y para impulsar acciones que ayuden a reducir la vulnerabilidad al cambio climático.

El esfuerzo se hizo de la mano de las comunidades que habitan estos municipios, adaptándose a sus modos de vida. En la parte alta, por ejemplo, se impulsaron proyectos de reforestación en el Parque Nacional Pico de Orizaba y se promovieron prácticas para conservar suelo y agua. En municipios como Comapa, los productores de café, maíz y otros cultivos trabajaron en sistemas agroforestales y en hacer más sustentable la producción agrícola y ganadera.

Más abajo, en Jamapa y Cotaxtla, las familias ganaderas incorporaron prácticas para recuperar áreas ribereñas y conservar los servicios ambientales de la cuenca. Y en la zona costera, los habitantes del ejido Herón Proal, en Medellín, trabajaron en el manejo sustentable de la ribera norte de la Laguna Grande de Mandinga.

Esas y otras iniciativas se agruparon en el Proyecto Restauración de Ríos para la Adaptación al Cambio Climático (Proyecto RÍOS) —financiado por el Fondo Verde para el Clima y operado en Veracruz por el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y el Fondo Golfo de México— con el objetivo de ayudar a las comunidades y los ecosistemas de este territorio a mejorar la capacidad de adaptarse a los cambios del clima.

Por su importancia hidrológica, diversidad ambiental y su vulnerabilidad climática, la cuenca Jamapa-Cotaxtla fue seleccionada por especialistas del INECC y del Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza para desarrollar un Plan de Acción de Manejo Integral de la Cuenca, un instrumento que establece acciones para proteger, restaurar y aprovechar de forma sostenible los recursos naturales de este territorio.

“Los estudios [del diagnóstico] determinaron que la cuenca Jamapa reunía condiciones para funcionar como un modelo de intervención debido a su diversidad de ecosistemas y a su exposición a fenómenos climáticos de alto impacto, como sequías, inundaciones y olas de calor extremo”, explica Eva Beatriz Cano González, oficial de Monitoreo y Salvaguardas del Fondo Golfo de México en entrevista con Mongabay Latam. Para desarrollar el proyecto no se aplicó una receta única.

“Cada iniciativa adoptó un enfoque de acuerdo con las necesidades de su región. Por eso vemos proyectos distintos, con formas de trabajo y prioridades diferentes a lo largo de la cuenca”, señala Cano González. En palabras de los investigadores consultados, esto abrió una ruta directa de acceso a financiamiento climático internacional a través de una institución mexicana.

Su implementación comenzó en 2021 y concluirá en 2026. Hasta 2026, según Cano, el proyecto RÍOS ha implementado acciones de restauración y manejo sostenible del territorio en más de 3000 hectáreas de la cuenca del río Jamapa, impactando 10 municipios: Huatusco, Comapa, Zentla, Córdoba, Amatlán de los Reyes, Atoyac, Calcahualco, Cotaxtla, Jamapa y Medellín de Bravo.
El Plan de Acción de Manejo Integral de la Cuenca Jamapa-Cotaxtla alerta que la expansión agrícola y la transición hacia monocultivos han favorecido la deforestación, la erosión y la pérdida de fertilidad del suelo en esta zona. Además, advierte que la deforestación en las partes altas de la cuenca ha alterado los flujos superficiales de agua y los niveles de los ríos.

Flor de América Rodríguez Silvano, integrante de la organización Campesinos Unidos por el Progreso de los Pueblos, cuenta que, para hacer frente a esas presiones, 60 productores se organizaron en una iniciativa que busca conservar los cafetales bajo sombra. En palabras sencillas, se trata de parcelas donde el café crece protegido por árboles que ayudan a conservar la humedad y a reducir la erosión del suelo. Así han logrado el mantenimiento y manejo de 189 hectáreas de cafetales. “En los cafetales impulsamos obras de conservación para reducir la erosión y mantener una sombra diversificada que conserve el hábitat de la fauna local.

La idea es conservar estas áreas lo más naturalmente posible y perturbarlas menos”, asegura Rodríguez. También han reducido el uso de herbicidas y pesticidas y han creado sus propias biofábricas para elaborar fertilizantes orgánicos. Rodríguez recuerda que empezaron reduciendo la dependencia de insumos químicos y diversificaron sus parcelas con otros árboles frutales.

Con esto, además, han generado nuevas fuentes de ingresos para las familias. Junto a la organización Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable (Endesu) idearon la iniciativa para que los productores pasaran de modelos de ganadería extensiva, donde el ganado pasta libremente durante largos periodos, a prácticas regenerativas como la rotación de potreros, el uso de cercos eléctricos, bancos de forraje y reducción de agroquímicos.

Herminio Ramírez López, coordinador técnico de Endesu, explica que la iniciativa buscó trasladar a los ranchos prácticas de restauración ambiental que permitieran recuperar la materia orgánica, aumentar la infiltración del agua, disminuir la erosión del suelo y mejorar la disponibilidad de los pastos durante periodos de sequía. “Un terreno con mayor cantidad de raíces, vegetación y materia orgánica funciona como una superficie permeable.

Si tenemos un suelo con materia orgánica, que puede absorber y almacenar humedad, logramos ‘cosechar’ agua”, afirma. Desde 2022 a la fecha se han sembrado 60 000 árboles entre maderables, forrajeros y frutales para arborizar los potreros, transformando 350 hectáreas del territorio. Ramírez también explica que han empleado técnicas como la rotación planificada del ganado, que permite dividir los potreros con cercos para que otras secciones de terreno tengan tiempo de recuperarse.

“Estas acciones permiten que el pasto y el suelo descansen y se regeneren, aumentan la infiltración del agua, reducen la erosión y evitan que sedimentos y residuos químicos lleguen al río”, explica Rangel, quien insiste en que medidas como estas también mejoran la productividad.

Algunos ranchos pasaron de sostener una vaca por hectárea a mantener dos y hasta tres animales en la misma área. Llegando a la costa, muy cerca de la desembocadura de la cuenca Jamapa-Cotaxtla frente al Golfo de México, un grupo de ejidatarios busca la restauración de 76 hectáreas de manglar que han sido afectadas por plagas, inundaciones, ganadería y cambios de uso de suelo.

Es el ejido Herón Proal, al norte de la Laguna Grande de Mandinga, en una zona limítrofe entre Alvarado y Medellín. Los manglares funcionan como barreras naturales frente a fenómenos costeros, almacenan carbono y ayudan a regular los flujos de agua.

Además, el Proyecto RÍOS impulsó a lo largo de toda la cuenca que las organizaciones locales involucradas trabajaran, por ejemplo, en la creación de sus propias marcas. Así nacieron los cafés agroecológicos Aroma Real de la Montaña y Sierra del Cuevero, las artesanías del Pico de Orizaba elaboradas por Artepetl o las artesanías de bambú hechas por Ecotur Amatlán.

También productos medicinales de Amigas de las Plantas, quesos y lácteos de Jamapa, y bioles y biofertilizantes de Cuenca Sana AC. Las comunidades han sembrado hortalizas y frutas que pueden vender o transformar en mermeladas o cosméticos naturales.

Y más cerca de la desembocadura del Jamapa, la cooperativa Las Bonitas produce mariscos. La continuidad de estas iniciativas, señala Rodríguez, dependerá de que las prácticas puedan sostenerse sin apoyos externos y de que los productores encuentren beneficios económicos suficientes para conservarlas.

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