| Familias denuncian olvido y negligencia en investigaciones por desaparición; Carpetas Vivas busca reactivarlas. | ||||||
| Las carpetas de investigación son el centro de la búsqueda de las personas desaparecidas, pero obstáculos de distancia, recursos y falta de voluntad de las autoridades provoca que muchas queden archivadas y genera una doble desaparición. La iniciativa Carpetas Vivas pretende remarcar su importancia y dar herramientas a las familias. | ||||||
| Martes 10 de Marzo de 2026 | ||||||
| Por: animalpolitico.com | ||||||
El joven salió del primer estado, pero el segundo fue donde se supo por última vez de él. A Marco le tocó personalmente abrir la de Piedras Negras, Coahuila. Recuerda muy bien que en aquel entonces el Ministerio Público encargado de desapariciones no estaba, y su colega no accedió a abrir la carpeta hasta después de mucho insistir. Para la familia, la distancia geográfica era el primer reto, porque su residencia está en la Ciudad de México. Una vez abierta, vino la revisión del expediente, una tarea compleja tanto en la fiscalía como en la Comisión de Búsqueda del Estado de Coahuila. Se enfrentaron una y otra vez a las mismas dificultades: distancia geográfica, recursos económicos y, sobre todo, falta de voluntad de las autoridades. Las carpetas de investigación —lo sabe después de mucho camino y aprendizaje empírico— son el centro de la búsqueda de personas desaparecidas, pero con frecuencia están mal integradas o quedan en el olvido. Las familias se enfrentan, además, a un tema que desconocen, y al abuso de un lenguaje confuso y técnico jurídico. “Nosotros procuramos ir a revisión de carpeta una o dos veces al año por estas circunstancias. La carpeta viva, ya que tu familiar desaparecido no está, lo representa a él, entonces lo que buscamos es que no vuelva a desaparecer, en este caso, mi sobrino, porque si desaparece la carpeta, o no hay, él vuelve a desaparecer, y sería una segunda desaparición”, sostiene. Ese andar no ha estado exento de complejidades. Siempre es importante, e indispensable, que las familias vayan al Ministerio Público a darle seguimiento, porque estas instancias están sobrepasadas. Al ingresar a sus oficinas, hay una cantidad enorme de carpetas, subraya, algunas de larga data —más de dos años desaparecidos— y otras de búsqueda inmediata. “Generalmente, todos los esfuerzos se van a la búsqueda inmediata, que son los recién desaparecidos. Las carpetas de larga data, si tú y tu familia no van a hacerle un seguimiento, pues definitivamente se va como al fondo de los expedientes”, añade Marco. Una carpeta de investigación representa al familiar desaparecido porque es el registro histórico que contiene un boletín de búsqueda con su fotografía, el lugar y las circunstancias en donde desapareció. Los Ministerios Públicos tienen la obligación de alimentarlas para que las personas puedan ser identificables, y en todo caso, devueltas a sus familias. En México hay más de 130 mil personas desaparecidas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. No en todos los casos que alberga este registro existe una carpeta de investigación, porque muchas familias se han enfrentado a lo que narra Marco. Esto tendrá particular relevancia tras las reformas legislativas a la Ley General en la materia aprobadas el año pasado en el Senado de la República. Por un lado, establecen la obligatoriedad para todos los ministerios públicos de abrir una carpeta de investigación al momento de la denuncia, que se incorporará a una Base Nacional de Carpetas de Investigación de personas desaparecidas y no localizadas. La contraparte es que durante la conferencia mañanera del 18 de diciembre, la presidenta Claudia Sheinbaum señaló que estaba en proceso una revisión del registro nacional. “Ahora, por ley, solo se considera a una persona desaparecida si hay una carpeta de investigación, precisamente por este tema de que se registraba un nombre y no había datos adicionales, y tenía que ser considerada por ley como persona desaparecida”, dijo entonces. Algunas familias y colectivos han advertido que eso excluiría a personas que no hicieron