Parte II
José Luis Ortega Vidal
(1)
La afirmación de la gobernadora Rocío Nahle García en el sentido de que el incontrolable fenómeno de violencia en la región totonaca/huasteca se explica como una lucha entre grupos delincuenciales, resulta -por decir lo menos- incompleta…
(2)
Si, en los municipios de Papantla, Tihuatlán, Poza Rica, Coatzintla, Tuxpan, Álamo, ocurre desde décadas atrás una lucha infernal entre cárteles locales y otros provenientes de Tamaulipas -la primera matriz histórica de este proceso destructivo del Estado de derecho- así como de Sinaloa, Michoacán, entre otras entidades.
Sin embargo es obligado añadir el abandono del Estado/Gobierno mexicano de esta zona interestatal, que incluye también al norte de Puebla, a San Luis Potosí e Hidalgo.
De la región totonaca y huasteca se extrajo la riqueza petrolera durante el siglo XX hasta convertirla en un páramo donde el desempleo, el subdesarrollo industrial, el crimen ecológico (el río Cazones y la selva borrada hasta de la memoria son solo pequeñas pruebas), la orfandad multicultural, abrieron las puertas al crimen organizado que hoy reina y marca la vida cotidiana plena de miedo y dolor para cientos de miles de mexicanos.
Nada es nuevo, podría añadir la gobernadora Nahle a su discurso sobre el escenario violento en el centro/norte de Veracruz.
Desde luego que nada es nuevo; podemos remitirnos a fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, cuando el petróleo apareció en escena con capital inglés y la tecnología proveniente de Europa a partir de la revolución industrial.
Aquello dio impulso a un concepto y modelo de vida que acabó imponiéndose contra la visión vital y la economía singular de los pueblos nativos, para casi desaparecerlos.
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Arribaron la expropiación petrolera, la migración de población nacional y extranjera, así como el tráfico de alcohol de Tamaulipas a Estados Unidos durante los años de la prohibición, amén del nacimiento del contrabando que marcó y marca la identidad compartida entre Laredo, Matamoros, Reynosa, Ciudad Madero, Tampico -en Tamaulipas- y los municipios huastecos y totonacos veracruzanos.
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- Tampico hermoso, oh puerto tropical/Eres la dicha de todo mi país…
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- Cuántos indios de morral con casco/Ya parecen batallón/Pero son trabajadores/Esos de perforación. Y fuimonos pa’ Poza Rica, compadre…
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La historia es larga y profunda.
Rocío Nahle apenas llegó a esta escena dos años atrás y resulta entendible que no la conozca y tampoco la comprenda.
(7)
Lo digo con franqueza, entender y comprender este conjunto de procesos resulta profundamente difícil para todos: los intelectuales aterrizan una parte desde la narrativa teórica y las ciencias sociales; los políticos otra desde el ángulo del poder; las narrativas populares otra desde la memoria y la ficción/
y el crimen organizado no entiende ni comprende nada, más allá de matar, descuartizar, robar, extorsionar y alimentar la locura individual y grupal inefables.
El periodismo siempre aporta la historia de lo inmediato.
(8)
Ocurre un punto clave que la afirmación de la gobernadora veracruzana no abarca: durante el siglo XX el crimen organizado nació y evolucionó, pero en el siglo XXI pasó a convertirse en un poder de tal envergadura que construye elementos de Estado paralelo.
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Dicho en palabras simples: el crimen organizado accedió a alcaldías, diputaciones, instituciones públicas de todos los niveles y su meta es quedarse…
Ya no se les enfrenta para evitar que lleguen, ya están ahí; en zonas, en áreas, en territorios de entidades federativas específicas, y del país en general…
No lo abarcan todo pero sí un porcentaje.
(10)
El fenómeno de Sinaloa -un estado fallido por completo- se replica en Veracruz, donde el cáncer aún no lo cubre por completo pero ya ha gobernado y gobierna algunos lugares.
(11)
De cara a los comicios del 2027 y el 2029, el discurso oficial debe marcar una lucha contra las áreas dañadas para recuperarlas y evitar la metástasis de la democracia baleada y herida que hoy padecemos.
(12)
La idea de una confrontación entre cárteles o grupos del crimen organizado como causa de la crisis de inseguridad en la totonaca y huasteca de Veracruz, resulta reduccionista.
Y la iniciativa reciente de poner al INE como filtro contra candidaturas malignas suena a chiste de humor negro, cruel, infame cuando el trabajo reporteril o político o institucional o simplemente la conciencia ciudadana, nos colocan frente a frente contra la tragedia de cientos de miles de muertos y desaparecidos.
CONTINUARÁ |
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