| Tráfico ilegal amenaza a la guacamaya verde. | ||||||
| A diferencia de otras especies, la guacamaya verde no presenta dimorfismo sexual evidente, lo que dificulta distinguir entre machos y hembras sin conocimientos especializados. Su pico es fuerte y negro, mientras que sus patas son de tonalidad gris. | ||||||
| Viernes 11 de Septiembre de 2026 | ||||||
| Por: La Jornada | ||||||
También llamada guacamayo en distintas regiones, esta ave destaca por su imponente tamaño y su vibrante plumaje verde olivo, tonalidad de la que deriva su nombre: “militaris”. Pertenece a una familia con diversas subespecies, entre ellas Ara militaris mexicanus y Ara militaris bolivianus, que presentan ligeras variaciones en coloración, aunque todas comparten una apariencia llamativa. La guacamaya verde mide entre 70 y 80 centímetros de longitud, con una envergadura que alcanza de 90 a 110 centímetros cuando despliega sus alas. Su peso oscila entre los 900 y mil 100 gramos, lo que la convierte en una de las aves más grandes de su tipo en vida silvestre. Entre sus rasgos distintivos se encuentra un plumón en la frente y una zona facial sin plumas, de color blanco con líneas negras, que recuerda a los trazos de pintura de guerra, de ahí otra posible asociación con su nombre. A diferencia de otras especies, la guacamaya verde no presenta dimorfismo sexual evidente, lo que dificulta distinguir entre machos y hembras sin conocimientos especializados. Su pico es fuerte y negro, mientras que sus patas son de tonalidad gris. En cuanto a su distribución, su hábitat son las selvas húmedas tropicales y subtropicales desde el norte de México, principalmente en regiones del Pacífico y el Golfo, hasta el noreste de Argentina. Sin embargo, explicó el especialista, su presencia no es continua, sino fragmentada, lo que incrementa su vulnerabilidad. En México se le puede encontrar en zonas como la Sierra Gorda, Tehuacán-Cuicatlán, Chiapas y la península de Yucatán. Especie clasificada como vulnerable; estiman menos de 10 mil individuos y en descenso La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica a la especie como vulnerable, con una población estimada menor a 10 mil individuos y en descenso. En el país, la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT la considera en peligro de extinción, lo que subraya la gravedad de su situación. Entre las principales amenazas destacan el tráfico ilegal, alimentado por su uso como mascota y en espectáculos, así como la pérdida de hábitat debido al cambio de uso de suelo. Aunque existen centros de conservación y reproducción controlada, el problema persiste en mercados clandestinos y prácticas ilegales. Más allá de su belleza, la guacamaya verde desempeña un papel crucial en los ecosistemas como dispersora de semillas. Al alimentarse de frutos grandes, limpia las semillas de pulpa y las deja caer mientras se desplaza, favoreciendo la regeneración de bosques y selvas. Este proceso es vital para muchas plantas que han coevolucionado con estas aves y dependen de ellas para reproducirse. En cuanto a su comportamiento, son animales sociales que se desplazan en grupos, salen a alimentarse en conjunto y siguen patrones diarios bien definidos. Su actividad inicia al amanecer, cuando comienzan a forrajear, y concluye al atardecer, cuando regresan a sus dormideros, sitios que ocupan durante largos periodos. Temporada reproductiva varía según la región La temporada reproductiva varía según la región y está influenciada por factores como la temperatura y las lluvias, que determinan la disponibilidad de alimento. A nivel internacional, la especie está incluida en el Apéndice I de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), lo que prohíbe su comercio global. En México, su extracción está totalmente restringida, sin posibilidad de aprovechamiento, ni siquiera con fines de subsistencia. Datos de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) revelan la magnitud del problema: entre 2017 y 2020 se aseguraron 176 guacamayas, de las cuales 81 eran ejemplares de guacamaya verde. Estas cifras posicionan a la especie como una de las más traficadas en el país. Ante este panorama, especialistas hacen un llamado a la población a no adquirir ni consumir productos derivados de esta ave, como plumas o ejemplares vivos, y a denunciar cualquier actividad ilegal relacionada con su comercialización. La guacamaya verde no solo es un símbolo de la riqueza natural de México, sino también una pieza clave para la salud de sus ecosistemas. Su conservación depende, en gran medida, de la responsabilidad colectiva y del cumplimiento de las leyes ambientales. Protegerla es preservar el equilibrio de las selvas que habita y asegurar que su vuelo continúe siendo parte del paisaje natural de América Latina. |
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