una denuncia formal, o en su momento fueron ignoradas por las autoridades. La misma ley, sin embargo, precisa que las acciones de búsqueda no pueden concluir, incluso cuando la persona sea declarada ausente, salvo que haya certeza sobre su suerte y paradero, o hasta que sus restos hayan sido plenamente identificados. El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) prefiere destacar que en adelante, cualquier reporte tiene que ir acompañado de una carpeta, lo que no pasaba antes. “Lo vemos como un avance justo porque muchas desapariciones que se reportaban quedaban en un reporte, una no localización, de hecho ese término ya no tendría por qué usarse, ya todas las desapariciones lo son, y tendrían que tener su carpeta de investigación”, señala Marcela Flores, asesora en temas de desaparición del CICR. La construcción del banco incluido en las reformas puede ser una herramienta para ayudar a atender las necesidades de los casos de larga data. Aunque todavía no se implementa, sería un avance importante, añade. “No sabes ni a dónde acudir ni con quién”: el peregrinar detrás de una carpeta Muchas familias que buscan a seres queridos desaparecidos recuerdan el mismo camino empírico del que habla Marco. A veces sin un colectivo que los arrope de inicio y con la premura de levantar una denuncia, terminan aprendiendo el resto de voz en voz, o de traba en traba. “En todo eso que nosotros aprendimos desde una forma empírica, ahora tratamos de que haya canales de comunicación abiertos y formas para que la gente pueda aprender y saber que tiene herramientas legales y gubernamentales, ademas de a los colectivos, para que puedan ellos acudir a las diferentes instituciones”, dice Marcos. Además de la desaparición de su familiar, se enfrentan a un segundo impacto emocional al levantar una denuncia: con frecuencia los ministerios públicos no tienen sensibilidad para atender a las víctimas. Eso sumado a la “rotación impresionante” de personas servidoras públicas que hacen esa función. Diana Gutiérrez, quien busca a su madre junto al colectivo Buscando con amor, del Estado de México, se ha enfrentado a complicaciones similares desde que su carpeta se abrió en 2016. Al inicio sin colectivo ni familiaridad con el tema, porque nadie espera una desaparición en su vida, recorrió varios municipios de la entidad ante la negativa de las autoridades: Texcoco, Neza, Los Reyes, Toluca, de nuevo Texcoco, y por fin lo logró de vuelta en Neza. “Fue un peregrinar, porque tú no sabes ni siquiera a dónde acudir, con quién acudir. Realmente es una problemática muy dolorosa para las familias, este contexto se convierte en un calvario, y tú crees en las autoridades y te refugias en tu familia, que está destrozada. Tanto quedas en shock, que tú firmas lo que ellos te dan, confías en ellos”, lamenta. Cuando mira hacia atrás, ella misma se pregunta cómo pudo haber firmado, por ejemplo, una hoja donde decía que no requería asesor jurídico. Ella misma responde que se llega a los ministerios públicos en shock. Después del recorrido de incertidumbre que viven todos los familiares, ahora sabe que el derecho a saber es fundamental para las familias: garantizar la verdad, la justicia y la reparación. “Para las familias la carpeta de investigación puede ser una experiencia abrumadora, porque el lenguaje es muy técnico, muy jurídico, las definiciones no las comprendemos, y más porque estamos todos con un montón de ansiedad, de desesperación; eso dificulta mucho la comprensión, súmale que no tenemos un acompañamiento jurídico”, apunta. Tras el aprendizaje, las familias pueden saber que tienen derecho a pedir cámaras, geolocalización y participar activamente con las autoridades. “En su momento no fue así. Siempre he dicho que si en ese momento yo hubiera sabido todo lo que sé ahora, otra cosa hubiera sido”, añade. “El acceso a la carpeta de investigación no es un favor ni una concesión. Es un derecho que tenemos las familias. Una carpeta tiene que estar bien integrada, y acompañada con las acciones claras que pueden marcar la diferencia entre tardarnos una eternidad en encontrarlos o encontrarlos lo