| La triste realidad de enfermar tras negar la existencia del coronavirus. | ||||
| Trabaja para la fuerza de seguridad de un estado del Golfo de México, y está convencido de haberse contagiado en mayo durante un operativo al que acudió con otros 50 agentes. | ||||
| Domingo 12 de Julio de 2020 | ||||
| Por: La Jornada | ||||
Del no aceptar a encarar la gravedad del Covid-19. De atribuir los sÃntomas iniciales a una gripe común o al dengue, a aceptar con toda vergüenza que asà como le llegó el virus, seguramente él también contagió a otros. Es la historia y el testimonio anónimo de un hombre de 47 años, sin enfermedades crónicas. Trabaja para la fuerza de seguridad de un estado del Golfo de México, y está convencido de haberse contagiado en mayo durante un operativo al que acudió con otros 50 agentes. Semanas después, al salir de su aislamiento, se enteró de la muerte por Covid-19 de dos compañeros que habÃan acudido a esa misma misión. “Por ahà del 13 de mayo empecé con los sÃntomas: dolor de cuerpo e irritación, aunque sin ser calentura. Mi esposa empezó también a sentirse mal. Yo lo atribuÃa a dengue o a una formación de cálculos biliares que me habÃan detectado hacÃa poco, y ella, a que con frecuencia padece de la garganta. “Por ahà del sexto dÃa empecé con calenturas muy fuertes, escalofrÃos y mucho dolor de cabeza. De inmediato me dije ‘aquà hay algo malo’. Para entonces, mi esposa habÃa empezado a recuperarse, pero yo me habÃa estado haciendo el valiente y seguà yendo a trabajar, y creo que lo más probable es que yo haya contagiado a alguien, como me pasó a mÃ. “Cuando sentà la situación más fuerte, me aislé en un cuarto que tengo separado de la casa, y empecé a consultar con amigos o en Internet qué hacer, cómo tratarme, porque cuando busqué hacerme la prueba en el laboratorio habÃa mucha gente y me dijeron que debÃa pedir cita. “Asumà en definitiva mi infección. Conseguà –porque eso me recomendaron, todo mundo lo hace– una receta para azitromicina (antibiótico para atacar infecciones por bacterias), aspirina forte y otros medicamentos de venta libre, y decidà aguantar. “Y pasé todo el proceso: las fiebres, cefalea, tos seca... Cuando me entró la disnea (dificultad para respirar) me hice el fuerte y me quedaba quieto, inmóvil; lo menos que pudiera caminar, uno o dos pasitos, un poco de agua, y olvidarme de todo porque hasta con el pensar me dolÃa la cabeza. “Pasadas dos semanas, ya con menos malestares, me hice una tomografÃa de tórax y consulté a un par de neumólogos. Ambos me dijeron que por mis lesiones pulmonares y todos los demás sÃntomas era claro que habÃa tenido Covid-19. “Y aunque ya para entonces mi oxigenación estaba en 98, me ordenaron seguir tomando anticoagulantes, tener todavÃa más reposo y hacer ejercicios para fortalecer mis débiles pulmones –nunca durante el encierro pedà que me suministraran oxÃgeno–. Creo que superé esto porque no tengo comorbilidades y por mi edad supongo que mi cuerpo resistió más. Pero hoy tengo claro que nos falta mucha información, que la afectación del virus es muy variable y por eso los médicos te dicen cosas distintas, pues la enfermedad los tomó por sorpresa. Cada caso es diferente, individual. Ya han pasado dos meses y aún me sofoco cuando camino mucho o subo escaleras... |
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