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XALAPA.- A sus 75 años, Yolanda Espíritu Mota teme que la vida no le alcance para encontrar a sus hijas, Ivonne Amador Espíritu e Iriana Lizet Luna Espíritu, desaparecidas el 14 de octubre de 2011 en Xalapa. A casi 15 años de buscarlas, asegura que continuará mientras pueda. “Pienso que ya se me está acabando el tiempo porque ya a lo mejor no me da tiempo encontrarlas, ¿no? Pero hasta que Dios me dé vida, voy a seguir buscándolas”, expresó este domingo 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Ivonne e Iriana desaparecieron junto con Luis Alberto Torres Castillo y Jorge Barrera Fernández. Las cuatro personas trabajaban como custodios en centros penitenciarios de Veracruz. En 2015, la Fiscalía General del Estado incluyó a las hermanas en un acuerdo de recompensa para obtener información que permitiera localizarlas. Yolanda recuerda que sus hijas salieron de casa la mañana del 14 de octubre de 2011 para realizar una actividad relacionada con su trabajo. Después de ese momento, la familia no volvió a tener noticias de ellas. Desde entonces, la madre ha participado en búsquedas en distintos puntos de Veracruz y ha seguido información proporcionada por particulares para intentar reconstruir lo ocurrido. Sostiene que buena parte de los datos que han permitido abrir líneas de búsqueda han sido obtenidos por las propias familias. “Todo lo que uno sabe es porque uno busca. No porque ellos nos den algo, no. Uno tiene que llevarles: ‘Miren esto, conseguí esto, hay que ver a esta persona’”, relató sobre las investigaciones. En varias ocasiones ha recibido reportes de personas que aseguran haber visto a Ivonne. Yolanda ha acudido a verificar esas versiones, pero ninguna ha permitido confirmar el paradero de sus hijas. “Cuando vamos a buscar en vida, vamos con la esperanza de que alguien nos diga: ‘Las vi en tal parte’ o ‘están en tal parte’. Pero tampoco. Si regresa uno, pues triste, pero seguimos en la lucha”, contó. La búsqueda también la ha llevado a recorridos en campo, barrancas y otros puntos donde se realizan trabajos para localizar personas desaparecidas. Ahí, dice, enfrenta una contradicción: busca respuestas, pero también siente alivio cuando los hallazgos no corresponden a sus hijas. “Cuando nos vamos a las barrancas o al campo decimos: gracias a Dios que no las encontramos ahí”, relató. La incertidumbre permanece casi 15 años después. Yolanda conserva el mismo número telefónico de su casa y de su celular ante la posibilidad de recibir algún día una llamada. “Tengo esperanzas. Ni he cambiado el número de la casa porque tengo esperanzas. Mi número del cel también lo sigo conservando porque igual un milagro”, dijo. Para Yolanda, una de las cargas de estos años ha sido no saber qué ocurrió con Ivonne e Iriana. “Mucho, mucho no saber nada, bastante”, respondió al hablar de la incertidumbre que ha acompañado a su familia desde 2011. Pese al paso de los años y al desgaste de la búsqueda, asegura que no piensa detenerse. “Hasta que Dios me dé vida, voy a seguir buscándolas”, reiteró.
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