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Xalapa, Ver.- De visita por México, Gustavo Petro, exmandatario de Colombia, advierte que su complicada relación con el gobierno de Donald Trump comenzó cuando protestó contra la masacre en Gaza y externó su apoyo a Palestina, y empieza el relato: “después del dÃa crucial, cuando bombardean Caracas, Trump dice: cuÃdese el trasero, porque ahora voy por Petro. Ese dÃa pensé: viene un misil contra mÃ. En entrevista con La Jornada narró: “Estaba junto al mar y tuve que separar a las mujeres y a las personas que no tenÃan que ver con eso, para que se fueran. Me quedé solo con mi escolta, la de las fuerzas públicas de Colombia. Les dije que podÃa pasar algo, que se alistaran, que camináramos… como a las 2 de la mañana me despiertan, pensé: ya vienen. Me dijeron que venÃa un barco de la Armada estadunidense –en aquellos momentos estábamos bloqueados y sus barcos se hallaban cerca, fuera del mar de Colombia, pero bloqueados– que ya estaba en nuestras aguas. Esto parecÃa real –dije, y pensé en escapar–, nos vamos a ir por una trocha (camino abierto entre la maleza), entre los manglares, a ver si salimos. No era cierto, volvà a la cama y me despiertan de nuevo para decirme: ‘Trump quiere hablar con usted’.
“Fue una cosa casi mágica y después supe cómo fue. Un congresista republicano, obvio, de derecha, del sector que llamamos ‘los Estados Unidos profundos’, llamó a mi embajador allá, Daniel GarcÃa-Peña, quien estaba subiendo a un avión y tuvo que bajar para hablar con el congresista. Le dijo que le parecÃa una estupidez que fueran a hacer con Colombia lo mismo que con Caracas, porque Colombia por décadas, ha sido su aliado. Entonces, después de hablar con el congresista, el embajador llamó a Trump –tenÃa acceso– y le dijo: ¡¿Cómo se le ocurre?!, hable usted con el presidente Petro y Trump dijo que sÃ. “Ahà fue cuando me llegó la noticia. Yo habÃa convocado a una manifestación en la Plaza de BolÃvar para el siguiente dÃa para declararnos en resistencia frente a los ataques, no como lo hizo Maduro, sino a la colombiana. TenÃa el discurso listo y a las 5 de la tarde logro hablar con Trump, ya a punto de iniciar la manifestación, en mi oficina. Terminamos casi de amigos y se cuadró una cita. Me tocó cambiar todo el discurso en cuestión de horas y tuve que bajar la intensidad porque mi objetivo era que no cayeran misiles en Colombia, después de lo sucedido en Venezuela. “Fue un momento relativamente mágico. Se ha contado que cuando llegué a Washington vi la foto que le tomaron a la señora MarÃa Corina Machado, de Venezuela, casi arrodillada, casi entregándole el Nobel que le dieron. Hay que tener mucho cuidado con la foto porque yo no iba a aparecer como sumiso, sino de tú a tú, y asà salió. “En la Oficina Oval pude sentir fÃsicamente al grupo de poder. Estaban Vance, Rubio… coincidió que cuando yo llegué, también llegó Trump y nos encontramos en el pasillo de las fotos de los presidentes. Hablamos junto al retrato de Lincoln. Le dije que habÃa que hacer un pacto por la vida y la libertad. Que el concepto de libertad era el que nos unÃa como repúblicas. Le conté la historia del mechón de pelo que Washington le regaló a Simón BolÃvar y que todavÃa está en Caracas, aunque nunca se conocieron personalmente. Traté de mostrar que en el fondo, en el origen de la República, de Estados Unidos y el nuestro hay un sentido común hacia la libertad y hacia la idea de la democracia. Eso le gustó. “Cuando llegué a la Oficina Oval, las sillas no estaban dispuestas como él (Trump) querÃa, al estilo de su entrevista con Macron (el presidente francés), él sentado y yo enfrente, como si él fuera el jefe, alguien las habÃa colocado asÃ. Rubio y los demás tenÃan que voltearse para vernos. “En la foto me quisieron hacer una pequeña trampa, pero no me dejé atrapar. Él tenÃa una imagen falsa de mÃ, la cual se fue deshaciendo conforme hablamos. Le mostré un video corto –no aguanta cosas largas– en el que se ve un atentado en mi contra. Le dije que me atacaban los narcotraficantes y le dije que él no me podÃa decir que estaba con ellos. Me respondió: ‘me han engañado tanto que ahora me doy cuenta que usted es un good man’. Luego hablé con él unas tres veces. “La última me dejó un tanto preocupado porque yo siempre le pedà que abandonara la guerra en Irán, que podÃa ayudar a la paz en Gaza. En esa última llamada le pedà que me sacaran de una lista condenatoria porque él y yo seguÃamos hablando y yo seguÃa en esa lista. Trump preguntó de qué lista se trataba y su intérprete le tuvo que explicar. Ahà entendà algo peligroso, no sólo para mà sino para el mundo: el hombre ya no está del todo al mando, que tiene espacios de claridad y espacios en los que otros toman las decisiones y esos otros son peores que él.
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