| Su inteligencia era como dardos: Poniatowska sobre ‘Monsi’. | ||||
| Sábado 20 de Junio de 2020 | ||||
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–¿El 68 te acercó más a Carlos? –SÃ, muchÃsimo. Tengo unas cartas de Carlos desde Londres hablándome de La noche de Tlatelolco, y a partir de ese momento y a su regreso a México empezó a llamarme por teléfono en las mañanas muy temprano. Le hablaba a BolÃvar EcheverrÃa, muchÃsimo a Iván Restrepo, y a mÃ. Comentaba de los acontecimientos y se enojaba si yo no sabÃa quién era el diputado tal o cual. Y yo la verdad no sabÃa quién era Sánchez López, y al principio yo no sabÃa ni quién era López Obrador. –Siempre se querÃa abastecer de información. Era una memoria que absorbÃa datos para procesarlos… –Y lo que no sabÃa lo adivinaba, porque tenÃa como una luz a media cabeza y sabÃa quién era quién. Viajamos juntos a Israel; visitar un museo con Carlos era de veras un aprendizaje, una lección absolutamente excepcional por todo lo que sabÃa. Era un hombre de cultura fenomenal. Yo creo que una sola idea que le decÃan se le quedaba para toda la vida; una sola impresión también. TenÃa un cerebro que ojalá lo hubieran podido conservar, porque era único. Un cerebro que captaba todo; además, con enorme generosidad y sentido del humor. TenÃa un sentido crÃtico que no he visto jamás en ningún otro ser humano. –¿No conoces a nadie con su capacidad? –No, nunca, se llevaba de calle a todos: a Carlos Fuentes, a cualquiera… a Octavio Paz. Paz veÃa su obra, su poesÃa, y también era un extraordinario ensayista, pero no. “Carlos Fuentes le pareció un gran novelista, sobre todo por La región más transparente, pero sus últimos libros le parecieron malÃsimos; los primeros le gustaron e interesaron, pero después se le cayó un poco. A Carlos Monsiváis le interesaba el ensayo, la crónica. Le parecÃa más importante en México la crónica que la novela. Él mismo hacÃa una crónica insuperable y, finalmente, los lectores preferÃan leer la crónica que cualquier novela: les decÃa más, les enseñaba más, les emocionaba muchÃsimo más, y era más fundamental para la cultura de México la crónica que la novela. Lo que le interesó siempre fue la poesÃa. De allà su devoción por Octavio Paz. –Hizo una antologÃa estupenda de poetas del siglo XX y José Emilio del siglo XIX. –Fue buenÃsima, y se lo dijeron todos. Incluyó en su antologÃa a Jorge Cuesta. Eso no lo hicieron Gabriel Zaid ni Octavio Paz, lo dejaron fuera en otra antologÃa. PoesÃa para razonar –DecÃa que la poesÃa ayudaba a fijar el idioma, a entrenar el oÃdo, pero también para disparar ideas y hacer otras lecturas no literarias. Le pregunté cómo era eso, cómo un poema le ayudaba a entender una cuestión polÃtica, y me dijo que era por la forma de construcción del lenguaje, pues la construcción lingüÃstica te hacÃa razonar las cosas de otra manera y Carlos, como sabes, siempre razonaba sobre zonas o momentos no registrados habitualmente. –Yo fui un poco su adoradora. Yo casi le rezaba a San Carlos Monsiváis. Le rezaba por el enorme cariño que sentÃa por él y porque su inteligencia era como dardos. Nunca tiró uno que no diera en el blanco. En ningún campo. Eso es absolutamente increÃble. Carlos Fuentes jamás logró lo que Monsi. Él logró abarcar a todo México, logró abarcar disciplinas que otros jamás lograron abarcar. Si viajabas con él a ParÃs, parecÃa que lo sabÃa todo de ParÃs; ibas a Israel, y lo mismo. SabÃa todo de todo. Cuando interrogó a Moshé Dayán le hizo preguntas muy inteligentes. Estar junto a él era el máximo privilegio que puede tener cualquiera al que le guste la cultura. –¿Qué otros escritores mexicanos le entusiasmaron? –Carlos Fuentes con La región más transparente. No le interesaban mucho las mujeres. Le interesaba mucho Elena Garro, pero como personaje más que como escritora. Le interesaron las llamadas novelas indigenistas, cosa que no le gustaba a Rosario Castellanos. Le interesó la poesÃa de Rosario, aunque José JoaquÃn Blanco dijo que era una plañidera; se lanzó a decir algo muy despectivo. Carlos era muy generoso. Él criticaba en privado, pero si lo oÃas en una conferencia, decÃa cosas muy chistosas o agudas, como una cuchillada, muy hirientes, por un lado, pero yo nunca lo vi que molestara porque sÃ. Fue un hombre que nunca tuvo ningún fragmentito de veneno adentro. Él no era asÃ, no tenÃa veneno. –No tenÃa rencores… –Siento que no, porque él finalmente barrÃa con todo, era superior. –¿Le dolió no estar en El Colegio Nacional? –Sà le dolió, y creo que sintió un poco que José Emilio Pacheco no habÃa hecho mucho para que entrara. ¿Tú cómo ves eso? ¿El tenÃa que estar en el Colegio Nacional? Bueno, finalmente en el Colegio Nacional están unos burros solemnes que se toman muy en serio. Entonces tampoco era su lugar. El pertenecÃa a una cultura que tenÃa que ver más con la gente de todos los dÃas, la gente de la calle, la del Blanquita. Yo no sé si en el Colegio Nacional lo veÃan mal por eso. Él era muy amigo de Margo Su, admiraba a Tongolele. Abarcaba todos los campos. Además en el Colegio Nacional están muchas personas que ni siquiera deberÃan estar, porque, ¿qué le han dado al paÃs? De los que ahora están en el Colegio Nacional ninguno le ha dado a México lo que ha entregado Carlos Monsiváis. |
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