más pronto posible”, afirma Diana. “La carpeta nos puede dar justicia”. La carpeta solo está viva cuando hace constar que un familiar está siendo buscado, opina Mercedes, quien busca a su hijo Guillermo Alejandro Ortiz Ruiz, en Michoacán, desaparecido en 2010. Significa, continúa, plasmar que la desaparición existe. Hace 10 años, recuerda, cuando bien les iba, solo se levantaba un acta circunstanciada. Tener acceso a la carpeta era otro logro. Ella pasó años sin tenerlo. Además, los primeros dos años inició su búsqueda sola. Mercedes incluso tuvo que ingresar un amparo, luego de que su carpeta de investigación fuera extraviada. “Milagrosamente, lograron recuperarla”, dice. “El desgaste, de verdad creo que es terrible, uno de los desgastes más fuertes es cuando ve uno y tiene acceso, o realiza revisiones o reuniones con fiscalías o comisiones, y ve que en las carpetas de investigación no se avanza”. Quienes hacen que las carpetas estén vivas, sostiene, son las familias cuando solicitan constantemente que se emprendan acciones, porque las autoridades solas no lo hacen. “He hecho mis propias rutas de investigación, he tenido que hacer todo” José Andrés vive en búsqueda de su hermana Jazmín del Carmen Méndez Ñeco, desaparecida el 26 de octubre de 2013, en Reynosa, Tamaulipas, cerca de la frontera con McAllen, Texas. Ante la angustia de su madre y su padre, y las amenazas que habían vivido meses antes, en un inicio trataron de “meterlo en una burbuja”, mientras estudiaba la universidad. Aunque el impacto a la familia hizo que tuviera que dejar sus estudios por un periodo, finalmente decidió estudiar la carrera de criminología y un posgrado en ciencias forenses. En 2019, su mamá falleció sin haber encontrado a su hija. José Andrés siempre insistió en levantar la denuncia, pero las autoridades les atendieron brevemente y la registraron como no localizada. “Hasta el día de hoy no hay respuesta. También nosotros dejamos, como familiares, de asistir a la fiscalía, en espera de que nos mandara llamar o tuviera una noticia”, lamenta. Fue su aprendizaje profesional el que cambió su mirada. Antes de que su mamá falleciera, le prometió que se entregaría de cuerpo y alma a la investigación y localización de su hermana. Más tarde, en Reynosa no encontraban la carpeta, hasta que logró volverse el titular. En otro momento, se extraviaron las muestras genéticas. Por fin, desde 2019 a la fecha, ha logrado cuatro tomos con información que él proporciona: “he hecho mis propias rutas de investigación, he tenido que hacer todo para dárselos a ellos, cuando en realidad a quien le competen los actos de investigación es a la fiscalía, al Ministerio Público”. Como los demás, en 2013 no sabía ni a dónde acudir. Sostiene que no lo han revictimizado porque ha aprendido a defenderse y entablar diálogo con las autoridades. Con su papá salió a búsquedas hasta 2022, cuando falleció, y ahora está dedicado solo al cien por ciento. El caso pasó a ser federal por trata de personas —su hermana desapareció con otras tres chicas— y ahora trabaja nuevas rutas en las líneas de investigación. Está convencido de persistir, pero sabe que si un día él falta, la carpeta ahí quedará. Carolina, quien busca a su esposo Ignacio Santiago Pérez, desaparecido el 12 de junio de 2020, durante la pandemia, piensa que todos pasan por ahí: “yo fui a hacer mi denuncia se supone que desde el primer día. Mi esposo desaparece un viernes, yo llegué en la tarde noche, y me atienden hasta el sábado en la mañana”, reclama. Ella tampoco conocía los procesos ni tenía la información. También anduvo de fiscalía en fiscalía, y hoy afirma que “prácticamente no los buscan”. “No conocía ni siquiera ningún colectivo ni nada, yo estaba así como en ceros”, añade. Cerca de dos años y medio anduvo sola, sin respuestas ni avances en la carpeta. Le afectó igualmente la rotación de funcionarios. Gracias a una persona que conoció de un colectivo de Tamaulipas, logró exigir que la atendieran, pero ella estaba en la Ciudad de México. Nunca obtuvo el apoyo oficial para víctimas, pero se unió a un colectivo en la capital. Solo hasta entonces empezó a avanzar su carpeta, y se enteró que en los últimos ocho meses no se había hecho nada. “Nosotros tenemos que hacer las propias investigaciones, porque ellos siempre nos preguntan ‘¿ahora que nos trae?’ Eso es lo que tenemos que pasar todos los que tenemos familiares desaparecidos: investigamos más nosotros que ellos. Ahorita ya hasta tengo un detenido, pero porque nosotros hicimos las investigaciones”, sostiene. Carpetas Vivas frente a largas ausencias Cuando quedan archivadas, las carpetas están muertas. Por eso, con la convicción de que la carpeta es el corazón de su búsqueda, las familias se acercaron al CICR para trabajar en una posible respuesta, ante la realidad de que son ellas quienes han perfeccionado el conocimiento, desde un aprendizaje empírico pero, en muchos casos, también profesional: se vuelven criminalistas, peritos, estudiantes de derechos humanos. Desde el programa de personas desaparecidas de esa instancia, se idearon materiales para esa necesidad puntual. La idea es visibilizar que las carpetas de investigación son lo único que se tiene después de la desaparición, y en muchos casos se externa que no están bien integradas o son olvidadas. “Visibilicemos desde una perspectiva humanitaria que las carpetas de investigación son el centro de la búsqueda, es una herramienta viva, por eso el nombre de ‘Carpetas Vivas’; no es algo estático que se queda almacenado y que al momento de la denuncia, se toma la denuncia y se archiva. Al contrario, es una herramienta que constantemente tiene que estar integrada, revisada, analizada, compartida con otras instituciones”, explica Flores. Recuerda que la Ley General contiene un principio indispensable, que es la coordinación interinstitucional, y las herramientas que dinamizan esa relación son las carpetas de investigación y los planes de búsqueda, derivados del análisis de la propia carpeta. “Todo te lleva a volver a la carpeta de investigación”, dice Flores. En respuesta a eso y a las preocupaciones de las familias, un grupo focal permitió que desde un principio ellas asesoraran. Fueron orientadoras del proceso y el contenido de la campaña. Todo partiendo del punto de que cuando una carpeta no está bien integrada, siempre va a limitar los esfuerzos para la búsqueda y dificultar la coordinación entre instituciones. “También son fundamentales, para las comisiones de búsqueda, el análisis de búsqueda, planes y coordinación que no podría concretarse si no hay una carpeta de investigación bien integrada, y no solo es que esté bien integrada, sino esta comunicación activa entre instituciones”, apunta Flores. Diana cuenta que se acercaron al CICR ante la necesidad de ser escuchadas, y de tener una base para las familias que vienen, y que no tengan que vivir lo que tantas en el pasado. El aprendizaje es que cuando se coordinan correctamente fiscalías, comisiones de búsqueda, instancias de atención a víctimas y servicios forenses, las personas pueden regresar a casa más pronto. “Esa es nuestra esperanza”, subraya. Para ellas, haber sido escuchadas y la forma de elaborar el material, por especialistas y con mucho esfuerzo, es el valor de la iniciativa, por lo que quieren que alcance a todas las familias que se pueda. Esperan que sea útil para que cuando estén ante el Ministerio Público, sepan qué exigir y cómo hacerlo sin ser engañadas por las autoridades. “Para que las autoridades vean que están fallando, y nosotros poder exigir lo que es nuestro derecho”, remarca Diana. Mercedes considera vital, al mismo tiempo, acuerparse entre familias, “para poder hacer que las carpetas sigan ahí, estén vivas, porque de por sí no lo hacen (las autoridades)”. José Andrés confiesa que él no paraba de llorar el día que vio el video de la iniciativa Carpetas Vivas. Le removió todo el sentimiento de lo que ha tenido que caminar desde 2013. Pensó en qué sería de su mamá si siguiera viva y en la búsqueda. Esa carpeta, cuenta, lo llevó incluso a fundar una organización propia y a dar a su vida un giro de 180 grados. Por eso quiere que siga viva. Autor: Marcela Nochebuena |
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